Islas de Isquia y Prócida: Un fin de semana en el Golfo de Napoles

Las islas de la bahía de Nápoles son fruto de las tremendas erupciones del Vesubio. La fama de Capri ha eclipsado durante mucho tiempo las bellezas de sus hermanas situadas más al norte de la bahía. Cuando Capri empezó a ponerse de moda a finales del siglo XIX, Isquia y Prócida acababan de sufrir un fuerte terremoto que causó graves daños y eso las hizo permanecer en el olvido a pesar de que sus atractivos naturales eran superiores.

En los años 40 el cine comenzó a dar a conocer Isquia. Directores y actores de la talla de Luchino Visconti, Charles Chaplin, Alain Delon, Liz Taylor o Romy Schneider comenzaron a hacerse asiduos visitantes de la isla. Pero sería el gran director Billy Wilder, que filmó aquí una gran parte de las escenas de Avanti !, que en España fue traducida por ¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?,  quien daría proyección internacional y fama a la isla, tras su estreno en 1972, hasta convertirse en un codiciado destino.

Desde entonces el turismo no ha parado de crecer, atraído por sus encantadores paisajes mediterráneos, por las soberbias imágenes del imponente Castillo Aragonés, por sus playas deliciosas o los bellos rincones de la península de Sant Angelo, pero sobre todo, por sus aguas termales (hasta 115 manantiales están censados en la isla) al amparo de los cuales han crecido los hoteles y complejos termales como los de Afrodita y Poseidón.

Isquia y Prócida, junto con los cercanos islotes de Vivara y Nisida, conforman el Archipiélago de las Islas Flégreas. El nombre vincula a estas islas a los Campos Flégreos, una vasta caldera volcánica situada al nordeste de Nápoles. En griego esto significa campos ardientes en alusión a los fenómenos hidrotermales que incluyen fumarolas, solfataras y aguas termales.

Las 10 experiencias imprescindibles en Isquia y Prócida:

  • Recorrer el Castillo Aragonés disfrutando del entorno y de las mejores vistas de Isquia
  • Disfrutar de las playas de arena blanca y de las aguas limpias y azules del Mediterráneo en alguna de las playas de la costa oeste.
  • Contemplar el atardecer junto a la Iglesia de Santa María de Soccorso de Forio. Una de las mejores puestas de sol del Mediterráneo.
  • Cenar en el Paseo Marítimo de Isquia-Porto, contemplando el Castillo Aragonés junto a las tranquilas aguas del Mediterráneo
  • Probar las aguas termales en los grandes parques termales de Poseidón o Negombo
  • Entrar en una taberna de Barano d’Isquia y dejarse transportar en el tiempo mientras se saborea un vino de la tierra.
  • Pasear por alguna de las villas con exuberantes jardines botánicos y asistir allí a un concierto al aire libre.
  • Tomar un café en el Albergo Della Regina Isabella, refugio de los grandes artistas del cine, y recorrer luego el paseo marítimo de Lacco Ameno para sorprenderse con la curiosa roca conocida como “Il Fungo”
  • Descubrir una auténtica villa marinera en la Marina Corricella de Prócida y sentirte Pablo Neruda en la “Locanda de Il Postino”
  • Paladear la Lingua di Crema al Limone, el dulce típico de Prócida, mientras se contemplan los campos de limoneros de la isla.
Cómo llegar:

El Aeropuerto Internacional de Nápoles Capodichino es la principal puerta de entrada al sur de Italia. Las compañías Iberia Express, Vueling, Volotea, Easyjet y Ryanair ofrecen conexiones directas entre Nápoles y varias ciudades españolas.

Varias compañías navieras enlazan el puerto de Nápoles y el de Pozzuoli (al norte de Nápoles) con Isquia y Procida. Hay dos tipos de barcos: Traghetti (Ferrys), que realizan el trayecto en alrededor de 2 horas, y Aliscafi (Hydrofoils) que invierten en el recorrido poco más de 30 mn. Si se prefiere pasar con el coche a las islas es mejor hacerlo desde el puerto de Pozzuoli porque el trayecto es más corto y barato. En la página web www.traghetti-ischia.info se pueden consultar los horarios de todas las compañías.

Un Poco de Historia: El primer asentamiento griego en Italia:

Isquia fue conocida por los griegos como Pithecussae, Isla de los Simios. Aquí se fundó el primer asentamiento griego en la península itálica alrededor del siglo VI aC. Según la mitología griega en esta isla fue enterrado el gigante Tifón, a quién se atribuía la causa de los seísmos y desastres naturales que afectaban a menudo la isla, que supuestamente se producían cada vez que el gigante cambiaba de posición.

El lugar fue abandonado y refundado varias veces por los frecuentes desastres, pero desde el siglo VI aC la presencia de los griegos en la isla fue constante. La colonia perdió importancia frente a las nuevas colonias fundadas en tierra firme, principalmente Cumas y Neápolis (cuyo nombre que significa ciudad nueva en griego, es el origen de Nápoles).

Roma conquistó la isla en el año 322 aC. Sin embargo, los asentamientos romanos fueron pequeños y efímeros dado que los desastres naturales continuaron sucediéndose durante esos siglos. Luego la isla entra en unos siglos todavía más turbulentos, sufriendo las invasiones bárbaras, la ocupación bizantina, las devastaciones provocadas por los sarracenos, el dominio normando, los ataques constantes de pisanos y las luchas de angevinos y aragoneses. Sólo en el siglo XV, cuando el poder de los aragoneses se establece definitivamente en la zona, la isla entra en un periodo de definitiva tranquilidad.

Alfonso V de Aragón reconstruye el castillo existente y amuralla la pequeña isla que hace de vigía de Isquia. El aspecto actual, incluyendo el puente, ha variado poco desde esa época. Al amparo del imponente castillo la isla se repuebla y entra en una época de gran desarrollo económico. El castillo no impidió las incursiones de piratas y corsarios berberiscos pero siempre sirvió de refugio seguro para la población. Desde entonces, Isquia y Prócida permanecieron siempre unidas al Reino de Nápoles.

El 28 de julio de 1883 un terremoto destruyó casi por completo las poblaciones más importantes de ambas islas. Como consecuencia su desarrollo turístico llegará mucho mucho más tarde que al resto de poblaciones de la bahía de Nápoles tan famosas desde finales del siglo XIX como: Capri, Sorrento o la Costa Amalfitana, y en buena medida eclipsada por el brillo de sus vecinas.

Qué visitamos en este post

En el siguiente mapa interactivo podrás localizar con exactitud todos los lugares de los que se habla en el artículo. Podéis usarlo para llegar hasta ellos fácilmente y para seguir el itinerario propuesto que incluye los lugares más representativos de las islas de Isquia y Procida.

Visita a la Isla de Isquia

Isquia-Porto e Isquia-Ponte. La Capital de la Isla

La mayoría de los barcos que enlazan Nápoles y Pozzuoli con Isquia llegan a Isquia-Porto, el puerto más protegido de la isla. Mientras se llega a la isla, desde la cubierta del barco, se hace enseguida evidente el paisaje típico mediterráneo. Grandes bosques de pinos se deslizan por las laderas del monte Epomeo (la cima más alta de Isquia se eleva hasta los 787 metros) hasta los acantilados y las playas de la isla. En el cuidado puerto las casas típicas, con fachadas sencillas pintadas de colores y tejados a dos aguas son un anticipo de lo que espera en los pueblos de la isla.

La capital de Isquia abarca una gran parte de la punta noreste de la isla, prolongándose desde Isquia-Porto hasta el núcleo de Isquia-Ponte. Allí, junto al puente del Castillo Aragonés que enlaza el islote con Isquia se concentra el núcleo más antiguo de población. Un pequeño entramado de coquetas calles de piedra con las casa pintadas de colores que se agrupan en torno a la iglesia y parecen mirar sumisas la impresionante mole del Castillo Aragonés que se erige, soberbio, en el islote del otro lado del puente. En torno al pequeño puerto y el puente se agolpan los restaurantes. No hay mejor lugar para una primera cena. Mientras se degustan los pescados recién capturados, se contemplan las tenues luces del Castillo reflejadas en las limpias y tranquilas aguas del Mediterráneo.

El Castillo Aragonés

El lugar más emblemático de la isla es también el que albergó el primer núcleo de población. El aspecto actual de la fortaleza data del siglo XV, cuando la Corona de Aragón era dueña y señora de estas tierras, de ahí el nombre de Castillo Aragonés. Sin embargo, en el islote hay vestigios del asentamiento de una colonia griega desde el siglo V aC. En el recinto amurallado llegaron a vivir miles de personas.

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La visita es imprescindible no sólo para hacerse una idea de la riqueza acumulada por los diferentes pueblos que se asentaron en ella sino porque las vistas desde arriba son de las mejores de la isla. Además, desde que funciona un ascensor para subir directamente a la cima del islote la visita es mucho más sencilla. El ascensor desemboca en un impresionante balcón con vistas a Isquia-Ponte.

Allí se inicia un recorrido, un tanto laberíntico, que permite visitar la Iglesia de la Inmaculada, las ruinas de la antigua Catedral de la Asunción, la Casa y Sendero del Sol, el cementerio, la cárcel y otras pequeñas iglesias que quedan en pie de las hasta 13 que llegaron a existir en el siglo XIX.

Cada rincón guarda antiguas leyendas, como la de la Iglesia de la Liberación presidida por una Madonna con las manos en alto que parece que detuvo la erupción del volcán Epomeo en el siglo XIV. El recorrido es una delicia a la sombra de los grandes pinos mediterráneos y siempre, como telón de fondo, las vistas a las islas de Isquia y Prócida y a la bahía de Nápoles con el Vesubio claramente definido en el horizonte. Al descender hay que atravesar las gruesas murallas por pasadizos retorcidos que facilitaban la defensa y convertían al lugar en una fortaleza prácticamente inexpugnable.

Aguas Termales y Jardines Botánicos

Las distancias son muy cortas en Isquia. Aún así, las carreteras estrechas y el abundante tráfico hacen que se tarde casi dos horas en dar toda la vuelta a la isla. Recorriéndola en el sentido contrario a las agujas del reloj, desde la capital nos topamos enseguida con los tranquilos pueblos de Casamicciola y Lacco Ameno. En esta zona se encuentran la mayoría de las fuentes termales y, con ellas, muchos de los hoteles de lujo que las explotan como principal reclamo. Frente al paseo marítimo de Lacco Ameno surge una roca volcánica con la curiosa forma de un hongo, conocida como «Il Fungo», que se ha convertido en uno de los emblemas de la isla.

Los Jardínes Botánicos son otra de las señas de identidad de Isquia. Plantados generalmente junto a las elegantes mansiones de principios del siglo XX, cuando la moda aristocrática valoraba las especies botánicas exóticas, muestran el exuberante verdor de este rincón del Mediterráneo. Los imprescindibles son:

  • La Mortella (www.lamortella.org): Casa y jardines de inspiración árabe creados por el compositor inglés William Walton muy cerca de Lacco Ameno. El compositor huyó de las críticas que en Londres había generado su matrimonio con una argentina mucho más joven que él. Ella aún sigue viviendo en la villa. Sin duda, uno de los mejores jardines botánicos de Italia. En verano albergan magníficos conciertos.
  • Villa Arbusto – Museo Arqueológico de Pithecusae (www.pithecusae.it): La atractiva villa acoge un museo arqueológico dedicado principalmente al pasado griego de la isla, un jardín botánico y un pequeño museo dedicado a Angelo Ruzzoli (el editor y productor cinematográfico que tanto hizo por dar a conocer la isla). Por aquí pasaron las grandes estrellas del cine italiano.
  • Jardínes de Ravino (www.ravino.it): Un coqueto y original jardín botánico dedicado a plantas mediterráneas y cactus. La villa ha sido reconvertida en lujosos apartamentos de vacaciones.

Forio: Glamour alrededor de las mejores playas de la isla

Entre Lacco Ameno y Forio se suceden las villas en medio del bosque mediterráneo. Forio pasa por ser la población más pintoresca aunque el turismo le ha hecho perder bastante de la gracia de antaño. Un gran puerto deportivo desluce un poco su paseo marítimo, presidido por la antigua torre de vigilancia conocida como “El Torreón” y convertida en un pequeño museo. En el Caffè Internazionale se reunían celebridades como Maria Callas, Anna Magnani, Tennessee Williams o Alain Delon.

Una de las imágenes más icónicas de Isquia es la de la Iglesia de Santa María de Soccorso. La iglesia fue levantada en una pequeña península de la villa de Forio en el siglo XIV como parte de un monasterio de los agustinos. Blancura infinita sobre el Mar Mediterráneo.

Billy Wilder eligió la iglesia para una de las escenas principales de la película Avanti !. El director no quedó demasiado contento porque la censura norteamericana le obligó a cambiar la trama de la película. En el guión original son los padres respectivos de los protagonistas los que han mantenido una relación secreta en la isla y sus vástagos descubren al ir a buscarles que son tan gais como sus padres.

Las mejores playas de Isquia se encuentran muy cerca de Forio, Los arenales de Chiaia, San Montano, Isola y Cítara se extienden a lo largo de la costa oeste de la isla. Mi favorita para disfrutar del sol y el mar es el pequeño arenal de San Montano. Por cierto, para quién no se aloje en los lujosos hoteles con baños termales queda la posibilidad de acudir a los grandes complejos termales de Poseidón, sobre la playa de Cítara, o de Negombo, en la pequeña bahía de San Montano.

Sant’Angelo y la Sierra

La costa sur es la más agreste de Isquia. La carretera serpentea por las laderas del monte Epomeo elevándose hasta los casi 500 metros proporcionando unas vistas espectaculares, en este último tramo de vuelta a la isla. Camino de Barano d’Isquia un pequeño desvío nos lleva hasta Sant’Angelo, el antiguo pueblecito pesquero, que unido por un tómbolo a un pequeño islote, se ha convertido en una de las imágenes icónicas de Isquia. Desde Sant’Angelo se accede a la larga playa de Maronti y a la bahía de Sorgeto, que posee una fuente de aguas termales a los pies de un acantilado. Excusa perfecta para darse el último chapuzón del día.

Volviendo hacia el interior y ya en plena sierra, el pueblo de Barano d’Isquia parece anclado en el tiempo, aferrándose a sus viejas tradiciones. Un reducto de lo que debió de ser la vida aquí hasta mediados del siglo pasado. Tras ello, mientras el sol se esconde lentamente, toca descender de nuevo hasta Isquia-Ponte. Al final nos ha llevado todo el día la vuelta a la isla pero ahora es fácil comprender porqué fue y sigue siendo elegida como lugar de veraneo por tantos artistas. Una de las más bellas islas del Mediterráneo.

Visita a la Isla de Prócida

Prócida: Sabor a Pescado Fresco y Limones

Una excursión hasta la hermana pequeña de Isquia es esencial para comprender cómo era la vida aquí antes de que las islas se hicieran famosas. Es una delicia navegar entre las dos islas y contemplar en el viaje sus escarpadas costas y el verdor de sus montañas desde el mar. Prócida, más resguardada del turismo por la ausencia de buenas playas, ha conservado mucho mejor todas las características de la arquitectura tradicional de una villa marinera. Su población sigue viviendo de la pesca y de la agricultura, especialmente de los limoneros.

Los barcos atracan en Marina Grande, que ha ejercido siempre de puerto natural de Prócida. Las casas de pescadores pintadas de colores pastel y la monumental iglesia de Santa María de la Piedad son un buen anticipo de lo que nos espera al visitar esta minúscula isla de apenas 4 km2. Un paseo por las calles empedradas nos lleva al corazón de la población, la Piazza dei Martiri presidida por otra iglesia, la de Santa María de la Gracia. Desde el balcón de la plaza ya se ve la pintoresca bahía de Marina Corricella repleta de pequeñas barcas de colores.

Pero merece la pena subir primero hasta el castillo, pasando por el barrio de Terra Murata, el más monumental, situado en la zona más elevada de la isla (apenas 100 metros). Allí se agolpan el Palacio d’Avalos, la Abadía de San Miguel y el castillo, deslucidos testigos de tiempos mejores en los que Prócida formaba parte de la Corona de Aragón. Y allí en lo más alto, está uno de los mejores miradores que ofrece el Mediterráneo, el Belvedere dei Cannoni. Bajo sus pies nos parece una postal el puerto de pescadores de Marina Corricella. Las altas y estrechas casas compiten por hacerse ver: amarillos canarios, rojos pompeyanos, azules celestes, naranjas casi fluorescentes, añiles, blancos crudos….Una sinfonía de colores que tiene su razón de ser en que los pescadores pintaban la casa del mismo color de su barca para que se diferenciarán al entrar al puerto y así ser reconocidos por sus familias.

Marina Corricella sigue siendo un lugar mágico. Al pasear por el colorido puerto es fácil toparse con la “Locanda de Il Postino”, el lugar en el que transcurre buena parte de la entrañable película “El Cartero de Neruda”. Y es que Prócida es un atrayente imán para los directores de cine. ¿Quién puede no enamorarse de estos rincones?. Lo mejor es sentarse en una de esas pequeñas terrazas y degustar el dulce tradicional, la Lingua di Crema al Limone. Una delicia. Os aseguro que el sabor se unirá a vuestros recuerdos del lugar.

Aún puede quedaros tiempo para recorrer en bicicleta los extensos campos de limoneros de la isla, sus costas recortadas o daros un baño en las pequeñas calas. Nosotros teníamos que volver a Isquia y corrimos al barco de vuelta mientras el sabor a limón todavía se sentía en nuestras bocas.

Dónde dormir:

Isquia está dedicada por entero el turismo. La oferta de alojamiento incluye desde pequeñas habitaciones en cualquiera de los pueblos hasta los más lujosos hoteles del Mediterráneo pasando por apartamentos, villas y hoteles con encanto. No es barato pero se puede encontrar una buena relación calidad-precio. Dos opciones muy recomendables son:

Hotel Torre Sant Angelo: Via Fumerie, 68; 80075 Forio (www.torresantangelo.com). El hotel ocupa una bonita villa encaramada en los acantilados sobre el pueblo de Sant Angelo. Un lugar tranquilo y con espectaculares vistas. Alrededor de 125 EUR la habitación doble con desayuno en temporada alta.

Hotel Ulisse: Via Champault, 9; 80077 Ischia (www.hotelulisse.com). Situado entre Isquia-Ponte e Isquia-Porto. Lo mejor son las vistas del Castillo Aragonés desde la terraza del restaurante y su piscina rodeada de vegetación. Alrededor de 100 EUR la habitación doble con desayuno en temporada alta.

Dónde comer:

En una isla tan turística como Isquia lo que sobran son restaurantes de todo tipo. Lo que os recomiendo que no os perdáis es una comida, o mejor una cena, en una de esas trattorias familiares que se esconden en las montañas. Dos lugares que no os arrepentiréis de visitar son:

Trattoria Il Folcolare: Via Creajo al Crocefisso 3, Barano d’Ischia –Tf: +39 081902944. Este restaurante familiar se encuentra en las laderas del monte Epomeo y se accede desde Casamicciola Terme aunque pertenece al municipio de Barano d’Isquia. Cocina tradicional en un sitio rústico con una bonita terraza y magníficas vistas. Hay que dejarse aconsejar para probar los primeros platos, luego se acaba con el conejo, la especialidad de la isla. Para chuparse los dedos. Imprescindible conocerlo. Alrededor de 25-30 EUR por persona.

Pietratorcia: Vía Provinciale Cuotto 401, 80075 Forio (www.ristorantepietratorcia.it). Tf +39 081907232. Bodega en una casa de piedra de una pequeña pedanía de Forio. Cocina tradicional de calidad en un entorno precioso. Uno de los lugares para descubrir en la isla. Alrededor de 30-35 EUR por persona.

Un local de moda que pasa por ofrecer las mejores especialidades de cocina napolitana en la capital de la isla es:

Il Giardino: Via Nuova Cartaromana, 51, 80077 Ischia. Tf +39 081993554. Cocina napolitana con las mejores pizzas de Isquia. Un lugar acogedor y con mucho ambiente en el corazón de Isquia-Ponte. Alrededor de 20 EUR por persona.

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