La ruta entre Cuzco y Machu Picchu esconde muchos de los grandes tesoros del Perú. Sin embargo, a menudo se recorre demasiado rápidamente, con la ansiedad por visitar la célebre ciudadela inca. Un error. Descubrir el Valle Sagrado merece unos días. El imponente paisaje andino está salpicado por pueblos coloniales, mercados indígenas y sorprendentes ruinas incas.

El Imperio Inca se extendió por el valle del caudaloso río Urubamba a comienzos del siglo XV. El valle, situado a menor altitud que Cuzco, goza de un clima más cálido y húmedo. Sus tierras fértiles producen varias cosechas al año por lo que en la época inca se convirtió en la principal fuente de abastecimiento agrícola y ganadero. Se levantaron pueblos y pequeñas ciudades con palacios para la nobleza y recintos sagrados, y se construyeron bancales y terrazas en las laderas de las montañas para permitir la explotación de una mayor cantidad de terrenos. Uno de los recursos más valiosos que se explotaban era la sal. En las Salinas de Maras los incas obtenían sal para todo el Imperio. Hoy siguen utilizándose con prácticamente las mismas técnicas. Las numerosas ruinas que se han excavado, muchas bajo los nuevos pueblos fundados por los españoles, datan fundamentalmente de la segunda mitad del siglo XV, la edad de oro del Imperio.

Los incas consideraron al valle como la proyección terrestre de la Vía Láctea y acabaron refiriéndose a él como Valle Sagrado. Una espléndida red de caminos unía todas las localidades del Valle y de las montañas cercanas. Todos los caminos nacían en Cuzco, el ombligo del mundo, y quizás morían en Machu Picchu. No es extraño que cuando llegaron los españoles establecieran enseguida similitudes con el Camino de Santiago y así el patrón elegido para todas las nuevas fundaciones en el valle fue Santiago el Mayor.

Cómo llegar y moverse por el Valle Sagrado:

Los principales pueblos están unidos por transporte público pero en la práctica depender de los autobuses complica mucho el viaje por las esperas y porque no es posible llegar a algunos de los lugares más importantes (Moray, Salinas de Maras o las mismas ruinas de Pisac). Lo más cómodo, y realmente asequible, es alquilar en Cuzco una furgoneta con conductor o un taxi para los desplazamientos. Hay multitud de agencias en la ciudad o se puede organizar desde los hoteles.

Lo mejor es dividir el recorrido en dos días. En el primero, partiendo de Cuzco se puede conocer Chinchero, el Yacimiento Arqueológico de Moray, y las Salinas de Maras. En el segundo, se puede iniciar el recorrido en Ollantaytambo y seguir el curso del río Vilcanota/Urubamba para conocer también Pisac con sus restos arqueológicos y el Yacimiento Arqueológico de Tipón. Entre las dos excursiones hay que aprovechar un día intermedio para realizar la visita a Machu Picchu partiendo desde la estación de tren de Ollantaytambo.

Imprescindible haber adquirido en Cuzco el “boleto turístico” para visitar los yacimientos arqueológicos incas más importantes de la región. Todos los lugares de los que hablamos en este post están incluidos en el boleto. El precios es de 130$ adultos y 70US$ niños y estudiantes pero es difícil no sacarle rentabilidad si realizáis todas las visitas correspondientes en Cuzco y el Valle Sagrado.

Qué visitamos en este post

En el siguiente mapa interactivo podrás localizar con exactitud todos los lugares de los que se habla en el artículo. Podéis usarlo para llegar hasta ellos fácilmente y para seguir el itinerario propuesto que incluye los lugares más representativos del Valle Sagrado.

El Valle Sagrado en 4 Etapas

El Valle Sagrado se extiende desde Pisac a Ollantaytambo. Sin embargo, el río Vilcanota nace más arriba de Pisac, a 4314 metros de altitud, en la cordillera del mismo nombre. El río cambia de nombre a mitad del Valle Sagrado, en el pueblo de Urubamba. Luego el Urubamba desciende lentamente hasta Ollantaytambo para adentrarse después en el estrecho desfiladero que lleva hasta Machu Picchu. Para entonces ya la selva se ha adueñado del paisaje. Los Andes todavía tardan unos kilómetros en desaparecer y dar paso a la selva amazónica. Desde allí el río desembocará en el Ucayali para formar más tarde el inmenso Amazonas.  Entre el nacimiento y el Atlántico las aguas del Urubamba recorren casi 7000 km.

1. Chinchero

Chinchero es conocido por sus interesantes vestigios incas, mezclados en la estructura del nuevo pueblo, su bella iglesia colonial, con fascinantes pinturas y artesonados en su interior, y su pintoresco mercado, que a pesar de haber perdido su carácter comarcal para convertirse en su mayor parte en simples puestos de artesanía para el turismo sigue manteniendo algo de su autenticidad.

El pueblo se encuentra a unos 30 km de Cuzco. La carretera de acceso trepa por las montañas del norte de la ciudad. El paisaje andino que todavía se puede contemplar está seriamente amenazado por uno de los proyectos más polémicos de Perú. La construcción del aeropuerto de Chinchero, que vendría a sustituir al de Cuzco, lleva unida una gigantesca operación inmobiliaria para levantar en los alrededores hoteles, apartamentos y otras infraestructuras turísticas. Todo el Valle Sagrado se vería amenazado por el megaproyecto. La cuestión ha llegado a convertirse en un eje central de la política peruana, máxime después de los casos de corrupción relacionados con la construcción que ya han salido a la luz.

Si no fuera porque estamos a 3700 metros de altitud y a nuestro alrededor las cumbres nevadas de los Andes sobrepasan los 6000 metros, podríamos sentir que hemos sido trasladados a un pueblo de la meseta castellana. Las casas de aspecto tosco y robusto están construidas con gruesos muros de tapial. Sólo los cimientos, ligeramente inclinados para protegerlas contra los movimientos sísmicos, y algunas puertas trapezoidales de piedra delatan su pasado inca.

Las calles conducen hacia un amplio pórtico de aparejo inca que acota la plaza del mercado frente a la iglesia. El amplio espacio, conocido como el recinto, está abierto al paisaje de los Andes por uno de sus lados. El lugar sorprende tras caminar por las calles del pueblo. La leyenda inca cuenta que en Chinchero nacía el arco iris.

Los domingos era el antiguo día de mercado. Hasta aquí acudían los campesinos de toda la comarca a vender sus productos. Actualmente ya no se respeta esa vieja costumbre. Todos los días, al menos durante la estación seca, los campesinos ataviados con sus ropas tradicionales, extienden sus mantas en la plaza para vender objetos de artesanía.

La iglesia fue construida a finales del siglo XVI sobre los cimientos de un templo inca y luce una hermosa portada. En el frontón exterior unos frescos representan el bien, la evangelización de los indios, y el mal, la rebelión de Túpac Amaru. Sin embargo, lo mejor está en su interior. Los retablos, cargados de oro, son uno de los mejores ejemplos de barroco andino. Se puede ver una escultura de Santiago Matamoros matando indios en lugar de moros y otra de San Isidro vestido con ropajes indios.

A los pies de la iglesia se extienden los más importantes vestigios incas. El inca Túpac Yupanqui construyó aquí un palacio que llegó a ser su lugar de descanso preferido. Un poco más abajo, en la ladera que desciende hasta el río, se extienden grandes terrazas de cultivo labradas por los incas.

De vuelta al pueblo vale la pena visitar los locales de la Asociación Awana Wasi Tocapo (calle Garcilaso 169), una comunidad de tejedoras que vende sus trabajos tradicionales en lana de llama o de alpaca y dan a conocer todo el proceso de elaboración artesanal de sus prendas.

2. Moray y las Salinas de Maras

Desde Chinchero una serpenteante y estrecha carretera conduce hasta el pueblo de Maras en poco más de media hora. El pueblo tiene aspecto de haberse perdido en el tiempo. Las casas de tapial lucen soberbios portones de piedra esculpida que delatan un rico pasado. Muy cerca de Maras se encuentran dos de los lugares más sorprendentes del Valle Sagrado: Moray y las Salinas de Maras.

El yacimiento arqueológico de Moray consiste en cuatro grupos de anfiteatros situados en una hondonada y compuestos por diez graderíos concéntricos superpuestos desde el más pequeño al fondo hasta el más ancho arriba. Cada graderío consta de una terraza de cultivo. Las terrazas están unidas por un ingenioso sistema de escaleras integradas en los muros. Los canales de irrigación llevaban el agua de una terraza a otra por medio de acequias excavadas en la piedra. Todo el recinto se supone que era un laboratorio de experimentos agrícolas para mejorar los cultivos. Las diferencias de temperatura y humedad entre los graderíos y las distintas terrazas constituían diferentes microclimas y permitían descubrir las condiciones ideales para cada cultivo. ¡Un centro de investigación construido en el siglo XV! No se puede descender a los graderíos para evitar su deterioro pero si dar un paseo rodeandolos, con los Andes como telón de fondo.

Hay que volver a Maras para descender hacia el río Vilcanota y visitar, a medio camino del descenso, otro lugar sorprendente que contrasta enormemente con el laboratorio de experimentación agrícola. A estas alturas del día ya se empieza a sentir hambre, así que viene bien una parada para reponer fuerzas y descansar. Un lugar muy recomendable es el Restaurante Inkasal que además de ofrecer una cocina tradicional con muy buena relación calidad-precio, tiene unas estupendas vistas al Valle Sagrado y a los Andes.

Las Salinas de Maras aparecen de repente, tras una curva más en el vertiginoso descenso desde Maras al río Vilcanota. Centenares de blancas piscinas de evaporación en terrazas que descienden en cascada hacia el Valle Sagrado contrastan con el color marrón de la montaña que las rodea. Construidas durante la época inca, las piscinas recogen el agua salada de una fuente subterránea. Durante la época seca el agua se evapora y deja un lecho de sal cristalizada de un blanco reluciente. La sal sigue siendo recogida por los salineros con una especie de rastrillo. En tiempos del Imperio Inca se distribuía por todo el Tahuantinsuyo. Hoy sigue abasteciendo a todo Perú.

Lo mejor es pedir al conductor del coche que nos ha traído hasta allí que nos espere junto al puente del río Vilcanota (hay que dar un rodeo por la carretera) y, mientras tanto, descender a pie por el camino contemplando la refulgente luz de las salinas en la tarde y el trabajo de los salineros. Los reflejos son distintos en cada piscina en función del nivel de evaporación del agua. El espectáculo es inolvidable. A medida que se desciende van cambiando las perspectivas sobre las salinas. De repente, la tierra se cierra y no deja espacio para más piscinas. Un abrupto sendero permite descender los últimos metros hacia el río. Allí el paisaje se torna repentinamente verde. Hemos llegado al río Vilcanota, poco antes de que cambie su nombre por el de Urubamba.

3. Ollantaytambo

Ollanta era el más valeroso capitán de los ejércitos de Pachacútec. Se enamoró en secreto de una hija del inca llamada princesa Cusi Couyllour que, por supuesto, le correspondía. El capitán se armó de valor y le pidió la mano de la princesa a su padre. Pachacútec le rechazó por no ser de sangre real y le condenó al exilio mientras la princesa era recluida en el acclahuasi de Cuzco. Ollanta se rebeló y a la cabeza de un pequeño ejército hizo huir a las tropas enviadas por Pachacútec. Cuando todo parecía ponerse muy feo, Pachacútec murió y su hijo, Tupac Yupanqui, que había crecido con el capitán, fue magnánimo y perdonó sus faltas permitiéndole casarse con su hermana. A todo esto, la princesa Cusi Couyllour había dado a luz un hijo, la pequeña Yma Sumac. El matrimonio se celebró en la plaza de Cuzco. Luego Ollanta y Cusi fundaron una nueva ciudad que sería conocida como Ollantaytambo, “la posta de Ollanta”. Todos los años se celebra en Ollantaytambo a principios de junio una fiesta para recordar la leyenda conocida como el Ollanta Rami.

Ollantaytambo es el único pueblo del valle que ha conservado su forma original. Las edificios coloniales fueron construidos sobre los cimientos precolombinos manteniendo su distribución en canchas, grupos de casas alrededor de un patio central con entrada única. Los vecinos de las canchas reciben amablemente a los visitantes y suelen exhibir algunos artículos de artesanía para su venta en el patio. Se puede pedir permiso para visitar algunas de las humildes casas que a menudo constan de una sola habitación. Por el suelo de tierra corren los cuys, una especie parecida a los cobayas, cuyo nombre proviene del ruido que emiten para comunicarse. Se crían en las casas como un animal de granja pues su carne constituye un auténtico manjar.

La Fortaleza de Ollantaytambo fue el último reducto inca en caer en manos de los españoles. La fortaleza y el recinto sagrado se extienden por las laderas de la montaña al oeste del pueblo.

  • La visita al yacimiento comienza en una amplia plaza cuadrada, Manya Raki, situada al pie de la montaña y rodeada de construcciones de adobe en ruinas.
  • Al lado se pueden ver los restos del Palacio de la Princesa, donde destaca el Baño de la Nusta tallado en un solo bloque de piedra. Se trata de una fuente con tres salidas de agua esculpidas en su interior.
  • Luego hay que escalar por unas empinadas escaleras que discurren al lado de las espectaculares terrazas rectangulares con gruesos muros de contención.
  • En la zona más alta se disponen los edificios de la nobleza, a los que se accede por portones monumentales, el Templo del Sol, construido con enormes placas de piedra pulidas con esmero, y la Fortaleza, desde donde se domina una amplia extensión del valle.

Las vistas durante el recorrido de las diferentes partes del yacimiento con el valle del Urubamba al fondo guardan un encanto realmente singular.

4. Pisac y el Alto Valle del Vilcanota

Pisac está aguas arribas del río Urubamba. Entre Ollantaytambo y Pisac se encuentran las fértiles y hermosas tierras del Valle Sagrado. A los lados, las imponentes montañas de los Andes. A medida que subimos el paisaje se va haciendo un poco más árido. Un buen lugar para hacer una parada y disfrutar del valle es la Huayoccari Hacienda, una extraordinaria hacienda colonial que ahora alberga un conocido restaurante pero que puede visitarse para ver la vida en estas casas de campo de los terratenientes del valle.

Mercado de Pisac

Pisac ocupa el extremo oriental del Valle Sagrado. La pequeña ciudad (alrededor de 10.000 habitantes) es conocida por su pintoresco mercado dominical. Hasta aquí llegaban cada semana los habitantes de todo el valle para vender sus productos y proveerse de todo lo necesario. En los últimos años el mercado se ha visto cada vez más descafeinado por la presencia de un turismo masivo. El antiguo trueque entre indígenas de las mercancías básicas ha sido sustituido por la venta masiva de productos de artesanía, mucho más rentables. Aún así todavía es posible oír hablar quechua y ver practicar algún trueque. El mercado dominical culmina con la misa de las 11:00 que es pronunciada en quechua y presidida por los caciques de las comunidades campesinas locales vestidos con los trajes tradicionales. Una ceremonia que ahora se ha convertido en un espectáculo turístico y ha perdido prácticamente su significado.

Yacimiento arqueológico de Pisac

Las ruinas incas de Pisac están encaramadas en una plataforma rocosa 400 metros por encima del pueblo. Al ascender por la carretera llama la atención la profusión de pequeños hoteles que ofrecen experiencias trascendentales con la ayahuasca. Un turismo realmente en auge. El yacimiento arqueológico de Pisac es de los mejor conservados aunque, como en los demás casos, su función es difícil de interpretar. Lo más lógico es que fuera a la vez una fortaleza para proteger la entrada sur del valle, un centro agrícola y un complejo ceremonial. Lo primero que sorprende al legar a las ruinas es la majestuosa belleza de las terrazas de cultivo, como siempre orientadas siguiendo la orografía de las laderas de la montaña.

El yacimiento está dividido en cuatro partes: Quanchisracay, Q’allaqasa, Intihuatana y Pisaqa.

  1. Quanchisracay, siete ruinas, era probablemente un bastión fortificado donde la población podía refugiarse en caso de ataque o simplemente un barrio residencial.
  2. Q’allaqasa, situada en un espolón rocoso que domina el valle, era la ciudadela militar. Las vistas del conjunto del yacimiento desde aquí son increíbles. Si se quieren visitar los otros dos sectores es mejor quedar con el conductor del coche en Pisac para evitar un recorrido de ida y vuelta que puede ser extenuante.
  3. Para llegar al tercer sector hay que pasar por un túnel excavado en la roca de 8 metros de largo. Sólo es posible pasarlo de uno en uno y agachados. La Intihuatana comprende varios templos pequeños de grandes piedras magníficamente talladas en cuyos nichos se debían albergar ídolos u otros objetos sagrados. En el centro se erige el Templo de Sol, de forma circular, con la intihuatana, un calendario esculpido que indicaba las estaciones. Al oeste el Templo de la Luna, de forma cuadrangular. Entre los dos un altar de sacrificios.
  4. Descendiendo un poco desde el recinto sagrado se encuentra Pisaqa, un barrio residencial. Más abajo se ven las colcas, donde se almacenaban las cosechas, protegidas por un conjunto de torres.

El Alto Valle del valle del Vilcanota

En sentido estricto no pertenece al Valle Sagrado pero esconde un par de localidades imprescindibles para conocer; Tipón y junto a Huacarpay, la puerta inca de Rumicolca

  • Tipón es un yacimiento arqueológico famoso por la perfección de sus terrazas de cultivo y canales de irrigación. El emplazamiento entre las montañas es, además, sobrecogedor. Las ruinas mejor conservadas corresponden a los recintos reales construidos con enormes bloques de piedras. Cuentan con fuentes de agua y canaletas en perfecto estado de conservación. Aún hoy siguen vertiendo agua procedente de la montaña. El Intiwatana o altar del sol, ubicado en una colina cercana a los recintos reales, es el mejor lugar para ver una panorámica de las ruinas y del impresionante paisaje de montaña andina.
  • La Puerta Inca de Rumicolca: Unos kilómetros más al sur, cerca del pueblo de Huacarpay, se encuentra la monumental puerta inca de Rumicolca, el lugar donde parece que se ejercía el control de acceso al valle de Cuzco, la verdadera puerta al corazón del Imperio Inca.
Dónde dormir:

En los últimos años se han construido varios hoteles con encanto en el Valle Sagrado que merece la pena conocer. Situados en medio de la naturaleza y edificados con gran respeto por el medio ambiente, generalmente ofrecen coquetas cabañas para dormir. Una delicia poder disfrutar en estos lugares de las noches estrelladas para comprender la razón por la que los incas identificaban el valle con la Vía Láctea. Los establecimientos gestionan el servicio de taxis hasta la estación de Ollantaytambo con precios muy económicos. Dos buenas opciones con magnífica relación calidad-precio son:

Hotel Tierra Viva Valle Sagrado: 4to Paradero Yanahuara Centro Poblado Men, 08660 Urubamba (www.tierravivahoteles.com).  Cerca del pueblo de Urubamba y del río Vilcanota Uno de los lugares más pintorescos del Valle Sagrado. Cabañas de dos pisos en un entorno precioso, con grandes habitaciones y un edificio de recepción que alberga el restaurante y un bar especializado en todo tipo de cócteles Alrededor de 65€  la habitación doble con desayuno en temporada alta.

Casa de la Chola: Carretera Urubamba a Ollantaytambo km 81, 08660 Urubamba (www.casadelachola.com). Las habitaciones, espaciosas y muy sencillas, se dividen entre el edificio central y las cabañas de alrededor. Un lugar muy agradable y coqueto aunque demasiado cercano a la carretera. Alrededor de 40€ la habitación doble con desayuno en temporada alta.

Dónde comer:

La oferta de restaurantes no es muy amplia en el Valle Sagrado. Se restringe básicamente a los pueblos de la comarca y en la mayoría de los casos en temporada alta es obligatorio reservar. Algunas buenas opciones son:

Mayupata: Jiron Convención s/n, en Ollantaytambo. Ubicado muy cerca de las ruinas. Cuenta con dos comedores muy agradables, uno interior y otro en un agradable jardín al borde del pequeño afluente del Urubamba. Cocina tradicional peruana. Barato.

Restaurante Inkasal: Camino a Moray s/n, en Maras (www.inkasalrestaurant.com). Un comedor un tanto desangelado y preparado para grandes grupos pero con unas vistas impresionantes del Valle Sagrado y con una muy buena relación calidad-precio.

Huayoccari Hacienda: Carretera Cuzco-Urubamba km 64 (www.hacientahuayoccari.com). Merece la pena darse el lujo de conocer esta extraordinaria hacienda colonial aunque sólo sea por conocer su precioso jardín y su colección de obras de arte que incluye auténtico mobiliario de época. Estupendas vistas del Valle Sagrado. La comida se compone de un menú fijo con platos tradicionales. Sólo se puede acudir con reserva. Caro.

Cuchara de Palo: Plaza Constitución 333, en Pisac (www.cucharadepalorestaurant.com). Ubicado en el agradable patio del Hotel Pisac Inn. Cocina tradicional andina aunque también sirve platos de cocina tradicional y vegetarianos. Muy barato.

 

 

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