Arequipa es la ciudad más sorprendente de Perú para cualquier viajero. A medio camino entre la costa y los Andes, a menudo se considera un lugar de paso camino del Titicaca, Cuzco y las ruinas incas. Sin embargo, Arequipa enamora y pronto se descubre que uno pasaría en este lugar mucho más tiempo.

El gran valle de la campiña arequipeña es un oasis de verdor en medio del enorme desierto que ocupa el sur de Perú. Cuando, tras el largo viaje por carretera o el trayecto aéreo, se divisa la campiña uno tiene la sensación de entrar en el Paraíso. El valle está vigilado por tres enormes volcanes que conforman el fondo de la ciudad, de los cuáles, el Misti, con 5.826 metros, es el mayor protagonista. El volcán cuya silueta todos pintamos de niño, es un cono perfecto que siempre entra en las composiciones de la silueta de la ciudad. La terna la completan el Chachani, de 6.075 metros conocido como “la doncella vestida de azul” por sus nieves perpetuas, y el Pichu-Pichu, de 5.664 metros, en realidad una pequeña cadena montañosa.

Los volcanes marcan las características de la ciudad en muchos sentidos. Las cenizas volcánicas esparcidas por todo el valle son las que han dado fertilidad a estas tierras. Al mismo tiempo la actividad sísmica ha condicionado las construcciones. La roca volcánica empleada en las construcciones, conocida como sillar, es de color blanco y resulta muy resistente a la vez que blanda y ligera. El mejor material para resistir los frecuentes terremotos. El sillar es el protagonista de los gruesos muros de los conventos y casonas, de los pilares y bóvedas que soportan las naves de las iglesias y los arcos de los claustros e incluso de las pequeñas construcciones de uso común. Tanta piedra blanca ha hecho que Arequipa acabará recibiendo el sobrenombre de “Ciudad Blanca”. El caso es que el sillar ha aguantado los terremotos y el tiempo. Arequipa es la ciudad con el casco histórico mejor conservado del Perú. Sus iglesias, monasterios y casonas son testigos de su esplendor entre los siglos XVI y XVIII y le han valido el título de Patrimonio de la Humanidad.

Cómo llegar:

Arequipa está a 1000 km al sur de Lima. Eso significa unas 16-18 horas de trayecto por carretera. Es verdad que hay muchas paradas interesantes que hacer en el recorrido (Paracas y las Islas Ballesta, el desierto de Ica, las Líneas de Nazca) pero la última parte del viaje se os hará especialmente tediosa. Y eso a pesar de que hay buenas compañías de autobuses, especialmente la Cruz del Sur (www.cruzdelsur.com.pe), que ofrecen vehículos especialmente cómodos para el trayecto. Eso sí el coste del viaje es muy asequible, alrededor de 40 EUR contando que generalmente haréis paradas intermedias.

La otra opción es volar a Arequipa desde Lima. Varias compañías aéreas conectan ambas ciudades (LATAM, Viva Air, Peruvian, Sky Airline) con precios de entre 35 y 100 EUR por trayecto.

Lo que sí os recomiendo en cualquier viaje a Perú que pretenda visitar los lugares clásicos de la Cordillera Andina es visitar en primer lugar Arequipa. La carretera de subida a los Andes desde Arequipa es fascinante y la estancia en una ciudad que está a 2500 metros sobre el nivel del mar os permitirá  una mejor aclimatación a las alturas que soportaréis en los Andes. El mal de altura pueda llegar a convertir un viaje inolvidable en una pesadilla.

Un Poco de Historia: Fundación y Desarrollo de la Ciudad más Próspera del Perú:

Fundación de Arequipa por Garcí Manuel de Carvajal

La “Villa de Nuestra Señora de la Asunción del Hermoso Valle de Arequipa” fue fundada el 15 de agosto de 1540 en el valle del río Chili por Garcí Manuel de Carvajal, teniente de gobernador nacido en Plasencia. Buscaban un lugar que permitiera poblar una zona para asegurar las comunicaciones entre los puertos de la costa del Pacífico y las ciudades de Cuzco y Potosí. Verdaderamente este era (aún lo es hoy) el sitio más apropiado. No eran tontos los conquistadores. Él mismo, ayudado por Juan de la Torre y Díaz Chacón, otro extremeño natural de Villagarcía de la Torre, supervisó las labores iniciales de construcción de la ciudad según el típico plano en damero a partir de una plaza central donde estaban los edificios más representativos. No se sabe si fue el propio Garcí Manuel de Carvajal o Juan de la Torre quién se construyó una mansión en la campiña que luego sería conocida como la Mansión del Fundador y que ha llegado casi indemne a nuestros días. Parece más lógico que fuera este último porque Garcí Manuel se fue pronto de Arequipa y se desconoce qué fue de él, mientras que Juan de la Torre continuó ejerciendo cargos en Arequipa (contador, alcalde, regidor perpetuo) hasta su muerte en la ciudad.

El pomposo nombre de la ciudad se quedó sólo para los libros. Era mucho más fácil y bonito decir simplemente Arequipa. Su nombre parece proceder del aimará y se traduciría como “lugar situado detrás de la montaña puntiaguda” (viniendo desde Puno, Arequipa se localiza detrás del volcán Misti). Otra leyenda dice que fue el inca Mayta Cápac el que dio nombre al valle. Al pasar con su ejército por el lugar y observar su belleza ordenó al ejército que se detuviera diciendo en quechua “Ari quepay” (sí, aquí nos quedamos”).

República del Perú del Sur

Arequipa siempre fue una ciudad próspera. La fertilidad de sus tierras y su situación idónea para el comercio atrajo desde su fundación a los colonos españoles, principalmente de origen vasco y andaluz. En el siglo XVIII era la ciudad del Perú con mayor porcentaje de población de origen español. El poder económico se deja ver en la monumentalidad de sus iglesias y casonas que llenan el extenso casco antiguo y en el carácter rebelde de sus habitantes frente a la tendencia centralizadora de Lima. Incluso hubo un intento de secesión en el siglo XIX fundando la República del Perú del Sur.

Hoy Arequipa, situada a 2500 metros de altitud, es una ciudad de un millón de habitantes (la segunda más grande de Perú) que sigue gozando de una economía boyante, sobre todo por su industria textil y pasa por ser una de las urbes más cultas. La ciudad natal del nobel de literatura Mario Vargas Llosa esconde muchos encantos fáciles de descubrir.

Una lectura para el viaje: El Enigma del Convento

El Enigma del Convento. Jorge Eduardo Benavides

Alfaguara 2014. 400 páginas

Jorge Eduardo Benavides es uno de los grandes escritores peruanos de nuestros días. Nacido en Arequipa en 1964, estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega de Lima y allí empezó su carrera como periodista y escritor. En 1991 abandonó Perú y se afincó en España residiendo primero en Tenerife y actualmente en Madrid. Dirige actualmente el Centro de Formación de Novelistas.

La trama del Enigma del Convento (ganadora del XXV Premio Torrente Ballester de novela histórica) se desarrolla a principios del siglo XIX. Entre un Madrid que acaba de salir de la Guerra de la Independencia, donde se está tejiendo la “Conspiración del Triángulo” para acelerar la instauración de la Constitución de 1812, y una Arequipa que asiste dividida a las luchas por la emancipación del Perú. Con este fondo histórico se construye un argumento que tiene al convento arequipeño como escenario principal. Allí se guardan papeles de suma importancia para la políticos de uno y otro lado del atlántico. La novela nos enseña la increíble vida diaria en un convento que supuestamente debía estar dedicado al recogimiento y oración.

Qué visitamos en este post

En el siguiente mapa interactivo podrás localizar con exactitud todos los lugares de los que se habla en el artículo. Podéis usarlo para llegar hasta ellos fácilmente y para seguir el itinerario propuesto que incluye los lugares más representativos de Arequipa.

Descubriendo Arequipa

Lo primero que sorprende al visitar Arequipa es su nítida luz y sus agradables temperaturas. Bajo el generoso sol arequipeño y con el marco de los volcanes que la rodean todo parece más bello y alegre. La visita de esta hermosa ciudad gira en torno a seis principales atractivos o conjuntos monumentales, que a continuación se describen y muestran.

1/ Plaza de Armas

El gran espacio de la Plaza de Armas es el corazón de Arequipa. Las rectas y frondosas palmeras rodean a una elegante fuente central de bronce coronada por un personaje conocido como Tuturutu, genio protector de la ciudad. Al norte de la plaza se extiende la Catedral mientras los demás lados están ocupados por un conjunto armónico de edificios de dos plantas con soportales repletos de cafeterías y locales comerciales. En la esquina sureste queda espacio para ver la Iglesia de la Compañía, otro de los monumentos más fascinantes de la ciudad.

La plaza es el lugar preferido de reunión de los arequipeños. Siempre bulliciosa y animada, repleta de vendedores ambulantes, limpiabotas, puestos de artesanía y charlatanes. Lugar preferido para las manifestaciones políticas y las fiestas municipales. Hay que sentarse en una cafetería (una magnífica opción es la terraza del Hotel Katari) para observar la plaza sin prisa, fijándose en la armonía de las construcciones y en el deambular de las gentes. El alma de la ciudad blanca.

2/ La Catedral y la Iglesia de la Compañía

Los seísmos que asolan cada poco tiempo Arequipa se han cebado especialmente con su Catedral. Levantada por primera vez en el siglo XVII, ha tenido que ser reconstruida en tres ocasiones, la última en el siglo XIX. Así que hoy vemos un edificio de estilo neoclásico donde antes había existido un exuberante templo barroco. Lógico que, con tantos derrumbamientos, el interior tenga poco que ofrecer.

El convento fundado por los jesuitas en el siglo XVII y conocido como Iglesia de la Compañía es, sin embargo, una obra perfectamente conservada que resume todas las características de la llamada Escuela Arequipeña. En el seminario del convento estudiaban los jesuitas que luego eran enviados a las misiones del Amazonas. El precioso barroco de sus fachadas y el claustro exhibe una iconografía mestiza extraordinaria. Ángeles cristianos con plumas que dialogan con figuras de la mitología inca conviven con un Santiago rodeado de sirenas que pisotea a los moros.

Los arcos del claustro principal son una obra maestra de la escultura y un auténtico remanso de paz frente a la ajetreada plaza. El interior alberga un majestuoso retablo, ricos altares, un púlpito de cedro impresionante y varios cuadros de la Escuela Cuzqueña. La joya está en la sacristía, conocida como Capilla de San Ignacio, una cúpula pintada de una forma tan original que la hace única. Los coloridos frescos representan a ángeles y evangelistas en un entorno tropical. Allí se distinguen los tres símbolos de la arquitectura andina: la serpiente del inframundo, el puma terrenal y el cóndor del supramundo.

3/ El Museo de los Santuarios Andinos y el Mercado de San Camilo

Antes de emprender la visita al casco antiguo hay que acercarse a visitar dos lugares imprescindibles situados al sur de la Plaza de Armas: el Museo de los Santuarios Andinos y el Mercado de San Camilo.

Representación de la Momia Juanita en la tumba en la que fue encontrada

En 1995 una expedición a la cumbre del volcán Ampato se topó con el fardo funerario de una adolescente en perfecto estado de conservación por el hielo. Los estudios revelaron que Juanita, como se llamó a la momia, murió entre 1440 y 1450. Había sido elegida como ofrenda a los apus, los dioses de la montaña, para aplacar su furia. Su cráneo estaba fracturado en la sien derecha, lo que demuestra que la mataron de un golpe contundente probablemente después de drogarla. Juanita es la joya de la colección del pequeño Museo de los Santuarios Andinos. La momia, vestida con sus mejores ropajes, se conserva intacta en una urna de cristal refrigerado junto con otras momias de niños que fueron ejecutados en ceremonias semejantes y las ofrendas que acompañaban a los niños sacrificados.

El Mercado de San Camilo es el contrapunto ideal para reducir la impresión de estos rituales de muerte. Rebosa vitalidad y colorido. El mercado cubierto más bonito del Perú fue diseñado por el estudio de Eiffel (aunque esto lo dicen de tal cantidad de construcciones de hierro de finales del siglo XIX que para creerlo de todas tendrían que haber trabajado en el estudio miles de arquitectos). Los puestos están ordenados en diferentes secciones. Las infinitas variedades de frutas son seguidas por los puestos de verduras, más allá las panaderías tienen el protagonismo, luego las pescaderías y para terminar una variedad increíble de patatas. Eso sí, siempre con un ojo en el bolsillo porque el mercado está lleno de carteristas.

4/ Iglesias y Casonas de la Orgullosa y Vieja Ciudad Colonial

El extenso casco antiguo de Arequipa es delicioso. Algunas calles se han peatonalizado para evitar el caótico tráfico y la uniformidad de sus construcciones barrocas parece devolverte a los siglos XVII y XVIII, la época dorada

Flora Tristán

Al norte de la Plaza de Armas se encuentran los mejores ejemplos de casonas arequipeñas. Una de las más famosas es la Casa de Tristán del Pozo cuyo nombre proviene de ser la residencia de la escritora Flora Tristán en el siglo XIX. Flora, abuela de Paul Gauguin, fue una defensora de los derechos de las mujeres y escandalizó Arequipa con un relato que publicó sobre su vida en la ciudad titulado “Peregrinaciones de una paria”, donde se burlaba de las costumbres de la alta sociedad local. Su tío, el general Pío Tristán, que se había convertido en Presidente del Perú del Sur tuvo que quemar el libro de su sobrina en la Plaza de Armas. El edificio tiene una maravillosa portada barroca del siglo XVIII que muestra escenas de la vida de Cristo y dos elegantes patios decorados con gárgolas con cabezas de felinos. Muy cerquita de allí, en la confluencia de las calles Jerusalén y San José está la chocolatería Ibérica. Imposible resistirse a probar los mejores chocolates de todo el país.

Siguiendo la calle San Agustín nos encontramos con la Casa Irriberry, construida por los jesuitas a finales del siglo XVIII y decorada con una bella cornisa esculpida. Los mensajes escritos en los muros de la casa le han valido el sobrenombre de “casa parlante”. Los patios sirven de centro cultural de la Facultad de Derecho de la Universidad de San Agustín.

Un poco más allá, en la misma calle, se alza la Iglesia de San Agustín, con una espectacular fachada barroca mestiza del siglo XVIII. En el interior llama la atención la ostentación de los altares de pan de oro y de la decoración de la cúpula.

Hay que girar hacia el norte por la calle Bolívar para visitar el mejor edificio civil barroco de Arequipa, la Casa del Moral. El nombre proviene del moral centenario que da sombra a un patio ocre empedrado. La exuberante fachada combina motivos heráldicos con cabezas de puma que escupen serpientes y un sol de clara influencia nazca. La casa fue residencia del cónsul de Inglaterra y se ha convertido en un pequeño museo que alberga muebles coloniales y pinturas de la Escuela Cuzqueña. Desde la terraza hay magníficas vistas de la Campiña Arequipeña.

Un poco más al norte, en la misma calle Bolívar, se encuentra la Casa de la Moneda, construida a finales del siglo XVIII por los Marqueses de Quiroz quienes colocaron en la puerta su soberbio lema: “Después de Dios, Quiroz”.

Casi al final de la calle Bolívar hay que torcer a la derecha por la calle Cela, allí se encuentra otra casona reconvertida en uno de los hoteles con más encanto la ciudad, la Hostería de Arequipa. Justo al lado nos toparemos con la pintoresca Plazuela de San Francisco adornada con jacarandas. La sobria Iglesia de San Francisco fue construida en el siglo XVI y pasa por ser la más antigua de Arequipa.

El restaurante más afamado de Arequipa está muy cerca de aquí. El Chicha (calle Santa Catalina 210) está regentado por el chef Gastón Acurio y es conocido sobre todo por sus ceviches y postres. Dicen que comer en este restaurante, galardonado con una estrella Michelin, es una de las grandes experiencias gastronómicas de Perú y que puede hacerse por menos dinero de lo que costaría un restaurante semejante en Lima.

5/ Monasterio de Santa Catalina. La Joya de la Ciudad

Arequipa merece sin duda su condición de Patrimonio de la Humanidad, pero si hay algo único que da pleno sentido a un viaje hasta aquí es el Monasterio de Santa Catalina de Siena. El cenobio más grande y colorido del mundo, que es una verdadera ciudad dentro de la ciudad. El monasterio fue abierto al público en 1970 cuando la comunidad de monjas de clausura se había reducido considerablemente y había que buscar nuevas formas de financiar la vida en el convento. Fue entonces cuando salió a la luz un mundo fascinante, testigo de la vida monacal de mujeres de clase alta desde el siglo XVI.

Las calles adornadas con flores que lucen los nombres de las ciudades españolas de donde procedían las primeras monjas, los patios de una belleza que invita al silencio, las celdas concebidas como verdaderos apartamentos, mucho menos austeras de lo que podría suponerse a una vida monacal, y los pequeños oratorios que salpican cada rincón constituyen una de las joyas de la arquitectura colonial de Latinoamérica. Mario Vargas Llosa lo describe comouna sucursal del paraíso con una vida mundana que llegó a ser más intensa que en París”.

Un poco de historia sobre el Monasterio de Santa Catalina

Convento de Santa Catalina. Plaza de Zocodover

El Monasterio de Santa Catalina fue fundado por María de Guzmán en 1580, una viuda acaudalada que donó los terrenos, financió las obras de construcción y ejerció de primera priora de la institución. Allí empezaron a llegar principalmente las benjaminas de las familias acaudaladas de Arequipa. Todas, al ser acogidas en el Monasterio, entregaban  una gran dote que servía para financiarlo. A cambio se las permitía vivir con grandes comodidades que incluían tener criadas o esclavas y apartamentos confortables decorados con muebles exquisitos y otras obras de arte.

En su momento de máximo esplendor llegaron a vivir 500 monjas. La institución tenía el suficiente poder para funcionar casi apartada del obispado. La vida era muy mundana. En el interior, la Plaza de Zocodover hacía las veces de mercado, donde las monjas intercambiaban todo tipo de mercancías. Y así fue hasta que en 1879 la dominica Josefa Cárdenas, nombrada priora por el papa, puso fin a las prácticas mundanas echando a las criadas e imponiendo una auténtica vida monacal. Hoy, todavía queda un pequeño edificio, apartado de los lugares que se visitan, donde residen alrededor de 30 monjas.

La visita comienza en el locutorio, donde las monjas se comunicaban con el mundo y vendían sus productos. Una vez franqueado el Patio del Silencio, se accede al noviciado, donde se encontraba la escuela y residían las aspirantes a ingresar y coger los hábitos definitivamente. Se pasa después al precioso Claustro de los Naranjos, de planta cuadrada y un luminoso azul cobalto, y desde allí a un laberinto de calles pintadas de colores y adornadas con flores que dan acceso a los lujosos apartamentos. No hay que perderse los lavaderos, las cocinas y el Claustro Mayor, de tonos anaranjados. El recorrido termina con la Plaza de Zocodover, pintada de un resplandeciente rojo, la Iglesia de Santa Catalina, mezcla de estilo barroco y mudéjar, y la Pinacoteca, antiguo refectorio del convento, donde se muestra la colección de cuadros pertenecientes a la Escuela Cuzqueña.

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El laberinto de calles y patios es fruto de las sucesivas restauraciones realizadas a lo largo de los siglos, a las que obligaban los daños sufridos por los terremotos y las nuevas construcciones de celdas y apartamentos que se superponían a los anteriores.

6/ Los Barrios Periféricos y la Campiña Arequipeña

Los barrios residenciales de Yanahuara y Cayma se encuentran al este de la ciudad, al otro lado del río Chili. Ambos son conocidos por tener los mejores miradores sobre Arequipa y la campiña. Desde el Mirador del Carmen Alto en Cayma impresiona la fertilidad que desprende el río Chili, rodeado antes de entrar al valle de Arequipa por terrenos desérticos que acentúan más el verdor que se extiende a las orillas del río.

Más abajo, el Mirador de Yanahuara nos regala una de las mejores perspectivas de la ciudad y sus volcanes. La Iglesia de San Juan Bautista, de estilo barroco mestizo, se alza en la misma plaza que el mirador. Junto a ella se extiende por las mañanas un colorido mercado que contrasta con la blancura de las piedras de sillar con las que está construida la iglesia.

Los festivos acuden a Yanahuara muchos arequipeños en busca de sus célebres picanterías, los restaurantes típicos de la ciudad. La Nueva Palomino (Leoncio Prado 122), es la picantería más famosa, situada muy cerca del Mirador de Yanahuara. El lugar más adecuado para probar los platos tradicionales de la cocina arequipeña como la carne de cuy, el rocoto, el ceviche, el chupe de camarones, la carne de llama o los raviolis de ossobuco, todo ello regado con la chicha, la bebida tradicional inca que ha llegado hasta nuestros días.

En el mismo barrio de Yanahuara, pero ya cerca de la ciudad vieja, hay que visitar el Convento de la Recoleta, un convento franciscano construido en el siglo XVII. El enorme convento tiene nada menos que cuatro claustros con preciosos jardines y la mejor biblioteca de Arequipa. Desde la biblioteca se accede, por un pasadizo secreto, al “infierno”, la sala donde se guardaban los libros prohibidos.

Uno no debe irse de Arequipa sin visitar alguna de sus grandes fábricas textiles dedicadas a los trabajos con lanas de llama, alpaca y vicuña. Al norte del Barrio de San Lázaro está Mundo Alpaca (calle Juan de la Torre 101), quizás la mejor fábrica para ver todo el proceso de producción y hacer compras. También es cierto que tiendas dedicadas a la venta de estas prendas hay por toda la ciudad. Y es que, ¿quién puede resistir la tentación de no llevarse alguna como recuerdo de la deslumbrante Arequipa?

Dónde dormir:

En Arequipa hay una abundante oferta de alojamientos con una estupenda relación calidad-precio. Resulta fácil encontrar un hotel adaptado a cualquier presupuesto. Os recomiendo alojaros en el mismo centro histórico porque os apetecerá pasear por allí a todas horas. Dos hoteles con especial encanto son:

San Agustín Posada del Monasterio Hotel: Calle Santa Catalina, 300, 054 Arequipa. Situado a 100 metros de la Plaza de Armas aprovechando uno de los claustros de la Iglesia de San Agustín y una casa noble aledaña. Un oasis de tranquilidad en el centro de la ciudad alojándote en un monumento histórico. Zonas comunes muy acogedoras aunque las habitaciones son sencillas, un poco austeras. Alrededor de 55 EUR la habitación doble con desayuno en temporada alta.

La Hostería: Bolívar 405 Cercado, 054 Arequipa. Ubicado enfrente del Monasterio de Santa Catalina, en una calle tranquila del centro histórico. La posada ocupa una casa colonial edificada con piedra de sillar. Cuenta con un coqueto patio, alrededor del cual se disponen las habitaciones, y una terraza con estupendas vistas sobre la ciudad y los volcanes. Las habitaciones y zonas comunes están muy bien decoradas y hasta tiene un pequeño spa. Alrededor de 75 EUR la habitación doble con desayuno en temporada alta.

Dónde comer:

Arequipa es una de las capitales gastronómicas del Perú. Los célebres restaurantes tradicionales, conocidos como picanterías, conviven con los locales representantes de la nueva cocina peruana que tanta fama internacional ha alcanzado. Todo ello con mucha mejor relación calidad-precio que en Lima.

Dos locales de visita imprescindible en la ciudad son:

La Nueva Palomino: Pasaje Leoncio Prado 122 – Yanahuara – 04017 Arequipa. La picantería más famosa de la ciudad. Situada muy cerca del Mirador de Yanahuara. Un local cuidado en todos los aspectos donde se convive con la gente de la ciudad. El lugar más adecuado para probar los platos tradicionales de la cocina arequipeña como la carne de cuy, el rocoto, el ceviche, el chupe de camarones, la carne de llama o los raviolis de ossobuco, todo ello regado con la chicha, la bebida tradicional inca que ha llegado hasta nuestros días. Alrededor de 15 EUR por persona.

Chicha: Calle Santa Catalina 210, Cercado – 04001 Arequipa (www.chicha.com.pe). Regentado por el chef Gastón Acurio y conocido sobre todo por sus ceviches y postres. Dicen que comer en este restaurante, galardonado con una estrella Michelin, es una de las grandes experiencias gastronómicas de Perú y que puede hacerse por menos dinero de lo que costaría un restaurante semejante en Lima. Alrededor de 25 EUR por persona.

Excursión: Ruta del Sillar

La mayor parte de la piedra sillar con la que se ha construido la ciudad histórica de Arequipa procede de las Canteras de Añashuayco. Desde Arequipa se ofrecen excursiones organizadas para recorrer las sorprendentes canteras, situadas en pleno desierto, unos pocos kilómetros al este de la ciudad.

Al caminar por el desfiladero artificial creado por la extracción continua de piedras se pueden apreciar las características del sillar, una piedra volcánica muy maleable y ligera pero resistente,  y la curiosa forma en que todavía hoy se trabaja esta piedra por los escasos trabajadores que quedan en la cantera.

La Ruta del Sillar acaba con un pequeño paseo por la Quebrada de Culebrillas, un angosto desfiladero natural creado entre las rocas volcánicas.

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