Los fiordos son uno de los paisajes más dramáticos y espectaculares del planeta. Los estrechos desfiladeros con abruptas paredes de roca que emergen desde una profundidad media de 500 metros y se elevan hasta los 1.400 metros de altitud son profundas cicatrices en un paisaje que sorprende por su belleza salvaje. Las orillas albergan cascadas y ríos que desembocan impetuosos tras atravesar bosques de hoja caduca y de coníferas procedentes de glaciares, lagos y montañas escarpadas. Ya en el fiordo las aguas se vuelven tranquilas y componen un ecosistema de una gran diversidad.

Resulta difícil pensar en los fiordos sin imaginar Noruega. La palabra que da nombre a este fenómeno geológico se ha tomado prestada del noruego en casi todos los idiomas. El oeste del país es una región de estrechos fiordos que cortan altas montañas, de cascadas que descienden por las laderas y de glaciares que nunca se derriten. Gracias a la corriente cálida del Golfo y a los flujos de aire causados por el efecto Coriolis los fiordos noruegos disfrutan de un clima suave y no se congelan. Los grandes cañones tallados por la acción de los glaciares son vías de navegación que se adentran más de 200 km tierra adentro. Al carácter espectacular de la naturaleza vienen a añadirse los vestigios de antiguas alquerías de pastores trashumantes, hoy abandonadas, que nos hablan de la capacidad del hombre de adaptarse a las condiciones de vida más extremas.

Los fiordos más emblemáticos de Noruega se encuentran en el tramo comprendido entre Bergen y Alesund. En el año 2005, el fiordo de Geiranger y el de Nærøy fueron declarados por su singularidad Patrimonio de la Humanidad bajo la denominación «Fiordos Occidentales de Noruega». La ruta que os proponemos recorre uno de los escenarios naturales de mayor belleza de Europa pero además permite descubrir algunos de los mejores ejemplos de las stavkirke, las iglesias de madera medievales de los países nórdicos, y pueblos de postal en la orilla de lagos y fiordos.

Cómo llegar:

El aeropuerto de Oslo-Gardermonen es el principal de Oslo y el más grande de Noruega.  Tiene conexiones con todas las grandes ciudades europeas. Cuatro compañías conectan varias ciudades españolas con Oslo: Iberia (Madrid), Vueling (Barcelona), Norwegian (Alicante, Barcelona, Gran Canaria, Madrid, Málaga y estacionalmente Bilbao, Ibiza, Murcia, Palma de Mallorca, Menorca, Fuerteventura, Lanzarote y Tenerife Sur) y Scandinavian Airlines (Alicante, Barcelona, Gran Canaria, Málaga, Palma de Mallorca y estacionalmente Tenerife Sur y Valencia). Norwegian y Scandinavian enlazan Oslo con el resto de los aeropuertos del país desde el mismo aeropuerto, incluyendo Bergen y Alesund.

El aeropuerto de Bergen-Flesland es el segundo de Noruega. Está ubicado a 19 km al sur de la ciudad. Air Europa, Norwegian y Ryanair tienen conexiones directas entre algunas ciudades españolas (Alicante, Barcelona, Las Palmas, Lanzarote, Madrid, Málaga, Murcia y Palma de Mallorca) y Bergen. No obstante suele salir más económico viajar a Oslo o Copenhage y enlazar allí con uno de los numerosos vuelos que unen ambas ciudades con Bergen.

El pequeño aeropuerto de Alesund-Vigra recibe sólo unos pocos vuelos internacionales pero entre ellos la compañía Norwegian incluye, de forma estacional, un vuelo directo a Alicante. Desde otras localidades españolas es necesario hacer escala en Oslo o Copenhague y desde allí continuar viaje con Norwegian o Scandinavian Airlines hasta Alesund. Desde el aeropuerto un buen servicio de autobuses permite llegar cómodamente a la ciudad, situada 17 km al sur.

Los trayectos en tren Bergen-Oslo y Alesund-Oslo suponen en sí mismos un buen aliciente para el viaje. Además, el tren puede cogerse en el mismo aeropuerto de Oslo con destino tanto a Bergen como a Alesund (consultar horarios en la página web de los ferrocarriles noruegos: www.nsb.no). El único problema es que los trayectos son largos, alrededor de 6-7 horas en los dos casos.

Por último, queda el recurso de realizar todo el viaje en coche desde Oslo. Quizás esta sea la posibilidad más cómoda pero hay que tener en cuenta que los trayectos son, al menos, tan largos como los ferroviarios.

¿Qué es un fiordo?

Un fiordo es una larga y estrecha entrada de mar formada por la inundación de un valle excavado por la acción de los glaciares.

Los fiordos se formaron gradualmente por el efecto de la erosión del hielo durante la última glaciación (entre 110.000 y 13.000 aC). El enorme peso de los glaciares provocó la creación de profundos valles con un característico fondo en forma de U. Los glaciares se abrieron paso por el terreno más frágil y, como los ríos, fueron confluyendo hasta llegar al mar. Cuando los glaciares se fundieron, el agua del mar penetró en los valles inundando toda la cuenca. Los fiordos son característicamente más profundos en las zonas más alejadas del mar. Esto es debido fundamentalmente a que los materiales que arrastran los glaciares, morrenas, se van acumulando en la parte final de su recorrido.

El elemento imprescindible para la formación de los fiordos son los glaciares. Por tanto, estos se ubican en regiones de alta latitud, a partir de la latitud 50 en el hemisferio norte y de la 40 en el hemisferio sur. Eso restringe su localización a unos pocos países o regiones: Islandia, Groenlandia, Escocia, Noruega, Alaska y Canadá en el hemisferio norte y Chile, Argentina, Nueva Zelanda y la Antártida en el hemisferio sur. En algunas casos, debido a la existencia de un cierto parecido, se da el nombre de fiordos a accidentes geológicos que no se pueden considerar como tales. Dos buenos ejemplos son los conocidos como Fiordo de Kotor en Montenegro y Fiordo de Lim en la península de Istria (Croacia). Ambos paisajes se formaron por la erosión causada por ríos y no por glaciares y tienen grandes diferencias con los verdaderos fiordos.

Qué visitamos en este post

En el siguiente mapa interactivo podrás localizar con exactitud el trazado de las etapas del viaje y todos los lugares de los que se habla en el artículo:

Una Ruta por los Fiordos Occidentales de Noruega

La ruta que os proponemos va desde Bergen, la colorida ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por conservar el mejor ejemplo de la arquitectura hanseática, y Alesund, la emblemática capital del modernismo nórdico y de la pesca del bacalao. Bergen y Alesund disfrutan de una ubicación parecida en la costa del Atlántico, al pie de los Alpes Escandinavos y protegidas por una escarpada costa. Dos sorprendentes escenarios naturales que nos invitan a imaginar lo que vamos a encontrarnos en la ruta. Ambas merecen por sí mismas el viaje pero son también los mejores puntos de partida para conocer los fiordos noruegos.

Los fiordos noruegos no sólo son un paisaje espectacular lleno de maravillas naturales sino también uno de los lugares donde se puede sentir mejor el silencio y, si se tiene suerte (no es fácil disfrutar de tiempo despejado), descubrir algunos de los cielos estrellados menos contaminados del planeta.

Alquilar un coche es imprescindible para realizar la ruta. La red de autobuses noruega enlaza prácticamente todos los puntos del país pero en la práctica sería casi imposible visitar todos los lugares que os proponemos dependiendo del transporte público. Otro problema inherente al país son los precios. Alquilar un coche no es barato pero cuando hablamos de hoteles y restaurantes el precio se dispara. Además, la oferta es más bien escasa en los pequeños pueblos de los fiordos., lo que hace imprescindible reservar.

1ª Etapa: De Bergen a Laerdal

El Sognefjord, el tren Flamsbana y el túnel de carretera más largo del Mundo

La música de Edvard Grieg, el más célebre compositor noruego, todavía resuena en mis oídos cuando dejamos Bergen. La carretera asciende rápidamente entre los bosques de pinos. En pocos minutos estamos rodeados por los Alpes Escandinavos, cuyas laderas se precipitan abruptamente hasta la costa del Atlántico y cuyas cumbres a pesar de no ser especialmente altas albergan nieves perpetuas. El viaje hasta Vossevangen, primera parada del viaje, lleva poco más de una hora.

Vossevangen es conocida por su magnífica estación de esquí y por su idílica posición a la orilla del lago del mismo nombre. Lo mejor es dejar el coche en el aparcamiento de la estación de tren porque aquí hay que cambiar de medio de transporte.

La excursión que mejor muestra la naturaleza salvaje de los fiordos noruegos es la que recorre los dos famosos brazos del fiordo de Sogn o de los Sueños, Aurlandfjord y Nærøyfjord, y permite experimentar el Flamsbana, el tren convencional que realiza el descenso más pronunciado del mundo.. El recorrido es tan popular que se comercializa como Norway in a nutshell (Noruega de un vistazo). Con ese nombre se puede contratar el paquete de viaje desde Bergen e incluso desde Oslo (www.fjordtours.com). Lo recomendable (y mucho más económico) es que lo hagáis por vuestra cuenta y Vossevangen es el mejor punto de partida (y llegada) para ello. Los billetes para los trayectos ferroviarios se pueden sacar directamente en la página web de los ferrocarriles noruegos (www.nsb.no) y para el barco en la página web de fjord1 (www.fjord1.no). No hace falta reservar con antelación el autobús.

Así que en Vossevangen cogemos el tren hasta Myrdal (un pequeño recorrido en la línea de ferrocarril entre Oslo y Bergen) para enlazar allí, en medio de la nada, con el Flamsbana. El tren invierte casi una hora en descender por acantilados vertiginosos hasta Flam, a la orilla del fiordo de Aurland. En el camino se disfruta del angosto valle, espléndidas cataratas y un sinfín de túneles, que hicieron posible acondicionar el descenso para un tren convencional a principios del siglo XX.

La bulliciosa estación del tren de Flam se encuentra justo al lado del fiordo y del muelle donde atracan los pequeños barcos que hacen la travesía hasta Gudvangen y los grandes cruceros que se atreven a adentrarse hasta estas aguas. Nuestro pequeño barco no tarda en zarpar. La navegación durante dos horas recorriendo primero el ancho y apacible fiordo de Aurland y luego el estrecho y salvaje fiordo de Nærøy es realmente inolvidable. Cuando te ves sobre las esmeraldas aguas del Nærøyfjord rodeado por paredes casi verticales de 800 metros comprendes porque este fue uno de los dos fiordos declarados Patrimonio de la Humanidad en Noruega.

Gudvangen no es más que una pequeña aldea que recuerda con orgullo a sus antepasados vikingos. Los horarios de salida de los autobuses hacia Vossevangen se hacen coincidir con la llegada de los barcos, de manera que no hay que esperar más de unos minutos para continuar la excursión. Esta vez valle arriba en un recorrido por un paisaje de nuevo con cascadas espectaculares, lagos de origen glaciar, pequeños pueblos con casas de madera pintadas de colores y escenarios de vértigo. Ya en Vossevangen aprovechamos para comer un poco y digerir las emociones. No se puede aprovechar mejor una mañana.

Los días en verano son muy largos en Escandinavia así que hay tiempo de sobra para continuar nuestro recorrido hacia Laerdal. Desandamos primero el camino hasta Gudvangen. Vale la pena porque así aprovechamos para hacer alguna parada y contemplar más de cerca las grandiosas cataratas de Tvindefossen y el pueblo y lago de Oppheim, dos escenarios que con la luz del atardecer adquieren una belleza de cuento.

Todavía hay tiempo para desviarse en Flam y subir a ver la puesta de sol desde el mirador de Stegastein sobre el glaciar de Aurland. Al bajar nos espera otra sorpresa. La carretera entre Flam y Laerdal atraviesa el túnel por carretera más largo del mundo. Un túnel pagado con los beneficios del petróleo del Mar del Norte que permite unir dos valles que antes eran casi dos mundos aparte. Los 24´5 km bajo tierra se inauguraron en el año 2000. Cada 5 kilómetros la carretera se ensancha y se ilumina con luces de vivos colores para evitar la somnolencia de los conductores. Cuando empiezas a pensar que el túnel no tiene fin surge, envuelto en niebla, un nuevo valle. Estamos en Laerdal. Justo a tiempo para llegar a nuestro hotel y acomodarnos antes de que empiece a llover.

2ª Etapa: De Laerdal a Hellesylt

Las Iglesias de Madera y el Glaciar de Jostedal

Una lluvia constante nos acompaña durante toda nuestra noche en Laerdal. Sin embargo, cuando nos despertamos nos sorprende un sol radiante. El pueblo de Laerdal es famoso por su pequeño centro histórico, con bonitos edificios de madera de los siglos XVIII y XIX, y por el Centro Noruego de Salmón Salvaje, donde se explica la vida y hábitat de esta especie incluyendo un observatorio para contemplar los salmones.

Subiendo por el valle de Laerdal se alcanza en pocos kilómetros la pequeña aldea de Borgund. Allí se encuentra la Borgund Stavkirke, la única iglesia de madera escandinava que permanece absolutamente intacta desde la Edad Media. Tenemos la suerte de contar con un guía que resulta ser un arquitecto español. Harto de no encontrar trabajo en nuestro país decidió probar suerte en Noruega. Ahora trabaja aquí durante 5 meses al año (los únicos en que las carreteras permiten a los turistas llegar hasta Borgund) y con el dinero ahorrado pasa el resto de tiempo en España. La iglesia fue construida a mediados del siglo XII y está consagrada al apóstol San Andrés. El exterior está profusamente adornado con motivos decorativos que entrelazan acantos mediterráneos con felinos de factura persa y dragones y serpientes vikingos. Un curioso deambulatorio rodea completamente la iglesia. El interior es austero pero sorprende por su altura y los enormes postes de madera que sostienen toda la estructura.

Stavkirke: Iglesias sobre Postes de Madera

Los templos cristianos de madera se construyeron en toda Europa del Norte y los Cárpatos durante la Edad Media. Sin embargo, sólo en tres zonas han llegado hasta nuestros días: el Maramures (al norte de Transilvania), los Cárpatos de Polonia-Ucrania y Noruega.

En Noruega se desarrollaron técnicas especiales de construcción heredadas de los tiempos vikingos. La mayor parte de estas iglesias fueron construidas entre 1150 y 1350. Su característica principal es la construcción a partir de un armazón de madera formado por gruesos postes circulares sostenidos por espigas a un marco de madera asentado a su vez sobre cimientos de roca. La roca sirve para proteger a la madera de la humedad. El nombre por el que son conocidas estas iglesias en Noruega, stavkirke, proviene de esos grandes postes circulares, stav, que son el armazón de la construcción. La traducción más adecuada para denominar a estas iglesias sería, por tanto, iglesias sobre postes de madera. Se cree que llegaron a construirse hasta 2000 templos de este tipo. Sin embargo, sólo 28 iglesias han llegado hasta nuestros días. Algunas de las que se han conservado mejor se encuentran en la región de Vestlandet, la que abarca a los grandes fiordos occidentales.

Se distinguen dos tipos de Stavkirke. El Tipo A es el más sencillo. Una iglesia de una nave única en la que los postes circulares delimitan un espacio rectangular central. Dos buenos ejemplos son las iglesias de Urnes y Kaupanger. En el Tipo B la estructura se complica. La nave central, mucho más alta que en las de tipo A, está rodeada en sus cuatro lados por un deambulatorio que dispone de un techo inclinado más bajo. Los tablones que separan el deambulatorio de la nave central están colocados por fuera de los pilares circulares, de manera que los pilares parecen dividir el espacio central en tres naves. El acabado del tejado es también más sofisticado llegándose a parecer a la quilla invertida de un barco. Borgund u Vik son las mejores muestras de este tipo.

La otra característica que define a estas iglesias es su decoración. Las puertas y remates de madera están bellamente talladas. En el interior, las decoraciones incluyen una combinación de motivos cristianos y lo que se cree que pueden ser temas precristianos de origen vikingo con animales y dragones.

Al volver a Laerdal el cielo ha vuelto a encapotarse completamente y amenaza lluvia. Los cambios bruscos de tiempo son la regla en la región de los fiordos. Cuando llegamos a la orilla del fiordo de Sogne para coger el transbordador que une Laerdal con Kaupanger llueve con fuerza. El panorama ha cambiado completamente. Lo que por la mañana parecía un paisaje abierto y conmovedor se ha transformado en un horizonte tenebroso e inquietante. Aún así podemos apreciar al cruzar los casi 5 kilómetros de anchura del fiordo de los Sueños las dimensiones de estos entrantes de mar. Estamos a 200 km de la costa (el fiordo de Sogne es el más largo de Noruega y uno de los mayores del mundo) y nos dicen que la profundidad sigue siendo aquí de más de 1000 metros.

Kaupanger es un pequeño pueblo de casas de madera dominado por su vieja iglesia medieval. El templo es mucho más modesto que el de Borgund pero el emplazamiento sobre el fiordo, desdibujado ahora por una cortina de lluvia, es espléndido. Renunciamos a desviarnos de la ruta para conocer las iglesias de madera de Urnes y Vik. Demasiada lluvia. Decidimos continuar hacia el norte en busca del fiordo de Innvik, un brazo del fiordo del Norte desde donde queremos alcanzar el glaciar de Jostedal. La tortuosa e inhóspita carretera se hace larga. Tardamos 2 horas y media en recorrer los 150 km que nos separan de Briksdalsbre.

Al llegar a Olden, a la orilla del fiordo de Innvik, ha parado de llover. El estrecho desfiladero que conduce a Briksdalsbre nos hace comprender mejor la formación de los fiordos. La escasa e irregular profundidad del valle no permitió la entrada del mar sino sólo la formación de alargados lagos de agua dulce. Briksdalsbre es sólo un centro de recepción de visitantes que incluye un restaurante de precios exorbitados y una tienda de recuerdos. Desde aquí parte un bien acondicionado sendero que pasa primero al lado de la fabulosa cascada de Kleiva y sube luego hasta el lago Briksdal. El espectáculo es grandioso. Al fondo de un lago de aguas azul claras desciende la gran lengua del glaciar de Jostedal. Lástima que vuelva a empezar a llover con fuerza porque el lugar es idílico.

Volvemos al centro de visitantes empapados. Un café a precio de merienda nos hace entrar un poco en calor. Luego nuevamente al coche para recorrer los 90 kilómetros que nos quedan hasta Hellesylt, el lugar elegido para pasar la noche. Esta vez el recorrido está más poblado. A la orilla del fiordo de Innvik hay pequeños pueblos que se aprovechan de las mejores condiciones de vida que permite la mayor suavidad del clima. Hay que pasar un nuevo e inhóspito puerto para alcanzar el fiordo de Geirander. Cuando llegamos a Hellesylt ya está cayendo la noche. El pueblo tiene un aspecto fantasma. Nos cuesta un poco encontrar nuestro hotel a pesar de que son sólo un puñado de casas.

3ª Etapa: De Hellesylt a Andalness

El Fiordo de Geirander y la Carretera de los Trolls

El día amanece radiante. La luz del sol cambia por completo el aspecto del lugar. La mayor atracción de Hellesylt es la sorprendente catarata formada en la desembocadura del río que recoge las aguas del valle. Los escasos habitantes viven bajo la amenaza constante de la montaña Akerneset que los geólogos dicen que está a punto de caer sobre el fiordo provocando un tsunami que destrozaría el pueblo.

Después de desayunar y dar un corto paseo embarcamos con el coche en el transbordador que nos conducirá, recorriendo el fiordo de Geirander, hasta el pueblo del mismo nombre situado en el extremo del fiordo. A primera hora el barco va casi vacío. Más tarde los turistas abarrotarán todos los pequeños cruceros. El recorrido por el fiordo lo merece, no en vano recibió también la declaración de Patrimonio de la Humanidad.

El fiordo de Geirander es una de las ramificaciones finales del gran fiordo de Stor. Un espectacular cañón de 15 kilómetros de longitud flanqueado por paredes casi verticales de hasta 800 metros. Durante el recorrido van apareciendo asombrosas cascadas que han recibido imaginativos nombres, como la de las Siete Hermanas, la del Velo Nupcial y la del Pretendiente. En las escarpadas laderas se ven cabañas aisladas que hasta hace algunos años sirvieron de increíble hogar a las familias de pastores trashumantes. La pendiente es tan pronunciada que en ocasiones tenían que atar a los niños para evitar que se precipitaran por las laderas.

El pequeño pueblo de Geirander ha adquirido renombre mundial por sus espectaculares vistas. Acostumbrados como estábamos a sitios solitarios, nos llama la atención el bullicio en un pueblo tan pequeño. Los grandes cruceros que llegan hasta aquí son los responsables del gentío. Unos pocos hoteles de precios prohibitivos convierten al lugar en un codiciado destino de la alta sociedad europea. En el moderno Centro de Interpretación de la Vida en el Fiordo se pueden aprender cosas curiosas sobre la dura vida de los pastores trashumantes que habitaban la zona y las características del rico ecosistema. Cuando salimos del centro las nubes están ya apoderándose del cielo. No nos apetece mucho estar en el pueblo con tanta gente así que vamos enseguida hasta el mirador de Flydalsjuvet, el lugar más accesible desde donde disfrutar de la icónica vista de la cabecera del fiordo de Geirander. Una de las imágenes más representativas de los fiordos noruegos es la de los trasatlánticos fondeando en lo que parece un pequeño lago rodeado de enormes montañas de paredes verticales.

Dispuestos a continuar nuestro viaje bajamos de nuevo a Geirander para enlazar directamente con la Carretera del Águila. La estrecha y serpenteante carretera asciende bruscamente por la ladera de la montaña para alcanzar en muy pocos kilómetros el mirador de Ornesvingen. En la subida estamos a punto de ser arrojados al precipicio por un autobús que aparece repentinamente en una de las curvas. Aprovechamos para hacer una parada en el mirador y recuperarnos del susto. El balcón del mirador facilita la vista sobre la última curva del fiordo y la cascada de las siete hermanas. El día ha cambiado totalmente y se ha puesto a llover. Aquí llueve todos los días nos explica sonriendo el empleado de la cafetería del mirador.

La carretera desciende después más suavemente al pequeño pueblo de Eidsdal, a la orilla del Storfjiord. El transbordador que une Eidsdal con Linde permite salvar el ancho fiordo de Stor. Desde Linde hay que avanzar hasta Valldal y empezar otra vez a ascender lentamente por el valle del río Valldola. Los prados dan paso en poco tiempo a un poblado bosque de abetos. Un pequeño aparcamiento con un cartel discreto son las únicas pistas para no dejar atrás un singular mirador sobre una sorprendente garganta horadada por la enorme fuerza del río.

El Gobierno de Noruega destina cada año una pequeña partida en sus presupuestos para hacer realidad los mejores proyectos de arquitectura que sirvan para facilitar la contemplación de las maravillas naturales del país y al mismo tiempo sean un ejemplo de integración en el paisaje. El Mirador de Gudbrandsjuvet fue premiado en 2008. La pasarela que facilita la vista sobre la garganta que forma el impetuoso río Valldola es todo un modelo a imitar tanto por el mimetismo con el medio, a pesar de utilizar el acero como material de construcción, como por las vistas del impetuoso río al atravesar la garganta.

La carretera continúa ascendiendo por el valle hasta dejar atrás los árboles y adentrarse en un paisaje lacustre. Cuando parece que estamos en el lugar más remoto de la tierra, vemos repentinamente un gran aparcamiento al lado de una moderna construcción de cristal, madera y acero. Estamos en el mirador del Troltstigen Center, otro de los grandes iconos de Noruega. El balcón sobre la Escalera de los Trolls y la fabulosa cascada de Stig, que nace justo al lado del centro de visitantes, es uno de esos lugares imprescindibles de conocer en una ruta por los fiordos.

Iniciamos el descenso por la vertiginosa Escalera de los Trolls, una carretera abierta en 1936 que salva un desnivel de casi 800 metros mediante una pronunciada pendiente del 10% y 11 curvas cerradas. Un puente piedra atraviesa la cascada Stig que en su perpendicular caída parece querer escupir a los coches. De repente la carretera pierde pendiente y se adentra en el valle. Y de nuevo estamos a la orilla de un fiordo, esta vez el de Romsdal.

Andalsnes es un pequeño centro de comunicaciones al pie del valle del Romsdal. La estación marca el punto final del recorrido del ferrocarril de Rauma, una de las más bellas travesías alpinas en tren de Europa. Desde aquí a Alesund, punto final de nuestro viaje sólo hay 100 km por una buena carretera. La capital del modernismo nórdico, situada a la entrada del fiordo de Stor, es considerada entre los noruegos la ciudad más bonita del país. Merece la pena disfrutarla con calma tras la ruta por los fiordos.

Donde dormir:

Noruega es un país muy caro y esto afecta especialmente al turismo. Los precios de los hoteles son desorbitados y la relación calidad-precio, acostumbrados a lo que tenemos en España, deja bastante que desear. Además, la oferta es más bien escasa. En temporada alta es imprescindible llevar los hoteles reservados. En caso contrario seguramente tendréis que dormir en el coche. Algunas buenas opciones para las dos noches de la ruta son:

Hellesylt:

Hellesylt Hostel and Motel:  6218 Hellesylt. Un motel sin ninguna pretensión situado en las afueras del pueblo, en la carretera con dirección a Alesund. Habitaciones espartanas. Sus mejores cualidades son el precio y las vistas al fiordo. Entre 80-100 EUR la habitación doble con desayuno en temporada alta.

Villa Norangdal: Fivelstadhaugen, Norangdalen, 6218 Hellesylt. www.norangdal.com Tf: +47 70261084. Si queréis daros el lujo de dormir en un hotel con encanto a precios relativamente moderados, la Villa Norangdal es una buena oportunidad. Ocupa una preciosa casa de madera de tres plantas en un pequeño valle a 9 km de Hellesylt, En el restaurante sirven buena comida noruega. Alrededor de 220 EUR la habitación doble con desayuno en temporada alta.

Laerdal

Lærdal Ferie- og Fritidspark: Grandavegen 5, 6887 Lærdal. www.laerdalferiepark.com/es  Tf. +47 57666695. Alojamiento en cabañas y apartamentos al pie del fiordo de Sogne, en un espacio muy agradable que incluye una zona ajardinada y hasta una playa artificial. Tiene un restaurante con una carta limitada. Alquilan bicicletas, barcos y piraguas. Alrededor de 70 EUR la habitación y 100 EUR el apartamento para dos personas sin desayuno.

Lindstrøm Hotel: Øyrapl. 1, 6887 Lærdal. www.lindstroemhotel.no. Tf: +47 57666900. Situado en el casco antiguo de Laerdal. El hotel es agradable aunque las habitaciones necesitan una reforma. Restaurante que sirve buffet y menús. Alrededor de 150 EUR la habitación doble con desayuno.

Donde comer:

Comer en un buen restaurante en Noruega es un lujo. Hay que seleccionar bien los restaurantes para que la experiencia no llegue a desestabilizar el presupuesto del viaje. Aquí van algunas sugerencias de lugares en los que se puede probar la cocina noruega sin tener que estar preocupado por el bolsillo:

Vossevangen Grill & Steakhouse: Vangsgata 52, 5700 Vossevangen. Tf: +47 56511800. Un local muy agradable situado muy cerca de la estación de ferrocarril. Buenas carnes aunque pequeñas raciones. Alrededor de 30 EUR con un primero compartido, un plato principal y un postre.

Norsk Villakssenter Restaurant: Oeyraplassen 14, 6887 Laerdal. Tf: +47 45562203. Un local sin grandes pretensiones situado al lado del Centro Noruego del Salmón Salvaje. El salmón está delicioso. Ofrecen también otros buenos platos de la cocina noruega. Buena relación calidad-precio para lo que es el país. Entre 25-30 EUR con un primero compartido, un plato principal y un postre.

La Pergola: Gravensteinsgata 5, 6856 Sogndal. Tf: +47 57 62 77 45. Un restaurante italiano recomendable en el camino entre Laerdal y el fiordo de Innvik. Tienen también buenas carnes y pescados. Precios moderados. Alrededor de 25 EUR con un primero compartido, un plato principal y un postre.

Ocal’s: 6218, Hellesylt, Stranda. Tf: +47 70 26 32 55. Una pizzería situada en el centro del pueblo que sirve estupendas pizzas a un precio muy razonable. Alrededor de 15-20 EUR una pizza y un postre.

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