La Galería Nacional de las Marcas conserva un cuadro titulado “La Ciudad Ideal” que se ha convertido en una de las imágenes más simbólicas del Renacimiento. Las ciudades estado del quatrocento italiano luchaban por conseguir ese ideal. Planificaban palacios y nuevos barrios con perspectivas sorprendentes, embellecían con obras de arte los espacios públicos y privados, trataban de atraer a sus cortes a los mejores artistas y promovían espectáculos públicos para mostrar sus logros.

Decenas de ciudades italianas muestran la grandeza de aquella época, pero pocas con la pureza de Urbino. La corte de Federico de Montefeltro brilló especialmente en el quatrocento. Sus descendientes mantuvieron la ciudad a la altura en el quincuecento. Pero entonces la familia gobernante, los Della Rovere, decidieron trasladar la corte a Pésaro y Urbino empezó a perder importancia. La extinción de los Della Rovere hizo que el ducado pasara a manos del Papa. Y entonces Urbino se sumió prácticamente en el olvido.

Aquella ciudad edificada durante el Renacimiento ha llegado prácticamente intacta a nuestros días. Todo parece estar como lo dejaron en el siglo XVI y eso la hace única. Sobre la ciudad sobresale el enorme Palacio Ducal, una de las obras arquitectónicas más originales del Renacimiento. El Palacio alberga la Galería Nacional de las Marcas, que figura entre las grandes pinacotecas del mundo. Razones no faltaban para que Urbino fuera declarado Patrimonio de la Humanidad en 1998.

Cómo llegar:

Urbino está un poco perdida a la sombra de los Apeninos. No se va hasta allí de paso y el coche es casi imprescindible. Pero no está lejos. Lo más fácil es llegar desde la costa adriática, desde Rimini se tarda alrededor de una hora y desde Pesaro poco más de media hora, siempre subiendo por un paisaje de colinas ondulantes.

La ruta desde Roma pasa por Umbría, bien conociendo Spoleto y Gubbio o vía Perugia y Gubbio. Desde Gubbio hay que atravesar los Apeninos por su parte más agreste pero la carretera es buena y el paisaje espectacular. La Toscana parece más cercana, pero la carretera desde Florencia, vía Arezzo, es bastante mala y se invierte en recorrerla casi 3 horas principalmente por el difícil paso de los Apeninos.

Una vez allí, vale la pena descubrir Las Marcas, una de las regiones italianas más desconocidas, y, de paso, visitar San Marino.

Un Poco de Historia: Urbino: Duques y Papas:

Romanos, Bizantinos y Edad Media

La ciudad fundada por los romanos como Urvinum Mataurense nunca llegó a tener importancia. Solo cuando el Imperio Bizantino inició su reconquista de la península itálica empezó a ser conocida.

La historia con mayúsculas de la ciudad comienza en el siglo XIII, cuando empiezan las reyertas con las otras ciudades estado de la zona por el poder de la comarca. En esas luchas estaba siempre presente la sombra del Papa, quién mantuvo Urbino en su poder durante largos periodos. La Fortaleza Albornoz, erigida por el cardenal español en el siglo XIV, es el mejor símbolo de aquel poder papal. Tras décadas de combates, en los que la ciudad cambió de manos con facilidad, en el siglo XV los Montefeltro se impusieron definitivamente a los Malatesta como señores de Urbino.

El Ducado de Montefeltro

Federico de Montefeltro. Pedro Berruguete

Federico de Montefeltro fue el fundador del ducado en 1444, pero él no era sólo un condotiero. Quería que su victoria sobre Segismundo Malatesta fuera total. Los Malatesta habían encargado a Batista Alberti la construcción del Templo Malatestiano en Rímini. Montefeltro llamó a su corte a los grandes artistas del momento, incluyendo los arquitectos Luciano Laureana y Giorgio Martini, que se encargaron de la construcción del Palacio Ducal, y los grandes pintores del momento, Piero della Francesca, Perugino, Sandro Boticceli… Junto a ellos vinieron matemáticos, astrónomos, filósofos. Ellos hicieron de Urbino una ciudad plenamente renacentista. Cuando Federico murió, en 1482, Urbino era considerada una de las grandes ciudades de la época.

Guidobaldo, el hijo de Federico, le sucedió en el poder. La prometedora historia del ducado se vio truncada repentinamente por la irrupción de Cesar Borgia, quien conquistó Urbino para las fuerzas papales, y depuso a Guidobaldo. Aunque la destitución fue efímera, los Medici no perdieron oportunidad de perjudicar a su competidora. Guidobaldo murió sin descendencia en 1508 sucediéndole su sobrino Francisco della Rovere.

Pesaro: La Nueva Capital del Ducado

Francisco I della Rovere pertenecía a una de las familias nobles mejor situadas de Italia. La herencia del ducado estuvo facilitada porque en aquellos momentos su tío, Giuliano della Rovere, había accedido al papado bajo el nombre de Julio II. Él era, además, un Papa con intensa actividad política y militar, y no dejo de proteger a su sobrino durante todo su pontificado. En 1512 Francisco della Rovere recibe de Julio II el Señorío de Pésaro y , poco más tarde. decide trasladar allí la capital del Ducado. Urbino seguirá siendo una ciudad importante para el ducado, especialmente para las artes y las ciencias, pero se iniciaba así su decadencia.

Venus de Urbino. Tiziano

Guidobaldo II della Rovere sucedió al frente del ducado a su padre. Su experiencia política y militar le permitió tejer un sistema de alianzas que consolidó el ducado en el tremendo rompecabezas que era la Italia de la época. Durante su mandato se enriquecieron las colecciones ducales por su intensa labor de mecenazgo. Quizás su más famosa adquisición fue el cuadro de Tiziano conocido como la «Venus de Urbino«.

Francisco María II della Rovere, educado en España, participó junto a Juan de Austria en la batalla de Lepanto estrechando así los lazos con la corona española. Poco más tarde sucedió a su padre al frente del ducado, confiriéndole un periodo de gran estabilidad. Sin embargo, en 1631 murió sin descendencia por lo que se vio obligado a legar el ducado a los Estados Pontificios.

El Ducado y los Estados Pontificios

Francisco María II della Rovere

La desaparición del ducado perjudicó enormemente a las colecciones de arte. La gran biblioteca formada por Federico fue llevada al Vaticano para ser la base de la Biblioteca Vaticana. Una parte importante de los cuadros fueron heredados por los Medici (Vittoria, nieta de Francisco María, se había casado con un Medici) constituyendo un buen pedazo de la futura Galería de los Uffizzi.

La región entró en un profundo letargo. Urbino fue esquilmada. Aun así, muchas obras de arte se quedaron en la ciudad conformando la rica colección de la Galería Nacional de las Marcas. La ciudad permaneció prácticamente inalterada, olvidada en las estribaciones de los Apeninos.

Qué visitamos en este post

En el siguiente mapa interactivo podrás localizar con exactitud todos los lugares de los que se habla en el artículo. Podéis usarlo para llegar hasta ellos fácilmente y para seguir los itinerarios propuestos, que incluyen los lugares más representativos Urbino y los alrededores:

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Un Día en Urbino

Urbino sigue siendo una pequeña ciudad perdida en las estribaciones de los Apeninos. Alejada de las rutas turísticas, uno no llega hasta aquí por casualidad, pero la visita no deja a nadie indiferente.

La ciudad no se divisa a lo lejos. Tanto si se viene atravesando los Apeninos como desde la costa Adriática, aparece repentinamente encaramada a las colinas. El rojo del ladrillo contrasta con el verde de los Apeninos. La carretera conduce a la gran plaza del Mercado, ubicada a las puertas de la ciudad. El aparcamiento bajo la plaza es el mejor sitio para dejar el coche y comenzar la visita.

Urbino parece envolverte completamente. El Palacio Ducal se levanta majestuoso en uno de los lados. Al otro lado, un pequeño bosque precede a la Fortaleza Albornoz. Enfrente, tras la puerta de piedra, un extenso barrio de casas de ladrillo asciende por la abrupta colina.

Palacio Ducal

La entrada más fácil parece el arco de piedra, pero mejor dejarlo para el final y decidirse a entrar en Urbino como lo hacían sus duques, por la monumental Rampa Helicoidal. Una de las obras más originales del Palacio Ducal, fue ideada por el arquitecto para facilitar el acceso a Palacio de los duques con sus carruajes y séquito. Hoy pueden usarse estas rampas originales o alternativamente un ascensor sube hasta la entrada del Palacio.

El Palacio fue diseñado originalmente por Luciano Laurana. Él proyectó el bello patio porticado y las dependencias que le rodean. Un patio netamente renacentista, cuyo diseño sería copiado hasta la saciedad en toda Europa. Posteriormente, Francisco di Giorgio Martini asumió la dirección de las obras en 1475. A éste último se deben los espacios más originales del Palacio: las torres y balcones de la fachada principal, la rampa helicoidal y los aposentos ducales.  De entre los aposentos, destaca el Studiolo de Federico de Montefeltro. La inmensa obra realizada entre ambos arquitectos es una auténtica ciudad dentro de la ciudad, con una integración perfecta. Que según las palabras del diplomático, noble, cortesano y escritor italiano del Renacimiento, Baltasar Castiglione, era «La casa más hermosa de toda Italia».

Galería Nacional de las Marcas

Tiempo de tomarse un café antes de emprender el recorrido por la Galería Nacional de las Marcas. Todo en el Palacio es original y sorprendente. Es difícil determinar qué resulta más asombroso, si la colección de obras de arte que alberga o las propias dependencias del Palacio. Obras de Piero della Francesca, Rafael Sanzio, Sandro Boticceli, Pedro Berruguete, Federico Barocci, Pietro Perugino… Si esta Galería estuviera en una gran ciudad italiana habría largas colas para visitarla, pero en Urbino la colección se disfruta casi en soledad.

La perla del Palacio es el Studiolo de Federico de Montefeltro, diseñado por Bramante y decorado por artistas flamencos y Pedro Berruguete. El espacio más privado del duque es hoy una de las más preciadas joyas del Renacimiento.

Al acabar la visita resulta increíble pensar que a pesar de la nutrida y valiosa colección que se exhibe, muchas de las obras que antaño albergaba ya no estén aquí en nuestros días. Muchas de las obras maestras atesoradas por los Montefeltro cuelgan hoy en las paredes de la Galleria degli Uffizzi, y constituyeron en su día una buena base en los inicios de la colección de los Medici en Florencia. Del mismo modo, la enorme Biblioteca se encuentra hoy vacía, pues sus tesoros, germen de la Biblioteca Vaticana, fueron llevados a Roma por los Papas. Y aún así, la Galería de las Marcas es una de las grandes pinacotecas del mundo.

Pedro Berruguete en Urbino:

Autoretrato Pedro Berruguete

Pedro Berruguete había nacido a mediados del siglo XV en un pueblo de Palencia (Paredes de Nava). En su afán por dominar el arte de la pintura se había formado en Salamanca con el mejor pintor español de la época, Fernando Gallego. Lo sorprendente para su época es que su inquietud le llevará a viajar a Italia, a la recóndita pero no menos famosa Urbino, para aprender de la mano de los grandes maestros del momento las nuevas tendencias del Renacimiento. ¿Quién la había hablado de la Escuela de Urbino? ¿Cómo se aventuró a llegar hasta allí?. Hoy habría recibido una beca para estudiar en Urbino, pero entonces ni siquiera había mecenas dispuestos a pagar ese viaje.

El caso es que se presentó en la corte de Urbino y fue muy bien recibido. Hasta el punto que sus cualidades le hicieron llegar a ser el pintor de cámara de Federico de Montefeltro. Allí se convirtió en un maestro, siendo considerado a su vuelta a España como uno de los pintores de mayor prestigio. A su regreso recibió todo tipo de encargos de nobles y obispos. Y es que, a pesar de no existir los modernos medios de comunicación,  las noticias se propagaban rápidamente. Él y su hijo, Alonso Berruguete, fueron dos de los grandes impulsores del Renacimiento en España.

Grandes Plazas y Avenidas. Estrechas callejuelas

La Plaza del Renacimiento nos espera al salir del Palacio Ducal. Un enorme espacio rodeado de los mejores edificios de la ciudad: el propio Palacio Ducal, la Catedral, el Palacio Municipal y la iglesia de Santo Domingo. Es allí donde se empieza a comprender que la ciudad, a pesar de haberse conservado intacta, no es un museo. Está llena de vida. Los estudiantes llenan las calles, especialmente esta plaza. La vieja Universidad renacentista sigue siendo puntera en materias como el Arte, la Filosofía y las Letras.

Alrededor de la Plaza del Renacimiento surgen pequeñas callejuelas que serpentean las laderas de la colina. Las casas de ladrillo tienen sencillas portadas de piedra. Entre ellas se alzan a menudo palacios renacentistas, que en su día pertenecieron a los nobles de la corte, y hoy han sido convertidos en sedes universitarias.

Catedral de Santa María Assunta (Nuestra Señora de la Asunción)

La Catedral es prácticamente el único monumento histórico no renacentista de la ciudad. Tras venirse abajo en un terremoto tuvo que ser reconstruida en el siglo XVIII en estilo neoclásico. Quizás por eso no desentona nada en el conjunto urbano. El mármol blanco de la fachada contrasta con los edificios de ladrillo que la rodean, mientras las figuras de obispos y santos que la adornan parecen supervisar la vida en la plaza.

Plaza de la República

La Vía Vittorio Veneto desciende hasta la Plaza de la República, el corazón de Urbino. Rodeada por grandes palacios y por la austera iglesia de San Francisco. Siempre repleta de gente. A su fuente acuden los estudiantes para celebrar su graduación. Bajo las arcadas de los palacios se encuentran los restaurantes más concurridos. Por cierto, ya va siendo hora de comer.  Dos buenos lugares para hacerlo son la Taverna degli Artisti, en la Vía Bramante, o el Tartufi Antiche Bonta, en la Vía Raffaelo.

La plaza une la parte noble con la más popular. Desde aquí surgen amplias avenidas hacia las puertas de la muralla. Avenidas muy del gusto renacentista, trazadas para impresionar, siempre con hermosas perspectivas, acentuadas en algunas por su gran pendiente como en la Vía Mazzini, que desciende a la Plaza del Mercado, o en la Vía Raffaelo, que sube hacia la Fortaleza Albornoz.

Los barrios de artesanos, delimitados por las anchas avenidas, están salpicados de pequeñas iglesias y oratorios. Sus estrechas calles con casas de ladrillo son claramente medievales. Lugares para perderse mientras se sube y se baja de las colinas.

Via Mazzini: Oratorios de San Giovanni y San Giuseppe

Los populosos barrios esconden grandes sorpresas. Junto a la empinada Vía Mazzini se encuentran dos pequeños oratorios, de apariencia austera en su exterior, que albergan obras de arte muy singulares.

En el Oratorio de San Giovanni, Lorenzo y Jacobo de San Severino Marche pintaron a comienzos del siglo XIV uno de los ciclos de frescos del gótico florido mas conocidos de Italia. La pared del altar mayor está cubierta con el gran fresco de la Crucifixión, mientras las paredes laterales exhiben el ciclo de frescos sobre la vida de San Juan Bautista. Los personajes llaman la atención por sus llamativos y coloridos trajes medievales. Curiosos los soldados romanos vestidos con atuendos militares medievales o algunas escenas de la vida cotidiana en la Edad Media.

Unos metros más allá, en el Oratorio de San Giuseppe, un extraordinario nacimiento esculpido en el cinquecento por Federico Brandani llena toda la capilla. Una obra maestra del manierismo.

Mirador del Parque de la Resistencia

El Parque de la Resistencia ocupa la cima de la otra gran colina de Urbino. Hay que subir, casi trepar, por la larga Vía Raffaello para llegar hasta allí. El esfuerzo vale la pena porque desde el Parque se disfruta de las mejores vistas sobre la ciudad. Al llegar a la cima, fuera ya de las murallas se encuentra el monumento al hijo predilecto de la villa, Rafael Sanzio.

Hijos Ilustres de Urbino: Rafael y Bramante

La corte ducal de los Montefeltro atrajo a artistas de todo el mundo. No es casualidad que en Urbino nacieran dos de las figuras más importantes del Renacimiento. Tenían la escuela en casa. Rafael Sanzio nació y se educó en Urbino durante la época dorada de la ciudad. La visita de su casa, muy cerca de la Plaza de la República, nos enseña como era una vivienda del siglo XV perteneciente a la clase burguesa.

Donato di Angelo di Antonio, conocido como Bramante, nació en Fermignano, un pequeño pueblo muy cercano a Urbino, y se educó también en la corte de Montefeltro, viendo construir el Palacio y pintar a los grandes artistas de la época. Tanto Bramante como Rafael se trasladaron a Roma amparados por el Cardenal della Rovere, que luego se convertiría en el Papa Julio II, y allí realizarían la mayoría de sus mejores obras, pero fue en Urbino donde recibieron toda su formación y donde todavía se pueden contemplar sus primeras obras.

Fortaleza Albornoz

Nos habíamos quedado en la cima de la Vía Raffaello. Todavía queda subir un poco más para llegar a la Fortaleza Albornoz, rodeada por el bonito Parque de la Resistencia. La pequeña fortaleza de ladrillo fue mandada construir por el cardenal español tras su conquista de la ciudad en el siglo XIV. Se conserva intacta desde entonces, señal de que no tuvo que soportar grandes guerras ni asedios.

Lo espectacular del Parque de la Resistencia son sus  vistas. Al atardecer la piedra y el ladrillo brillan a la luz del sol. Una perspectiva imborrable de lo que se concibió como una ciudad plenamente renacentista, donde el arte y las ciencias brillaron durante más de un siglo. La ciudad ideal. Un lugar para el alma.

 

Dónde dormir:

Aunque en Urbino es posible encontrar alojamientos con muy buena relación calidad-precio, os recomendamos si queréis visitar Las Marcas buscar un hotel cerca de la costa adriática desde donde será mucho más fácil desplazarse a cualquier parte de la región.

Villa Cattani Stuart: Via Trebbiantico 67, 61122 Pesaro. Tf:  +39 072155782 (www.villacattani.it). Las villas se hicieron populares en el Ducado de Urbino tras el cambio de su capital a Pésaro. En los alrededores de la ciudad, cerca del mar, los nobles construyeron sus residencias a partir del siglo XVII. La Villa Cattani Stuart es un buen ejemplo de esa arquitectura y de sus preciosos jardines. Alojarse en ella es un lujo asequible. El mejor lugar desde el que descubrir las bellezas de una de las regiones menos conocidas de Italia. Desde 100€ doble con desayuno.

Dónde comer:

En Urbino, y en general en Las Marcas, se puede disfrutar de la deliciosa gastronomía italiana a unos precios más moderados que en las ciudades más turísticas y pobladas. Algunas buenas opciones donde reponer fuerzas son:

Taverna degli Artisti: vía Donato Bramante 52, 61029 Urbino. Tf: +39 07222676. Un local de ambiente familiar donde ofrecen cocina italiana casera. Alrededor de 20€ por persona.

Tartufi Antiche Bonta: Vía Raffaello 35, 61029. Tf +39 0722328362. Acogedora bodega de acceso casi oculto en la calle Raffaello. Cocina tradicional italiana con platos deliciosos. Entre 20€ y 25€ por persona.

Urbino del Laghi: Vía San Giacomo in Flagia 7, Pantiere 61029. +39 0722580305. En el camino a la costa adriática desde Urbino vale la pena hacer un alto en este lugar para disfrutar de su estupenda terraza al lado de un lago y de los sabrosos platos tradicionales. Alrededor de 25€ por persona.

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