Bram Stoker, el autor de Drácula, escribió más de 20 libros, pero sólo es recordado por su novela inspirada en aquel terrible conde rumano. Lo peor de todo es que el escritor irlandés jamás había pisado Rumanía y todo lo que sabía de ese país provenía de un par de obras literarias. La figura del protagonista está basada en un personaje histórico real; Vlad Tepes, Príncipe Valaquia (región meridional de la actual Rumanía) que gobernó durante el siglo XV.

Es cierto que el tal Conde Tepes fue conocido como “el Empalador”, apelativo ganado a fuerza por ser dicho método de tortura, el más empleado contra sus enemigos, pero, Vlad Tepes era y es considerado un héroe nacional en Rumanía por haber luchado con éxito contra la invasión turca. De modo que el libro que a todos nos recuerda Rumanía fue escrito por alguien que jamás piso esa tierra y que se atrevió a convertir a uno de sus héroes históricos, en un terrible monstruo de leyenda.

Os proponemos una ruta que recorre los principales lugares ligados a la figura literaria del conde Drácula y al verdadero Vlad Tepes, Príncipe de Valaquia. Una ruta que mezcla la fantasía de una de las novelas más influyentes del pasado siglo con la realidad histórica de un conde que tuvo mucho que ver con el nacimiento de la actual Rumanía. Un recorrido que incluye algunos de los lugares más fascinantes de este país, que es todavía hoy en día, uno de los secretos turísticos mejor guardados de Europa. Empecemos con las palabras de invitación que el conde Drácula dijo a Jonathan Harper, el protagonista de la novela, para entrar en su castillo:

“Bienvenido a mi casa. Entre libremente. Pase sin temor. ¡Y deje en ella un poco de la felicidad que trae consigo!”

Cómo llegar:

El Aeropuerto Internacional de Bucarest-Henri Coandă es el mayor punto de entrada al país para los viajeros procedentes de España. Varias compañías aéreas (Air Europa, BlueAir, Iberia, Ryanair, TAROM y WizzAir) vuelan a distintas ciudades españolas (Alicante, Barcelona, Madrid, Málaga y Valencia).

Lo más fácil es alquilar un coche en el aeropuerto para realizar un viaje por el país. Los lugares de mayor interés se encuentran en la región de Transilvania. Los 170 km que separan Bucarest y Brasov tardan en recorrerse algo más de 2 horas y media y en el camino puede visitarse el famoso Castillo de Bran y la Fortaleza de Rasnov. Brasov, además, puede ser un buen punto de partida para organizar la visita a dos de las ciudades más recomendables de Transilvania: Sibiu y Sighisoara que están a sólo 100 km (alrededor de 1 hora y media en coche). Muy cerca de la ciudad están también algunos de los mejores ejemplos de iglesias fortificadas de Transilvania.

Bistrita y Pietra Fantanele, los principales lugares por donde transcurre la novela de Bram Stoker, están bastante más al norte pero el viaje hasta allí merece la pena para conocer la parte más salvaje de los Montes Cárpatos.

Un poco de Historia: Vlad Tepes o el Empalador. El Nacimiento de Rumanía

Rumanía es uno de los diez países más grandes de Europa. Sus 238.000 km2 equivaldrían aproximadamente al territorio del sur de España de Madrid para abajo. Desde la Edad Media sus tres principales regiones son: Valaquía, Transilvania y Moldavia. Siendo el primero el más meridional, correspondiente al valle del curso bajo del Danubio, el segundo, el noroccidental, una meseta montañosa que lo separa de Hungría y el tercero, el más oriental de todos.

El nacimiento de los voivodatos en la Edad Media

La división territorial de Rumanía se originó en la Edad Media. Las tres regiones resultantes fueron conocidas, a semejanza de otros países de Europa del Este, como voivodatos. La creación de los tres territorios tuvo mucho que ver con la expansión del Reino de Hungría. Los húngaros se hicieron con el control de Transilvania en el siglo XII. Un control que ya no abandonarían, ejercido primero como Reino y más tarde como el Imperio Austro-Húngaro hasta el final de la Gran Guerra.

Los húngaros también controlaron el resto del territorio de Rumanía durante el siglo XIII pero en vez de afianzar su dominación sobre los territorios situados más allá de los Cárpatos decidieron crear allí estados vasallos que les sirvieran como defensa ante las peligrosas invasiones primero de los tártaros y más tarde de los turcos. Así nacieron Valaquia y Moldavia. Entre finales del siglo XIII y principios del XIV Valaquia y Moldavia se proclamaron principados –voivodatos- independientes y expulsaron definitivamente a los húngaros.

La alegría de valacos y moldavos duro poco. Un poderoso enemigo empezaba a amenazar por el sur. La Sublime Puerta quería conquistar toda Europa y tanto Valaquia como Moldavia iban a acabar ejerciendo de frontera. Los principados resistieron bien al principio las embestidas turcas. Incluso consiguieron sonadas victorias durante los siglos XIV y XV.

La Historia de Vlad el Empalador

El príncipe que mejor simboliza está época es Vlad III Tepes (“el Empalador”). Como su padre, Vlad II, también recibía el apodo de Dracul o Draculea que provenía de su pertenencia a la Orden del Dragón fundada por el rey Segismundo de Hungría.

Vlad Tepes había nacido en Sighisoara en 1431. A los 13 años fue entregado junto a su hermano a los turcos por su padre como prueba de lealtad al sultán. Al volver del exilio supo que su padre había sido asesinado por los boyardos, la aristocracia rumana. No paró hasta hacerse con el que consideraba su legítimo trono, el principado de Valaquia. En 1456 fue por fin coronado príncipe. Gobernó con mano de hierro, descargando su odio especialmente contra los boyardos y los sajones. Le gustaba empalar a sus víctimas con el fin de aterrorizar al enemigo. En Brasov empaló el día de San Bartolomé de 1459 a 30.000 sajones que se habían negado a pagarle tributo. Consiguió así que Transilvania no acogiese a sus enemigos y se aviniera a pagarle tributos. Luego volcó su odio contra los turcos. En 1461 derrotó al mismísimo Sultán Mehmed II, conquistador de Constantinopla, en Giurgiu (ciudad situada en la frontera con Bulgaria). Cuando el sultán, a finales del mismo año quiso tomarse la revancha, en su marcha descubrió el terrorífico panorama de un bosque de 23.000 prisioneros empalados, en su mayoría turcos. La sobrecogedora visión le hizo retroceder.

Vlad TepesVlad no empalaba con anarquía sino siguiendo un orden. A mayor rango mayor longitud de la estaca. Los empalados debían, además, formar figuras geométricas, fundamentalmente círculos concéntricos. En 1462 se atrevió a cruzar el Danubio y volvió a derrotar a los turcos. Las orejas y narices de los cadáveres de más de 20.000 turcos fueron mandadas al rey de Hungría para animarle a unirse a la lucha. El sultán Mehmed II, harto de ser ridiculizado, envió un ejército de 150.000 hombres al mando del hermanastro de Vlad, Radu. En vez de enfrentarse al ejército turco, Vlad le diezmaba en frecuentes escaramuzas. Finalmente, sin embargo, fue rodeado y vencido en su fortaleza de Poenari y Radu accedió al trono de Valaquia como vasallo del sultán.

No se sabe por qué extraña razón Vlad no sólo no fue condenado a muerte sino que consiguió escapar de su prisión en el Castillo de Corvino en 1474. Su determinación aún estaba intacta. Reunió un nuevo ejército aliado con Transilvania y Moldavia, reconquistando para sí, el principado de Valaquia. Este segundo reinado fue mucho más efímero. Mehmed volvió a mandar a un enorme ejército, esta vez bajo el mando de Basarab, a la conquista de Valaquia en 1476. Vlad se enfrentó a ellos en los campos de Bucarest pero esta vez había ido demasiado lejos tentando al destino, y la suerte no corrió de su parte. No sólo acabo muerto, sino que le cortaron la cabeza, la desollaron y se la llevaron a Constantinopla, donde estuvo colgada de una estaca hasta que se pudrió completamente. Un fin a la altura de su mito y metodología.

En los cortos años que duro su gobierno adquirió también fama de justiciero. No toleraba que una mujer no llegara virgen al matrimonio o no se ocupara con esmero de las tareas del hogar. Se cuentan muchas anécdotas de su gobierno. En una ocasión un comerciante acudió a su castillo a denunciar el robo de una bolsa de monedas de oro. Vlad le mando volver al día siguiente. Cuando llegó de nuevo al castillo los ladrones estaban empalados en el patio del castillo y Vlad le devolvió la bolsa de monedas de oro diciéndole que las contara. El comerciante las contó cuidadosamente y murmuró que le sobraba una. Vlad le dijo: “Ve con Dios, tu honradez te ha salvado. Si hubieras intentado quedártela habría ordenado que tu destino fuera el mismo que el de tus ladrones”.

La Leyenda de Drácula y Vlad el Empalador

Vlad fue aclamado como un héroe por los rumanos desde el siglo XIX. Un príncipe que siempre luchó frente al invasor. Las formas eran lo de menos, correspondían a la época. El problema fue que Bram Stoker cuando escribía su novela le dio por basarse en el personaje. Su sed de sangre (se decía que mojaba el pan en la sangre de sus víctimas empaladas) le iba muy bien a su protagonista. El apodo le sugirió, además, el título para su obra. Hoy todos asociamos Drácula con un vampiro y no con la Orden del Dragón. Y eso, ¡no les gusta nada a los rumanos!

El Nacimiento de Rumanía

Las cosas siguieron más o menos igual en Valaquia y Moldavia. Cada vez el sometimiento a los turcos era mayor pero aún había periodos de independencia. En 1600 Miguel el Valiente, Mihai Viteazul, consigue la Unión de Valaquia, Transilvania, y Moldavia. Sólo duro un año pero fue la única vez que los tres territorios estuvieron unidos hasta el siglo XX.

En el siglo XVII el poder del Imperio Otomano impidió ya cualquier tipo de independencia. Moldavia y Valaquia fueron gobernados como estados vasallos por una pequeña elite turca. No hubo colonización. Por eso no se ven mezquitas en el territorio.

El resurgimiento del sentimiento rumano comienza en el siglo XIX. Para entonces el peligro ya no era sólo la Sublime Puerta sino también Rusia. La Guerra de Crimea (1853-1856) provoca la invasión de Valaquia y Moldavia por Rusia. Sin embargo, Francia y Reino Unido se alían contra Rusia para impedir su expansión. Las cosas se ponen así fáciles para que en 1859 los voivodatos de Valaquia y Moldavia se unan bajo un príncipe común. La independencia es ya un hecho aunque no será proclamada hasta 1877-1878, cuando Rumanía manda a sus tropas a luchar contra el Imperio Otomano en la nueva guerra ruso-turca. En 1881 el Tratado de Berlín reconoce la Independencia de Rumanía.

Faltaba Transilvania, que seguía en manos del Imperio Austro-Húngaro, y los territorios de Besarabia y Bucovina, anexionados por el Imperio Ruso en el siglo XIX. El final de la I Guerra Mundial supuso la desaparición de ambos imperios. Transilvania, Bucovina y Besarabia pidieron su unión a Rumanía. Así nació la Gran Rumanía.

Una lectura para el viaje: Drácula

La novela de Bran Stocker alcanzó un éxito inmediato tras su publicación en 1897. En Europa ya se hablaba de historias de vampiros desde principios del siglo XIX pero desde la aparición del libro los vampiros han estado asociados al célebre Conde Drácula. La novela no ha parado de reeditarse constantemente hasta nuestros días y se ha convertido en un clásico de la literatura universal. El paradigma de las novelas de terror.

El escritor irlandés parece que se baso en un par de obras literarias y en las conversaciones que mantuvo con un erudito húngaro para dar forma a su personaje principal. El libro, escrito en forma epistolar, plantea también otros temas como el papel de la mujer en la sociedad victoriana de la época, el colonialismo o las tradiciones y el folclore. Sin embargo, todo queda eclipsado por la figura del vampiro.

En los 120 años que han transcurrido desde la aparición de la novela, se han rodado más de 20 películas basadas directamente en el personaje principal y centenares relacionados con los vampiros e inspiradas más o menos directamente por el libro. Desde “Nosferatu”, película muda estrenada en 1922 y dirigida por FW Murnau, pasando por el Drácula de Bram Stoker”, dirigida por FF Coppola en 1992 que cosechó un rotundo éxito en taquillas, hasta Drácula: la leyenda jamás contada”, dirigida por Gary Shore en 2014, se han sucedido las versiones sobre la novela y no parece que el tema se haya ni mucho menos agotado.

Qué visitamos en este post

En el siguiente mapa interactivo podrás localizar con exactitud la ruta propuesta y todos los lugares de los que se habla en el artículo.

Una Ruta Vampírica por Transilvania

Los lugares ligados a la vida de Vlad Tepes, el príncipe de Valaquia que desafió a los turcos, y del Conde Drácula, el vampiro que tenía su castillo en los Cárpatos, componen una ruta que va desde la capital del país a las zonas más remotas de Transilvania, junto a la frontera de la Bucovina. Os proponemos cinco etapas para ir descubriendo la verdad y la ficción del personaje real y del protagonista de una de las novelas más paradigmáticas del romanticismo.

1. Bucarest: De la “Paris de Oriente” a la “Ciudad Gris” de Ceaucescu

Bucarest es la puerta de entrada al país y la primera etapa de cualquier ruta vampírica por Rumanía. El primer documento escrito que referencia la ciudad como capital de Valaquia data de los tiempos de Vlad Tepes. El empalador fijo aquí su corte y desde la Curtua Veche dirigió su sanguinaria guerra contra los turcos.

Hoy la capital de Rumanía tiene más sombras que luces. La dictadura de Ceaucescu, el último líder de la República Socialista de Rumanía, apagó los destellos de la que una vez había recibido el nombre de la “París de Oriente”. Los proyectos megalomaniacos del “conductor” acabaron con más de la mitad de un casco histórico que se había configurado principalmente en la Belle Epoque. En su lugar dejo grandilocuentes avenidas y enormes edificios grises de estética soviética. El símbolo de los disparatados proyectos del dictador es el Palacio del Parlamento, el segundo edificio más grande del mundo después del Pentágono. La perspectiva desde la Plaza Unión puede ser bonita pero no es una joya arquitectónica y mucho menos merece la pena la visita guiada de dos horas que se organiza para ver las fastuosas estancias.

El pequeño casco histórico se articula entre la calle Victoria, donde tenían sus palacios residenciales los boyardos (nobles), y la calle Lipscani, la de los comerciantes de Transilvania. La antigua calle Grande cambio su nombre por el de Victoria para celebrar el triunfo sobre los otomanos en 1878 y la independencia del país. Allí se encuentran algunos de los grandes edificios construidos a finales del siglo XIX como el Palacio CEC, actual sede de un banco, y el Palacio Postelor, antigua sede central de Correos que alberga hoy el Museo Arqueológico. Precisamente detrás de este edificio está la iglesia más bonita de Bucarest, Biserica Stavropelos, construida en el siglo XVIII. Enfrente hay que buscar uno de los locales más típicos, Caru´cu bere (Carro con Cerveza), punto de reunión de los intelectuales de la capital. Buen sitio para un tentempié.

La corte vieja o Curtua Veche, fue mandada construir en el siglo XV por el propio Vlad Tepes, el Empalador. De ahí, su estatua al pie de las ruinas. Justo al lado se encuentra la coqueta Iglesia de la Anunciación, después llamada Iglesia de Curtea Veche, el templo más antiguo y el lugar donde se coronaba a los voivodas. Muy cerca está el restaurante más famoso de la ciudad: Hanul Manuc. Un gran edificio con un patio porticado de madera. Debe su nombre a su primer propietario, Manuc Bey, un turco de origen armenio nacido en la ciudad búlgara de Ruse que realizó espionaje para turcos y rusos. Parece un trabalenguas pero era la realidad cotidiana del inmenso Imperio Otomano. La gran casa, más o menos con su forma actual, fue abierta como “posada y restaurante para viajeros y sus carruajes” en 1808.

La larga avenida Soseaua Kiseleff conduce desde el centro histórico al Parque Herastau, el mayor de Bucarest. En el parque, una vez rebasado el Arco del Triunfo, erigido en conmemoración de la victoria en la I Guerra Mundial, se encuentra el Museo de la Aldea. Un museo al aire libre donde se han reconstruido edificios tradicionales procedentes de las diferentes partes del país. Las joyas del museo son las iglesias de madera de Maramures y las casas del pueblo de Goicea Mica, en el delta del Danubio. Una buena introducción para la visita al corazón de Transilvania.

2. Bran: ¿El Castillo de Drácula?

La principal entrada en Transilvania a través de los boscosos Cárpatos está protegida por un castillo legendario. Construido en el siglo XIII por los Caballeros Teutónicos en lo alto de una roca, el Castillo de Bran impresiona por su sólido aspecto y sus altas torres. Para desilusión de algunos no se conoce su protagonismo en ningún conflicto bélico importante. Su principal cometido fue siempre proteger la ruta comercial a Valaquia.

Hoy es el monumento más visitado de Rumanía gracias a su relación con Vlad el Empalador y Drácula. Sin embargo, se sabe que Vlad Tepes nunca residió en el castillo. A lo sumo paso por aquí a tomarse algo. De Drácula sabemos menos pero se dice que su morada estaba mucho más al norte. En fin, todo ello no impide que los alrededores del castillo se hayan convertido en un parque temático dedicado al terrible vampiro. Si se superan los puestos de recuerdos, se accede al frondoso parque que lleva a la entrada del castillo. En el interior se puede hacer un recorrido por el pequeño patio de armas, los angostos corredores y las estancias decoradas en su mayor parte en tiempos de la reina María.

El castillo fue donado por la ciudad de Brasov a la reina María en 1920, quién lo convirtió en su residencia favorita. María de Sajonia-Coburgo-Gotha había nacido en el seno de la familia real británica. Fue la última reina consorte de Rumania como esposa del rey Fernando I. Confiscado durante los tiempos de la República Socialista, el castillo fue devuelto a la familia real rumana en 1990. Hoy está en venta por el módico precio de 40 millones de euros.

3. Brasov: La ciudad sajona que lidero el comercio entre Oriente y Occidente

El Monte Tampa domina desde sus 1000 metros el casco histórico de Brasov. El frondoso bosque que lo cubre, donde no es raro avistar osos, llega hasta las casas de la ciudad. Un teleférico permite alcanzar fácilmente la cumbre. Al salir de la cabina hay que seguir el paseo que conduce al mejor mirador sobre la vieja urbe sajona. El camino no tiene perdida. La meta está situada al lado de un cartel con enormes letras hollwoodianas que exhiben el nombre de la ciudad. Abajo se conserva casi intacta la orgullosa ciudad fortificada fundada por los sajones en el siglo XIII y enriquecida con el lucrativo comercio entre Oriente y Occidente.

Vlad “el Empalador” dejo aquí un terrible recuerdo. En su conflicto contra los sajones conquistó la fortaleza y se dedicó, haciendo honor a su apodo, a empalar a los mercaderes en las laderas del monte Tampa.

La Plaza del Consejo es el corazón de la vieja ciudad sajona, cuyo nombre alemán, Kronstat, se conservo hasta bien entrado el siglo XX. La Casa del Consejo se alza aislada en medio de la plaza. Construida en el siglo XV como sede del gremio de curtidores, posteriormente albergó el Consejo de Cien Ediles de la ciudad (al parecer aquí ya se estilaba lo del exceso de cargos públicos). La torre ejercía funciones de vigía y es conocida como la Torre del Trompetista. Aquí Miguel el Bravo proclamó la primera unión de los tres voivodatos rumanos en 1600. Los coloridos edificios que componen la plaza datan fundamentalmente de los siglos XVI a XVIII. La Iglesia de la Santísima Trinidad era el templo más importante ortodoxo pero debía estar retranqueado porque el Imperio Austro-Húngaro no permitía acceso directo a la calle a los templos no católicos.

Muy cerca de la Plaza del Consejo, dominando la ciudad, se alza la Biserica Negra, Iglesia Negra, el templo gótico más grande de Rumanía. Su nombre proviene del color en que quedo la piedra tras el incendio sufrido en 1689. El interior alberga una magnífica colección de  alfombras orientales donadas por los ricos mercaderes en los siglos XVII y XVIII, los llamados tapices de Anatolia. La otra joya del templo es el órgano, uno de los más grandes de Europa, con más de 4000 tubos. En verano se organizan frecuentes conciertos para apreciar su espectacular sonoridad.

El eje principal del casco antiguo es la Stradá Republicii donde se encuentran los mejores comercios y restaurantes de Brasov. Una gran parte del centro histórico está peatonalizado y vale la pena perderse por sus tranquilas calles que esconden pequeñas iglesias y sinagogas y conservan las características de la arquitectura sajona medieval.

La enorme muralla que rodeaba la ciudad fue construida entre los siglos XIV y XVII y cubría un perímetro de 3 kilómetros. En la muralla cada uno de los bastiones era responsabilidad de un gremio. Los que aún se conservan siguen llevando el nombre del gremio que lo construyó. Intramuros residía la población sajona y húngara. El resto de la población debía construir sus casas fuera de las murallas. La mayor parte de las murallas fueron derribadas a finales del siglo XVIII pero aún se conservan algunos bastiones, torres y puertas que permiten apreciar cómo eran las fortificaciones y cuáles eran los límites de la ciudad vieja. Los mejor conservados son la Torres Blanca y Negra en el norte, buenos miradores sobre el casco antiguo, el Bastión de los Tejedores, en el sur, donde se encuentra el Museo de las Murallas, y las Puertas de Santa Catalina y Schei en el este, que daban acceso al barrio de los rumanos.

4. Siguisoara: El conjunto monumental más espléndido de toda Rumanía

La carretera entre Brasov y Sighisoara transcurre entre las estribaciones de los Cárpatos y las fértiles tierras de característico color negro de la meseta. Al llegar al valle del río Tarnava se divisa ya en lo alto la colorida ciudadela medieval.

La ciudad fortificada de Sighisoara fue fundada por los sajones en el siglo XII con el nombre de Schässburg. Durante siglos estuvo gobernada por unos gremios que le proporcionaron riqueza y esplendor. Sufrió ocupaciones militares, incendios y plagas en los siglos XVII y XVIII pero las fortificaciones e iglesias apenas sufrieron daños y las casas fueron reconstruidas en estilo barroco y neoclásico. La ciudad perdió importancia en los tiempos modernos lo cual ayudo a mantener su excelente estado de conservación. La ciudadela medieval es hoy considerada la más bonita y mejor preservada de Europa lo cual le ha valido entrar a formar parte del selecto listado de la UNESCO del Patrimonio de la Humanidad.

Entre sus muros nació en 1431 Vlad Tepes. Aquí paso los primeros años de su infancia en un entorno que no debió haber sido muy diferente del que ahora podemos ver. Su casa, convertida en un restaurante y en un museo sobre el célebre príncipe, es una de las principales atracciones del casco histórico aunque en este caso lo que se muestra sea producto fundamentalmente de la imaginación.

La ciudad baja empezó a construirse al final del siglo XV. Los tiempos parecían más tranquilos para poder vivir fuera de las murallas y la vida era mucho más cómoda junto al río. La plaza Hermann Oberth, dedicada al ingeniero aeronáutico que diseñó los primeros cohetes, es el centro de la ciudad baja y desde donde se suele empezar el recorrido por la ciudad.

La calle Turnului enlaza la plazas de Hermann Oberth y Cetatii, corazón de la ciudadela, a través de la llamada Torre del Consejo o Torre del Reloj, el edifico más emblemático de Sighisoara. La enorme torre fue construida en el siglo XIV y en el siglo XVII se le añadió su famoso reloj. Desde de la torre se obtiene una de las mejores vistas de la ciudadela.

La plaza Cetatii, en el centro la ciudad alta, está rodeada de edificios de época renacentista y barroca. El más curioso es la Hirscherhaus, conocida como la Casa del Ciervo por la cabeza de ciervo de madera con cuernos de tamaño natural que adorna la fachada.

La calle de los Escolares enlaza la plaza Cetatii con la famosa Escalera de los Escolares, una preciosa escalera de madera cubierta construida en el siglo XVII para proteger la ruta de los niños hacia el colegio, que sube hasta las antiguas escuelas y la Iglesia de la Colina, en la parte más alta de la ciudadela. Frente a la iglesia se encuentra el cementerio sajón, rodeado por una verja y a la sombra de árboles centenarios.

Un paseo por las calles más alejadas del centro de la ciudadela nos descubre las peculiares casas sajonas de un piso con tejados a dos o cuatro aguas que hoy han recuperado los vivos colores de sus fachadas. La ciudad alta está rodeada por grandes murallas, defendidas a su vez por torres y bastiones construidos durante el siglo XIV por sajones y húngaros y que aún conservan los nombres de los gremios de artesanos que se encargaban de su mantenimiento.

5. El Escenario de la Novela: De Bistrita al Paso del Borgo

Bistrita fue también fundada por los sajones en el siglo XII pero su estado de conservación dista mucho de parecerse al de las otras ciudades sajonas. Únicamente en torno a la plaza central se conservan algunas casas porticadas medievales y la iglesia evangélica. Los viajeros se acercan hasta aquí para conocer la Posada Corona de Oro, el lugar donde se alojo Jonathan Harker antes de partir en la diligencia hacia el Paso del Borgo. Hoy la vieja posada ha sido sustituida por un insulso y moderno hotel que defrauda a los visitantes pero la ciudad no olvida su protagonismo en la novela.

Las largas horas que tardaba la diligencia en alcanzar el Paso del Borgo desde Bistrita se han reducido a escasos 30 minutos por una buena carretera que se va adentrando en los Montes Cárpatos. La mansión de Drácula fue una invención de Stoker pero en el lugar donde la situó el escritor se construyó a finales de los 70 el Hotel Castillo de Drácula con un diseño que pretende rememorar algunas de las características descritas en la novela incluyendo la cripta donde estaba enterrado el conde. Hasta la cripta se organizan visitas que acaban con una tremenda sorpresa.

Enfrente del hotel el moderno Monasterio de la Natividad ostenta una enorme cruz quizás para protegerse de los juegos del conde. Lo mejor es el emplazamiento del hotel, rodeado por una de las zonas más salvajes de los Montes Cárpatos, con inmensos bosques de abetos.

Rumanía es un país muy asequible para los europeos occidentales. Hay muchas posibilidades de alojamiento en apartamentos habilitados en multitud de viviendas a precios realmente bajos. En los últimos años se han rehabilitado edificios históricos convirtiéndolos en pequeños hoteles con encanto en los que merece la pena quedarse. Algunas buenas opciones que pueden servir de base para la ruta que os proponemos son:

En Brasov:

Casa Wagner: 5 Piata Sfatului, 500031 Brasov. Tf: +40 268411253 (www.casa-wagner.com). Ocupa una casa del siglo XV en la plaza del Consejo. El edificio ha sido rehabilitado respetando la estructura original y decorado con esmero. Alrededor de 60€ la habitación doble sin desayuno.

Casa Antica: Str. Republicii 22, 500030 Brașov. Tf: +40 770640325 (www.casaantiqua.ro).  Otra casa rehabilitada en la avenida principal del casco histórico. Alrededor de 50€ la habitación doble sin desayuno.

En Sighisoara:

Pension am Schneiderturm: Zidul Cetatii 4, 545400 Sighişoara. Tf: +40 265771853 (www.schneiderturm.ro). Una cuidada rehabilitación de la Torre de los Sastres y de un edificio junto a las murallas permitió crear este acogedor hotel en uno de los lugares más tranquilos de la ciudadela. El inconveniente es que el coche hay que dejarlo en la ciudad baja. Alrededor de 60€ la habitación doble con desayuno incluido.

Casa Wagner: 7 Piata Cetatii, 545400 Sighişoara (www.casa-wagner.com). Un hotel con las mismas características que su homólogo en Brasov. Fruto de la rehabilitación de una casa antigua en la plaza central de la ciudadela. Tiene un acogedor patio central alrededor del cual se distribuyen las habitaciones decoradas con muebles antiguos. Los inconvenientes derivan de que si lleváis coche no podréis subir con él hasta la ciudadela y que el mantenimiento de algunos detalles deja un poco que desear pero el lugar es perfecto. Alrededor de 50€ la habitación doble sin desayuno.

Gasthaus Alte Post: P-Ta Hermann Oberth 38, 545400 Sighisoara. Tf: +40 365430270. (www.gasthaus-altepost.ro). Situado en la plaza principal de la ciudad baja. Habitaciones muy sencillas pero cómodas. Alrededor de 45€ la habitación doble con desayuno incluido.

En Piatra Fantanele:

Hotel Castel Dracula: Principala 4, 427363 Piatra Fantanele. Tf: +40 263264010 (www.hotelcasteldracula.ro). En el lugar en el que la novela situaba el castillo del Conde Drácula se construyó a finales de los años 70 un hotel temático. No se ahorraron detalles en la decoración y hasta se incluyó una cripta con la tumba del conde hasta donde se organizan visitas con una buena sorpresa. La idea era fantástica aunque la fea estética de los 70 impidió una mejor realización y hoy el hotel languidece en espera de tiempos mejores. No obstante, es una buena opción si llegáis hasta estos confines de los Cárpatos. El paisaje que rodea el hotel merece por si sólo la visita. Alrededor de 40€ la habitación doble con desayuno incluido.

Restaurantes

En Bucarest:

Hanul Manuc Str. Franceză 62-64, 030081 Bucarest. Tf: +40 730188653 (www.hanumanucrestaurant.ro). El restaurante fue abierto como “posada y restaurante para viajeros y sus carruajes” en 1808. Ocupa un gran edificio muy cerca de la Plaza de la Unión con un bonito patio porticado de madera. Debe su nombre a su primer propietario, Manuc Bey, un turco de origen armenio nacido en la ciudad búlgara de Ruse que realizó espionaje para turcos y rusos (todo un compendio de los que era el Imperio Otomano). Se sirven fundamentalmente especialidades de la cocina rumana. Alrededor de 25€/persona con un primero compartido, un plato principal, postre y bebida.

Caru´cu bere (Carro con Cerveza): Strada Stavropoleos 5, 030081 Bucarest. Tf: +40 213137560 (www.carucubere.ro). Un curioso local en pleno casco antiguo que ha sido declarado monumento histórico. Construido y decorado en estilo neogótico a finales del siglo XIX. Se sirven fundamentalmente especialidades de la cocina rumana. Alrededor de 25€/persona con un primero compartido, un plato principal, postre y bebida.

En Brasov:

Restaurante Sergiani: Strada Muresenilor 28, 500030 Brasov. Tf +40 723294923 (www.sergianagrup.ro). Situado en una bonita bodega con las paredes de ladrillo visto. Comida tradicional rumana sabrosa y a buen precio. Alrededor de 20€/persona

Restaurante Festival 39: Strada Republicii 62. Strada Republicii 62, Brasov 500030, Rumania+40 743 339 909. Un lugar muy curioso que merece la pena conocer. Decoración espectacular de la Belle Epoque y música de jazz en vivo. Platos  tradicionales y comida internacional a buen precio. Lo peor el servicio, generalmente malhumorado y lento. Alrededor de 15-20€/persona con un primero compartido, un plato principal, postre y bebida.

Trattoria Dei Frati: Plaza George Enescu 16, 500031 Brasov. Tf: +40 724 216 028. En una callecita junto a la Plaza del Consejo. Un restaurante italiano en un local muy acogedor que no os arrepentiréis de visitar. Alrededor de 15-20€/persona con un primero compartido, un plato de pasta, postre y bebida.

En Sighisoara:

Casa Georgius Krauss: Bastionului 11, 545400 Sighisoara. Tf: +40 744540262 (www.casakrauss.ro). El restaurante ocupa la bodega de una antigua casa transformada en hotel de lujo. Cocina internacional y platos tradicionales. Alrededor de 20€/persona con un primero compartido, un plato principal y postre.

Gasthaus Alte Post: P-Ta Hermann Oberth 38, 545400 Sighisoara. Tf: +40 365430270. (www.gasthaus-altepost.ro). Situado en la plaza principal de la ciudad baja. Tiene dos comedores muy acogedores, uno en el patio y otro en la bodega. Cocina típica de Transilvania. Alrededor de 15-20€/persona con un primero compartido, un plato principal y postre.

Los Sabores de la Cocina Rumana

La cocina rumana tiene un inequívoco origen balcánico pero con fuertes raíces también en sus influyentes vecinos. Turcos y rusos, por un lado, y húngaros e incluso franceses, por otro, han aportado esa mezcla de sabores orientales y occidentales tan peculiar de la cocina del país latino del este.

Algunos de los platos que no deben dejar de probarse en una visita al país son:

  1. Mâmâligâ: Puede considerarse el pan rumano. Una especie de polenta de harina de maíz sin refinar que todavía actualmente se cocina en un recipiente de cobre. Se puede condimentar con mantequilla o queso, con nata, o bien servir de acompañamiento a otros platos.
  2. Ciorbas o Chorbas: Un plato que nunca falta en una mesa rumana. Son sopas agrias que pueden tener diversos ingredientes. Las más comunes son la de verduras, Ciorba de Fasole, y la de albóndigas, Ciorba de Perisoare.
  3. Sârmale: Hojas de repollo o vid en salmuera en las que se enrolla una mezcla de arroz, cebolla y carne picada. Se suelen servir acompañados de Mâmâligâ.
  4. Páprikas: Guiso de pollo cocinado con abundante cebolla y verduras al cual se le añaden una especie de buñuelos hechos con harina y agua que aumentan la consistencia de la salsa y sirven de guarnición. Para terminar se suele añadir una mezcla hecha con harina y crema agria que al incorporarse al guiso del pollo forma una espesa salsa de sorprendente sabor. Se suelen servir acompañados de Mâmâligâ.
  5. Mittei o Mici: Literalmente los “chiquitines”. Son rollitos de carne de oveja, cerdo y ternera condimentados con ajo y una mezcla de especias que se hacen a la brasa como los pinchos morunos.
  6. Tocana cu rosii: Carne de ternera o cerdo cocinada a fuego lento con mucha cebolla, ajo, perejil y el ingrediente que le da nombre y color a la receta, los tomates.
  7. Musaka: Preparada con carne picada, tomate y berenjena a capas y hecha al horno.
  8. Papanasi: Rosquillas rellenas de queso de vaca dulce con mermelada de frutas rojas y azúcar glasé.

Rumanía es famoso por sus quesos, tanto de oveja, como de vaca o búfala. Entre los más conocidos está el Brânzá de Burduf, queso de oveja curado en corteza de abeto; el Urda, queso de oveja dulce y blanco; y el Cascaval, que recuerda incluso en el nombre al caciocaballo italiano.

El licor tradicional del país es la Tuica, un aguardiente de ciruela. Los vinos rumanos están empezando a ser reconocidos internacionalmente. Hay varias regiones vitivinícolas en el país pero los de mayor fama son los correspondientes a los Cárpatos meridionales.

Rumanía ofrece mucho más que los lugares ligados al Conde Drácula y a Vlad Tepes. Hay tres visitas que no debéis perderos en un viaje hasta el país latino del este de Europa. Además, sólo exigen pequeñas desviaciones en la ruta propuesta.

  1. Al otro lado del Paso del Borgo, ya en Moldavia pero apenas a 100 km del Hotel Castel Dracula, se encuentran los Monasterios Pintados de Bucovina. Los monasterios son la mayor sorpresa para un viajero que recorre Rumanía. No existe nada igual en Europa. Las iglesias lucen, tanto en el interior como en el exterior, unas pinturas únicas, fruto de la fusión del arte occidental y oriental. Los relucientes colores  apenas se han deteriorado a pesar del paso de los siglos. El  paisaje que los rodea es capaz de crear una atmósfera de leyenda.  El verde reluciente de los prados contrasta con los bosques de las colinas donde compiten las diferentes tonalidades de hayas y abetos.
  2. En el sur de Transilvania, vigilando otro de los grandes pasos por los Cárpatos, se encuentra Sibiu, la capital cultural y artística de Rumania. El borgo medieval mezcla las características centroeuropeas propias de su fundación sajona con su influencia oriental y con elementos singulares que le dan una peculiar personalidad como las ventanas de las buhardillas que parecen observarte constantemente desde lo alto.
  3. Los sajones construyeron además de sus principales ciudades fortificadas, un sistema defensivo que incluía fortificaciones en torno a las iglesias de los principales pueblos. Las iglesias generalmente estaban construidas en el centro del pueblo, aprovechando muchas veces una elevación del terreno. Los principales ejemplos de estas singulares construcciones han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad. Las de Harman y Prejmen están muy cerca de Brasov mientras las de Viscri y Biertan son fácilmente accesibles desde Sighisoara.

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