Sofía es una de las capitales más desconocidas de Europa. Tenía fama de ciudad gris y aburrida pero en las últimas décadas la “ciudad de la sabiduría” ha resurgido y aunque el turismo es todavía escaso, la capital de Bulgaria resulta interesante, alegre y cosmopolita.

La proclamación del Principado de Bulgaria en 1887 marco el inicio de un nuevo renacimiento para la antigua Serdica. La nueva capital europea necesitaba símbolos. El escudo fue creado para la Exposición Universal de París de 1900. Los artistas búlgaros del momento realizaron unos dibujos un poco pueriles que recogen los principales símbolos de Sofía: el pasado tracio, la iglesia de Hagia Sofía, la montaña Vitosha, al pie de la cual se asienta la ciudad, y el templo de Apolo, en referencia a los abundantes manantiales. Lo más curioso del escudo es el lema que se inventaron, “crecer sin envejecer”. Se supone que es una referencia al gusto por la vida activa y el disfrute pero no deja de ser paradójico que un siglo después Sofía sea una de las ciudades con la población más envejecida de Europa.

Sofía es hoy una ciudad marcada por la arquitectura del resurgimiento, la época dorada del país. La mayoría de los bellos edificios del centro de la ciudad fueron levantados en el periodo comprendido entre la independencia del Imperio Otomano y la I Guerra Mundial. Estas construcciones se encuentran salpicadas de viejas iglesias ortodoxas, mezquitas y una de las más grandes sinagogas de Europa. Y luego está ese ambiente de ciudad de la órbita soviética que aún flota en toda la ciudad. Los barrios periféricos con sus tremendos bloques de viviendas de hormigón, los monumentos grandilocuentes del centro de estética estalinista, pero también los graciosos tranvías amarillos y los trolebuses eléctricos o las pequeñas tiendas situadas en los sótanos de los edificios con minúsculas salidas al exterior, llamadas “klek shops”, que surgieron tras la caída del telón de acero.

Una visita a Sofía no es completa si no incluye el Monasterio de Rila, el símbolo de Bulgaria. El maravilloso monasterio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se encuentra a poco más de 100 km al sur de Sofía, a los pies del sorprendente Parque Nacional de Rila, que incluye las cumbres más altas del país.

Cómo llegar:

El Aeropuerto Internacional de Sofía es la entrada más frecuente del país desde España. Las compañías Iberia, Bulgaria Air, Ryanair y Wizz Air vuelan desde distintas ciudades españolas (Madrid, Barcelona, Alicante, Málaga, Palma de Mallorca, Tenerife y Valencia).

El aeropuerto está bien conectado con la ciudad mediante metro (el billete cuesta menos de un euro) aunque el transporte en taxi es también económico (la compañía de taxis recomendada, OK,  cobra menos de 10 EUR por el traslado a cualquier parte de la ciudad).

Si la idea es viajar algunos días por el país, lo mejor es alquilar un coche en el aeropuerto. Hay que asegurarse en la compañía de alquiler que el coche tiene la pegatina identificativa certificando haber pagado el impuesto de circulación. Si no es así, la viñeta se puede adquirir en las gasolineras (la tarifa para una semana es de alrededor de 8 EUR y para un mes ronda los 15 EUR).

Un Poco de Historia: La Vieja Capital de un Nuevo Reino:

Sofía es una de las ciudades más antiguas de Europa. Fundada por los tracios, la vieja Serdica conservo su nombre e importancia tras ser conquistada primero por Grecia y más tarde por Roma. Fue la capital de la provincia de Tracia durante su pertenencia a Roma. Sin embargo, apenas han llegado hasta nuestros días restos de aquellos tiempos. Los sucesivos saqueos y su despoblación durante la Edad Media acabaron con el prestigio de la orgullosa ciudad.

El actual nombre de Sofía comenzó a utilizarse a finales de la Edad Media. En aquellos tiempos la mayor referencia de la población era la iglesia de Hagia Sofía, Santa Sabiduría. Fue esa iglesia la que proporciono el nuevo nombre a la ciudad que posteriormente fue respetado incluso por los otomanos y los comunistas, lo que no deja de resultar casi increíble.

El 5 de octubre de 1908, aprovechando la crisis que se había desatado en Bosnia, se proclamó en Sofía la independencia del Reino de Bulgaria. El príncipe Fernando I pasó a ser zar y su heredero adoptó el título de Príncipe de Veliko-Tornovo. El nuevo reino vivió sus primeros años obsesionado con la ampliación de sus fronteras, especialmente hacia la actual Macedonia del Norte que se consideraba una provincia más del país. Sin embargo, pese a las primeras victorias en las Guerras Balcánicas, el ganador final de aquel conflicto fue Serbia. Bulgaria no cedió en su empeño por la anexión de la Macedonia del Norte lo que le hizo militar en el bando equivocado en las Guerras Mundiales. Así se acabaron perdiendo todas las esperanzas expansionistas.

Monumento al Ejército Soviético

En 1944 el Ejército Rojo Soviético invadió Bulgaria. Los comunistas se hicieron con el poder y proclamaron la República Popular de Bulgaria. La familia real fue invitada cortésmente a abandonar el país. El zar Simeón de Bulgaria había accedido al trono a los 6 años tras la repentina muerte de su padre, Boris III, después de una entrevista con Adolf Hitler en 1943. En 1946 la familia abandonó Bulgaria y fijó su residencia en Alejandría. En 1951 España ofreció asilo a la Familia Real y Simeón no se lo pensó dos veces. Aquí se caso con Margarita Gómez-Acebo y se incorporó a la alta sociedad madrileña. Lo curioso del caso es que aunque nunca reclamó el trono (no estaba el horno para bollos); se presentó y ganó las elecciones democráticas en 2001. Ejerció de Presidente de la República hasta 2005 siendo el único rey que ha ganado unas elecciones libres. Todo un mérito.

La República Popular de Bulgaria fue siempre un estado muy leal a la Unión Soviética. Las políticas en contra de la minoría turca provocaron el exilio de alrededor de 360.000 personas y supusieron un grave problema para la agricultura. Tal y como se hacía en el país vecino, se impulsó la industria pesada y la colectivización empresarial. El país acabó completamente arruinado.

La llegada de la democracia en 1991 agravó todavía más la situación económica y provocó la emigración masiva de la población. Afortunadamente la estabilidad política ha supuesto una paulatina mejora en la economía, sobre todo después de la incorporación a la Unión Europea en 2007. Sin embargo, el país afronta todavía duros retos. Uno de los principales es el envejecimiento de la población motivado por la emigración y la baja natalidad. El país ha pasado de tener casi 10 millones de habitantes en el año 1991 a poco más de 7 millones en el 2012. Así que no deja de resultar curioso el lema de Sofía, “crecer sin envejecer”.

Qué visitamos en este post

En el siguiente mapa interactivo podrás localizar con exactitud todos los lugares de los que se habla en el artículo. Podéis usarlo para llegar hasta ellos fácilmente y para seguir el itinerario propuesto que incluye los lugares más representativos del centro histórico.

Una fin de semana en Sofia

Sofía y sus alrededores son un destino ideal desde España para pasar un fin de semana largo o como puerta de entrada para un viaje por todo el país. Bulgaria depara grandes sorpresas, fundamentalmente por el desconocimiento que tenemos en el otro extremo de Europa sobre la rica historia del país balcánico. Los contrastes derivados de su cultura ortodoxa y de ser un país de la esfera soviética dan al viaje un cierto exotismo. Y los grandes bosques que se extienden al sur de la capital, cubriendo toda la cordillera balcánica, suponen tener al alcance de la mano una de las más importantes reservas forestales de Europa. ¿Qué más se puede pedir?.

Un Paseo por el Centro Histórico de Sofía

1. Catedral de San Alexander Nevski

El corazón de Sofía y la casi ineludible primera visita en la ciudad es la enorme Catedral de San Alexander Nevski. Fue construida en estilo neobizantino entre 1882 y 1924. El nombre proviene de uno de los dirigentes medievales más venerados en Rusia, el príncipe Aleksandur Nevski de Novgorod que derrotó a los caballeros teutones en 1242. El interior es grandioso y solemne. No hay que perderse el Iconostasio, de mármol, ónice y alabastro, y el Trono del Zar. La cripta alberga un precioso museo, la mejor colección de iconos de Bulgaria.

La Catedral está rodeada de grandes espacios abiertos donde se sitúan pequeños mercadillos de lo más variopinto. Se pueden encontrar allí desde típicos souvenirs y todo tipo de objetos de época soviética hasta antigüedades más o menos valiosas o cuadros de estética dudosa. La zona del ábside es menos bulliciosa y las terrazas de sus cafeterías invitan a un buen desayuno mientras uno no deja de asombrarse con las dimensiones la moderna Catedral.

Casi enfrente de la portada de la Catedral se levanta la iglesia de Sveta Sofía, la nueva versión de aquel templo de Hagia Sofía que dio nombre a la ciudad. La iglesia actual fue levantada en ladrillo a finales del siglo XIX y en su interior quedan restos de las anteriores construcciones que se remontan hasta el siglo IV.

Un poco más abajo se alza uno de los edificios más llamativos de Sofía, la Iglesia de San Nicolás o simplemente la Iglesia Rusa, levantada en 1914 para la comunidad rusa de Sofía e inspirada en la arquitectura eclesiástica moscovita. A estas alturas uno ya empieza a entender que la relación de Bulgaria, y especialmente de Sofía, con Rusia es más que amigable. Son considerados los libertadores de la patria. La estatua ecuestre del zar Alejandro I que corona el Monumento a los Libertadores, situada en el Boulevard Tsar Osvoboditel, un poco más al este de la Iglesia Rusa  es otro buen ejemplo. El corazón de Sofía parece un poema de agradecimiento a Rusia.

2. Los Restos de la República Socialista

Aún hay más. Si seguimos un poco más el Boulevard Tsar Osvoboditel hacia el este nos encontramos enseguida con un parque que acoge a otro gran grupo escultórico de agradecimiento a los vecinos del Este. Se trata del Monumento al Ejército Soviético. Fue inaugurado en 1954 y está considerado como uno de los más hermosos del periodo soviético en los países del Este. Lo cierto es que a pesar de la estética estalinista las esculturas tienen un rostro amable que dan una gran belleza al conjunto. Quizás tras unos años de ocupación las caras de agradecimiento al ejército rojo cambiaron pero eso es otra historia.

Hay que volver sobre nuestros pasos y recorrer de nuevo todo el Boulevard Tsar Osvoboditel en dirección oeste para llegar a los dos edificios más emblemáticos de la arquitectura estalinista en la ciudad. La Casa del Partido fue la sede del Comité Central del Partido Comunista Búlgaro y la Presidencia sigue alojando a las oficinas del presidente búlgaro. Quizás esta plaza es la que mejor representa el cambio experimentado por la capital búlgara. En la época comunista este era un centro gris y atemorizador. Hoy luce mucho mayor colorido y la limpieza de los edificios parece haber suavizado sus líneas. En la entrada de la Presidencia tiene lugar cada hora el relevo ceremonial de la guardia. Los coloridos uniformes de gala de los pobres soldados, protagonistas a su pesar del espectáculo, convierten cada relevo en una auténtica función callejera.

3. Ortodoxos, Musulmanes y Judíos

Detrás del edificio de la Presidencia se encuentra la Rotonda de Sveti Georgi  la iglesia más antigua de Sofía. Construida en ladrillo en el siglo VI, se convirtió luego en mezquita y termino sirviendo de Mausoleo a Alejandro Battenberg, el primer príncipe de la Bulgaria independiente. La cúpula está decorada con un Pantocrátor pintado en el siglo XIV.

Enfrente de la Rotonda, Buyuk Dzhamuya era la Gran Mezquita de la Sofía otomana. En 1892 el templo fue transformado en el Museo Arqueológico. Vale la pena visitar el museo aunque sólo sea por ver la antigua gran sala de oración. En la sala están expuestas esculturas tracias, griegas, romanas y medievales. La joya de la colección son los tesoros de oro tracios, en especial la máscara funeraria de Kran labrada en el siglo V aC. Detrás de la Gran Mezquita están los jardines más antiguos de la ciudad, diseñados durante el periodo otomano. El parque se extiende hasta el Teatro Nacional, un precioso edificio neoclásico construido en 1907 por arquitectos vieneses que es quizás la mejor muestra de la opulencia de Sofía a principios de siglo.

Un poco más al norte nos llamará la atención la Mezquita de de los Baños Centrales o Banya Bashi, el único lugar de culto musulmán en Sofía que conserva su función original. La mezquita fue construida en el siglo XVI por el arquitecto Sinán, el mismo que levantó la mezquita de Solimán en Estambul. El nombre proviene de los baños que siempre hubo al lado de la mezquita. La versión moderna de esos baños es hoy un vistoso edificio coronado por cúpulas de estilo art nouveau que sirve de Museo de Historia de la ciudad.

Enfrente de los Baños se encuentran los otros dos grandes edificios modernistas de Sofía: el Mercado Central y la Sinagoga. La espectacular sinagoga es una de las mayores de Europa, reflejo de la próspera comunidad judía sefardí que vivía en la ciudad. A pesar de la alianza de Bulgaria con la Alemania nazi en la II Guerra Mundial, el propio gobierno, por presión de la población, consiguió impedir la deportación de los judíos. Lamentablemente la mayoría de los judíos emigraron a Israel tras la Guerra y hoy la sinagoga está casi vacía.

El Monte y el Boulevard Vitosha

Exterior de la Iglesia de Boyana

El monumento más valioso de Sofía se encuentra lejos del centro, en las faldas de uno de los símbolos de la ciudad, el monte Vitosha. Hasta allí se acercan los habitantes de la capital para disfrutar de sus parques e incluso, en invierno, de su estación de esquí. Nosotros buscamos la pequeña iglesia de San Nicolás y San Pantaleón, más conocida como la iglesia de Boyana. El austero exterior de ladrillo no da pistas sobre el enorme tesoro que alberga en su interior. Los impresionantes frescos del siglo XIII son la obra maestra del arte medieval de los Balcanes y han sido declarados Patrimonio de la Humanidad. Los frescos fueron pintados por maestros de la Escuela de Veliko. Todos son espectaculares pero los más famosos son el Pantocrátor de la cúpula, las escenas de la vida de San Nicolás en el atrio, los retratos de los donantes (los nobles Kaloyan y su esposa Desislava,  el zar búlgaro Constantino Asen Tij -que gobernó entre 1257 y 1277- y la zarina Irina) y la escena de la Crucifixión.

Las laderas del monte Vitosha están llenas de restaurantes que ofrecen magníficas terrazas para degustar los platos típicos de la cocina búlgara. No hay que pensárselo mucho, este es uno de los mejores lugares para comer y disfrutar de las vistas sobre la vieja capital balcánica.

La ida y vuelta al monte Vitosha hay que hacerla en taxi. El trayecto debiera ser barato (poco más de 5 EUR) pero es común que los taxistas traten de aprovecharse de los turistas; así que se debe negociar el precio previamente para no llevarse sorpresas. Lo mejor es volver a la Plaza Serdika y desde allí emplear lo que queda de tarde en recorrer el Boulevard Vitosha, la gran arteria comercial de la capital, que se extiende hacia el sur hasta el Palacio Nacional de Cultura. El boulevard, transformado en un paseo peatonal, es el mejor lugar para tomar el pulso a la nueva Sofía. Las terrazas están repletas al atardecer, vigiladas siempre desde el sur por el mítico monte que desde la antigüedad se convirtió en uno de los símbolos de la ciudad.

Monasterio de Rila: Símbolo de Bulgaria

Necesitamos un coche para la segunda etapa de nuestra escapada a Sofía. La distancia entre Sofía y el Monasterio de Rila se cubre rápidamente gracias a que la mayor parte del recorrido se hace por la autopista que une Sofía con la ciudad griega de Tesalónica. Al dejar la autopista, la carretera que asciende hasta el Monasterio se adentra en el Parque Nacional de Rila casi imperceptiblemente. El paisaje propio del valle va cambiando a los bosques de hayas, abetos y pinos macedonios propios de la cordillera balcánica. El pequeño valle que acoge al Monasterio está ya en pleno macizo montañoso. Rila deriva de la palabra tracia rula que significa “abundancia de aguas”.  El Monasterio de Rila, fundado por el propio San Juan de Rila, es el símbolo de Bulgaria y el segundo templo sagrado más importante para los ortodoxos después de los del Monte Athos.

Juan de Rila y la Fundación del Monasterio:

Monasterio de Rila: Fresco de San Juan de Rila

Juan de Rila es el santo más venerado de la iglesia ortodoxa búlgara. Resulta curioso saber tanto de la vida y milagros de un personaje que vivió a caballo entre el siglo IX y X. El caso es que en esa época transcurría el periodo de esplendor del Primer Reino Búlgaro, el zar Boris se acababa de convertir al cristianismo y necesitaba mártires y santos para su iglesia.

El chico apuntaba maneras desde pequeño. Había nacido hacia el año 876 en un pueblo al suroeste de Sofía en el seno de una familia relativamente acomodada. De niño era más bien apocado y ya muy religioso, hasta el punto de que los compañeros se reían bastante de él. Quizás por eso pronto decidió renunciar a su herencia y al depravado mundo que le rodeaba y se fue, primero en busca de vida monástica y después de la vida ermitaña, a un lugar alejado del mundanal ruido. No fue muy lejos. El macizo de Rila con sus frondosas y agrestes montañas era un sitio ideal. Allí llevó una vida completamente apartada hasta que empezó a hacer milagros. Primero curó a un pastor de un dolor de espalda. El boca a boca hizo el resto. Llegó incluso a ser visitado por el rey. La gente venía a verle desde todos los lugares de los Balcanes. Con el fin de acoger a los que le visitaban y a quienes querían unírsele, fundó primero una iglesia y después el monasterio donde fue enterrado tras su muerte en el año 946. Claro que siguió haciendo milagros y el monasterio se convirtió en el principal lugar de peregrinación en Bulgaria. Hoy el santo es venerado por todas las iglesias cristianas.

Desde su fundación en el siglo X, Rila fue destruido en muchas ocasiones pero siempre pudo ser reconstruido. La última calamidad fue un voraz incendio que lo redujo completamente a cenizas en 1833. Las aportaciones de búlgaros adinerados hicieron posible la construcción del nuevo monasterio que fue levantado siguiendo el gusto arquitectónico del resurgimiento. La unidad arquitectónica del conjunto, los frescos pintados por artistas búlgaros a mediados del siglo XIX y los tesoros que acumula en su interior le llevaron a ser declarado Patrimonio de la Humanidad.

Los austeros y altos muros que rodean al monasterio no hacen prever la sorpresa que se produce al traspasar la puerta de entrada. El conjunto de arquerías del claustro que rodea a la Iglesia de la Natividad exhiben franjas de colores blanco, negro y rojo y preciosos balcones de madera. En su interior se sitúan las dependencias de los monjes. Algunas de las hasta 600 celdas que llego a tener el monasterio han sido convertidas en un austero hotel. En los museos agrícola y etnográfico se explica la vida en el monasterio, pero la dependencia monástica imprescindible de visitar es el Museo del Tesoro, donde se exponen algunas de las piezas de mayor valor que se han conservado. La joya es la cruz de Rafael, una pequeña cruz de madera con escenas bíblicas en miniatura labrada con agujas enceradas por un monje a finales del siglo XVIII. Dicen que el monje se quedo ciego confeccionando la cruz….

La Iglesia de la Natividad es el mayor templo monástico de Bulgaria. El exterior es un armonioso conjunto de cúpulas y arcos con decoración a juego con las otras dependencias del monasterio. La impresión del conjunto se acreciente al estar rodeado por las inmensas arquerías del Monasterio. Tan sólo, la Torre de Hrelyo, único resto medieval del primitivo monasterio, roba un poco de protagonismo al templo. En el interior no hay que perderse el iconostasio, la tumba del zar Boris y las Reliquias de San Juan. Bueno lo de reliquias es decir mucho porque lo que se conserva allí es sólo la mano izquierda, el resto está distribuido por otras iglesia del país.

Melnik, Vino y Circo. El Pueblo de Espartaco

El viaje entre el Monasterio de Rila y Melnik, situado casi en la frontera con Grecia, se hace cómodamente en coche en poco más de una hora y media. Melnik aparece siempre entre los lugares imprescindibles para visitar en Bulgaria y ello a pesar de su más que reducido tamaño. La ciudad no llega a los 250 habitantes y ostenta el record de ser la más pequeña del país. Pero lo cierto es que no faltan razones para acercarse hasta allí. El pueblo, situado en un estrecho valle, está formado por un conjunto de casas de peculiar estilo, con la planta baja de piedra y la planta alta en saledizo construida en madera. El vino cultivado en sus tierras es uno de los más famosos del país. Y por si fuera poco, la ciudad está rodeada de una formación geológica peculiar, las llamadas Pirámides de Melnik son montañas de arenisca a las que el viento ha dado peculiares formas troncocónicas. Históricamente la localidad es famosa porque aquí nació el célebre Espartaco, el guerrero tracio que se alistó primero en la legión romana, fue vendido como gladiador tras desertar y acabo convertido en el líder de la mayor revuelta de esclavos durante la República de Roma.

El vino ha sido la principal fuente económica de Melnik desde el siglo XIII. Las casas solían tener bodegas, izba, donde se dejaban fermentar las uvas prensadas y se almacenaba el vino en barricas de madera. Todavía se pueden visitar algunas de ellas.

El pueblo se tarda muy poco en recorrer. La calle principal (y casi única) discurre paralela al cauce de un pequeño arrollo. A los lados se disponen las casas tradicionales y las tabernas típicas del país, mehanas. El mejor ejemplo de casa tradicional y de izba de Melnik está al final del valle, la Casa Kordopulova. Enfrente de la gran casa nace un sendero que conduce a los restos de la fortaleza medieval y a la iglesia de San Nicolás, desde donde se obtienen las mejores vistas del pueblo y de las famosas pirámides que lo rodean.

Melnik guarda una sorpresa más: Rhozen. Una minúscula aldea situada a 7 km hasta la que se llega adentrándose en el curioso paisaje de las Pirámides. El pueblo es famoso por albergar uno de los monasterios medievales más antiguos, mejor conservados y menos conocidos de Bulgaria. El Monasterio de Rhozen es uno de los más auténticos ejemplos de los monasterios ortodoxos búlgaros. Los sencillos edificios forman un hexágono irregular con balcones de madera en torno a la iglesia del Nacimiento de la Santa Virgen.

Los frescos que adornan el monasterio fueron pintados principalmente en el siglo XVII. Los más importantes son los del pórtico, que representan la escena de “La Escalera de las Virtudes”. En una capilla junto a la entrada del monasterio, se conserva un icono milagroso de la Virgen María llamado Portaitissa (“la que guarda la puerta”). El icono proviene del Monte Athos y cuando lo trajeron parece que cambiaba de lugar sin que nadie lo tocara y aparecía en la puerta. Entonces se les ocurrió construir una capilla para el icono en la puerta y ahora ya sólo sale cuando le sacan en procesión el 8 de septiembre, día del nacimiento de María, durante la gran fiesta del monasterio.

Dónde dormir:

Bulgaria en general y Sofía en particular permiten planificar unas vacaciones con un presupuesto ajustado. En la capital y el Mar Negro los precios suben bastante con respecto al resto del país pero están muy por debajo del resto de países de Europa.

En los últimos años, al amparo de la entrada en la Unión Europea y del lento crecimiento del turismo, han surgido en Sofía algunos pequeños hoteles con encanto que ocupan antiguos edificios de estética soviética. Son un lugar ideal para alojarse y descubrir las nuevas tendencias en la ciudad. Dos buenas opciones, muy céntricas, son:

5 Vintage Guest House: 49 William Gladstone Street, 1000 Centro, Sofía. Tf: +359 888961606. WEB: www.5vintage.bg. Estética vintage en pleno centro, al lado de la Avenida Vitosha. La pinta gris del edificio no hace prever lo que te encuentras al traspasar la recepción. Se puede utilizar una cocina compartida que hay en cada planta. Alrededor de 35 EUR la habitación doble en temporada alta.

Design Hotel 36: 36 Alexander Stamboliyski blvd, 1000Centro, Sofía. Tf: +359 888550600. WEB: www.hotel36.bg/en. El hotel ocupa un edificio de principios del siglo XX muy cerca de la plaza Serdika. Diseño funcional y elegante. Alrededor de 70 EUR la habitación doble en temporada alta.

Dónde comer:

Sofía es una ciudad con una vida nocturna más intensa de lo que se suele suponer. No es difícil encontrar buenos restaurantes con una de las mejores relaciones calidad-precio de la Unión Europea. Dos restaurantes que merece la pena conocer son:

Made in Home: Angel Kancgev 30A, 1000 Sofía. Tf: 359 876884014. Imprescindible. Muy cerca del extremo sur del boulevard Vitosha. Uno de los restaurantes más bonitos de Sofía. Estética vintage. Comida típica búlgara, con especial atención a los platos vegetarianos. Alrededor de 15 EUR/persona con primer plato compartido, plato principal, postre y bebidas.

Soul Kitchen: Kokiche 13, 1164 Lozenets Sofía. Tf: +359 876440003. www.soulkitchen.bg. El restaurante de moda en Sofía. Está un poco alejado del centro pero merece la pena llegar hasta allí. Preciosa decoración y cuidadas presentaciones de los platos. Comida esencialmente vegetariana con un toque local.  Alrededor de 20 EUR/persona con primer plato compartido, plato principal, postre y bebidas.

En la zona del Monte Vitosha una buena opción es:

Boyansko Hanche: 1 Sborishte Sq, Bojana, Sofía. Tf:+359 28563016. Un restaurante tradicional situado muy cerca de la Iglesia de Boyana. Magnífica terraza. Cocina tradicional búlgara. Alrededor de 15 EUR/persona con un primero compartido, un plato principal, un postre y bebidas.

Excursión: El Parque Nacional de Rila

Sofía es la puerta de entrada más frecuente a Bulgaria desde Europa Occidental. Desde la capital la ruta puede continuar hacia Plovdiv y las Tumbas Tracias o hacia Veliko Tarnovo y Arbanasi. La guinda de un viaje a Bulgaria es siempre una visita a las costas del Mar Negro.

Si se trata sólo de una escapada o los días de viaje son más reducidos, os recomendamos pasar un día en el Parque Nacional de Rila. Esta zona de la Cordillera Balcánica incluye los montes más altos del país, el Monte Musala y el Malyovitsa, ambos de casi 3000 metros, y es uno de los ecosistemas más ricos en biodiversidad de los Balcanes.

Una pequeña excursión, fácil de hacer desde el Monasterio de Rila, es visitar la cueva y ermita de San Juan de Rila que se encuentran unos pocos kilómetros más arriba por la carretera que se adentra en el Parque Nacional. Una pequeña senda que atraviesa un precioso hayedo conduce a los lugares donde el santo inició su vida ermitaña. El paseo de ida y vuelta lleva menos de una hora y puede ser una buena forma de introducirse en el Parque.

Si os gusta más la alta montaña, el paisaje cambia unos kilómetros más arriba, para dejar paso a los abetos y los pinos macedonios. Hay sendas bien señalizadas que conducen a los lugares más pintorescos del Parque entre los que se encuentran los Siete Lagos y el Lago Shtrashnoto, o al ascenso de los Montes Musala y Malyovitsa.

 

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