Patmos es una de las islas griegas imprescindibles. La visita al Monasterio de San Juan, Patrimonio de la Humanidad, justificaría por sí sola el viaje pero, además, Patmos cuenta con los típicos pueblos blancos, bahías inolvidables y una tranquilidad que te transporta a otra época. La historia de la isla ha marcado su desarrollo y así Patmos paso de ser un lugar para desterrados a uno de los más famosos lugares de peregrinaje de la iglesia ortodoxa…y del turismo internacional.

Cómo llegar:
La isla no tiene aeropuerto así que es obligatoria la entrada a través del puerto de la isla. Dodekannisos Seaways es la compañía líder en el transporte de pasajeros por las islas del Dodecaneso. En temporada turística tiene dos frecuencias diarias con el resto de los principales puertos del Dodecaneso. Blue Star Ferries une Patmos dos veces por semana con las cícladas y el puerto del Pireo.
Un poco de historia:
En el año 95 el Emperador Domiciano ordeno una nueva persecución contra los cristianos. En Efeso, una de las ciudades más pobladas del Imperio, Juan “el Evangelista” acababa de ser acusado de hacer proselitismo del cristianismo, una secta religiosa revolucionaria. Había sido cogido in fraganti con unos escritos en los que narraba la vida e ideas fundamentales de Jesús, supuestamente de primera mano. Juan tenía amigos influyentes en Efeso y estos consiguieron que la pena máxima fuera conmutada por el destierro a una isla cercana, la inhóspita Patmos. Este episodio cambiaría la historia de esa pequeña isla.

Juan llego a Patmos en el inicio del verano del año 95. Sólo unos pocos pastores habitaban la casi desértica isla. Él encontró una cueva, a medio camino entre las actuales Skala y Chora, que parecía un buen refugio para albergarle junto a su discípulo Prochoro. En la cueva, en la que maestro y discípulo pasaron dos años, San Juan tuvo una serie de revelaciones que iba dictando a Prochoro hasta completar un libro que decidió llamar del Apocalipsis. El libro, de carácter profético, narra la lucha entre el bien y el mal para acabar describiendo el Juicio Final. San Juan, y se supone que su discípulo, pudieron regresar a Efeso en el año 97. El Emperador Domiciano ya había muerto y las persecuciones de los cristianos habían perdido fuerza. Su libro alcanzó rápida difusión y fue añadido por la Iglesia como último libro del Nuevo Testamento.

Y así quedaron las cosas más o menos para los siguientes mil años. El libro del Apocalipsis se había difundido por Europa y generalmente ocupaba un lugar en las bibliotecas de los grandes monasterios medievales. Fue entonces cuando un monje de un monasterio remoto, cercano al pueblo de Potes, en Cantabria, decidió ilustrar y comentar el libro. El Beato de Liébana, como se conoció al libro del Apocalipsis comentado e ilustrado, alcanzó rápida difusión hasta convertirse en el mayor “bestseller” del Medioevo. El monje cántabro fue un visionario. El libro del Apocalipsis no se lo leía nadie tal y como estaba presentado pero otra cosa era añadirle unos buenos dibujos y comentarlo para que estuviera más claro. Todo el mundo quería tener uno. Pronto tuvo otros monjes imitadores, por lo que a las diferentes versiones se las conocieron con el nombre de Beatos. La tremenda difusión del libro fue la principal razón de que otro beato, conocido como Cristodoulo, con el apoyo del emperador bizantino Alexio I Comnino iniciara en el año 1088 la construcción del Monasterio de San Juan en el lugar que ocupaba un antiguo templo dedicado a la diosa Artemisa. Unos años más tarde comenzaron a construirse casas en los alrededores del Monasterio. Así nació Chora, la capital de la isla. El Monasterio de San Juan fue acumulando riquezas y aunque sufrió algunas reformas permanece esencialmente con la forma dada durante su construcción.

La fama del Monasterio convirtió a la isla situada más al norte del Dodecaneso en uno de los más importantes sitios de peregrinación ortodoxos y siempre ha sido su fundamental fuente de riqueza.

Descubriendo la isla

La mejor forma para explorar la pequeña isla es alquilar una moto en cualquiera de las agencias de Skala. Todos los lugares a visitar están a pocos kilómetros del puerto.

El conjunto de la Cueva de la Revelación, el Monasterio de San Juan y la ciudad de Chora fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Así que por aquí hay que comenzar la visita. Desde el puerto se sube primero a la Cueva de la Revelación para ver el lugar donde vivió el santo, decorado con pinturas murales del siglo XI y hasta con un cuadro del Greco que representa a San Juan con el beato Chritodóulos. Al lado hay un convento, Zoödóchou Pigis, y un Museo Etnográfico, Casa Simantiri, que merecen ser visitados. Desde allí quedan otros dos kilómetros hasta la cima de la colina donde se construyo el Monasterio de San Juan. En realidad, se trata de un conjunto monástico amurallado que alberga en su interior varias capillas con frescos bizantinos medievales y una espléndida biblioteca-museo. Las vistas de la isla desde las terrazas del Monasterio son espectaculares. El pueblo de Chora mantiene la esencia de un pequeño pueblo griego, con ricas casas de comerciantes y una multitud de iglesias (¡más de 50! según los lugareños). Las calles típicas empedradas y las casas decoradas con flores le dan un ambiente muy acogedor. Vale la pena asistir a una ceremonia religiosa en una de las pequeñas iglesias. En el extremo del pueblo unos molinos restaurados representan una de las imágenes más típicas de la isla.

En poco más de media hora se puede bajar a pie desde Chora hasta Skala siguiendo el antiguo sendero que une ambas localidades. La caminata merece la pena por las vistas y la tranquilidad que se disfruta.

El pueblo de Skala es el centro neurálgico de la isla. Allí se encuentra el puerto, único medio de conexión de la isla con el exterior, la parada de autobuses y la única parada oficial de taxis. El ambiente es típicamente griego, con pequeñas iglesias ortodoxas, casas blancas y azules y su bullicioso puerto.

A pesar de que las playas de Patmos son muy conocidas sólo una de ellas es de arena, todas las demás combinan la arena y los guijarros o piedras con una proporción siempre favorable a los segundos. La Playa de Psili Ammos es la más famosa y la única de arena. Está situada al suroeste de la isla y sólo se puede acceder andando, tras un paseo de alrededor de una hora desde Grikos que con la solana no suele ser lo más aconsejable, o en barco. La playa tiene un chiringuito muy agradable situado a la sombra de los tamarindos. De todas formas, todas las bahías de Patmos son muy pintorescas y suelen tener una playita que generalmente ofrece todo tipo de comodidades (tumbonas, chiringuito…). La más espectacular es la Bahía de Grikos que tiene un par de buenas playas protegidas por la pequeña isla de Tragonisi. En el noreste de la isla se encuentran las Bahías de Lampi, cuya playa tiene curiosas piedras de colores, de Kombos y de Vagia. Estas dos últimas son las más concurridas de la isla. En las excursiones a las playas siempre encuentras blancas ermitas ortodoxas perdidas en lugares solitarios y algunas tabernas en el centro de los pequeños pueblos que vale la pena descubrir.

 

En Skala encontrarás los típicos restaurantes de un pueblo eminentemente turístico. Sin embargo, si se quiere una cena griega en un ambiente más auténtico hay que subir a Chora.

En Chora, las recomendaciones son estas dos:

  1. El elegante Patmian House, que ocupa una casa medieval perteneciente a un capitán de navío. Con decoración rústica, ofrece buena cocina griega e internacional.
  2. La Taberna Vangelis, que está en una pequeña plaza en el centro del pueblo. Las típicas mesas con manteles a cuadros ocupan casi toda la plaza. Muy acogedor y te transporta a un ambiente griego muy rural  y entrañable.

Una buena opción, si se quiere simplemente un lugar para dormir cerca del puerto y visitar la isla desde el centro neurálgico de la misma es:

  1. Skala Hotel (http://www.skalahotel.gr) – Tel: +30 2247 031343  Situado en el puerto de Skala, lo que facilita todos los desplazamientos, y con vistas al mar. Es un tres estrellas con solera. Con un jardín delicioso, flores y plantas decoran un ambiente muy refinado aunque sencillo. Habitaciones con vistas al mar. Una doble a partir de 85€. Su ubicación a pocos pasos del puerto lo hace indicado para quien no quiere tomar ningún tipo de medio de transporte desde el ferry.

En Patmos, a imagen de islas con un turismo más desarrollado como Santorini o Mykonos, han proliferado en los últimos años hoteles de lujo con preciosas piscinas con vistas al mar. Si queréis daros el lujo de alojaros en uno de estos hoteles, aquí tenéis dos buenas opciones:

  1. Paradise Hotel (www.patmosparadise.com) Tel:+30 2247 032624 en la Bahía de Kambos. Posiblemente mi favorito por su ubicación y tranquilidad. Preciosas vistas a la bahía, relajante a todas horas, y buen servicio de desayuno. Una doble con desayuno a partir de 70€.
  2. Patmos Aktis Suites (http://www.patmosaktis.gr) – Tel: +30 2247 032800 en la Bahía de Grikos. Este hotel-spa es un mix de arquitectura tradicional y minimalista con excelentes resultados y buena relación calidad precio. La doble, a partir de 65€, en temporada alta algo más cara.

Desde el puerto de Patmos se puede alquilar un barco o simplemente comprar un pasaje para visitar las preciosas playas de la Isla de Arki. El viaje dura menos de una hora y las playas merecen la pena: azul transparente, tabernas solitarias y peces de colores. ¡Que más se puede pedir!.

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