Jaca es una de esas pequeñas ciudades a las que siempre apetece volver. La tranquila capital del Pirineo Aragonés esconde un rico patrimonio, una gran belleza natural y una apasionante historia. En 1077 Sancho Ramírez nombro a Jaca la capital del Reino de Aragón, la doto de fueros y mando construir su catedral. Aunque la capitalidad del Reino le duro sólo 20 años, la ciudad mantuvo su importancia como primera parada en el Camino de Santiago para los peregrinos que entraban por el Puerto de Somport. En tiempos modernos Jaca se ha convertido en capital de los deportes de invierno. Candanchú fue la primera estación de esquí de España y el equipo de hockey sobre hielo de la capital es el más laureado del país. La ciudad continúa empeñada en organizar algún día las Olimpiadas de Invierno.

Un poco de historia: El Nacimiento de un Reino

Jacetanos y Romanos

Iacca fue fundada por el pueblo prerromano de los iacetanos. En el año 195 aC los romanos dirigidos por Marco Poncio Catón conquistaron la villa. Durante la época de pertenencia a Roma fue la ciudad más próspera del Pirineo. Tras las invasiones de los pueblos godos la localidad perdió importancia progresivamente hasta llegar a quedar casi despoblada.

La Marca Hispánica y el Condado de Aragón

Después de la invasión árabe de la península ibérica y el choque de los musulmanes con el Imperio Carolingio, la frontera entre los pueblos musulmanes y los cristianos quedo establecida en el sur de los Pirineos. Allí el Imperio Carolingio con ayuda de la población autóctona creó la llamada Marca Hispánica. La Marca se extendía desde Pamplona a Barcelona y se articulaba en pequeños condados entre los que pronto destacaron los de Pamplona, Aragón, Urgel y Barcelona. Así, a principios del siglo IX, el Condado de Aragón quedo delimitado por el valle del río Aragón y sus principales afluentes, en los actuales valles de Hecho y Ansó.

Escudo de Jaca

En un principio el condado estaba tutelado directamente por los reyes francos pero cuando el territorio ya estaba consolidado, bajo el mando de Aznar Galíndez I, los condes empezaron a mirar más hacia los gobernantes de Pamplona. Finalmente las dinastías acabaron unidas y el condado paso a ser posesión del Reino de Pamplona en el año 970.  La separación llegaría de nuevo 60 años más tarde, cuando a la muerte de Sancho III el Mayor, el reino fue heredado por García Sánchez III de Pamplona pero el condado paso a poder de otro de sus hijos, Ramiro, quién aunque era considerado vasallo de su hermano empezaría a ejercer el gobierno de una forma autónoma.

Durante los más de dos siglos que duro el Condado de Aragón no existía ningún núcleo urbano en el territorio. El centro de poder estaba situado en el Monasterio de San Pedro de Siresa. La antigua calzada romana que unía Zaragoza con Francia pasaba por el Valle de Hecho  y eso facilitaba la influencia del Monasterio. Las incursiones de Almanzor de finales del siglo X acabaron con la construcción prerrománica y parece que con la ruta del Valle de Hecho como puerta de entrada desde Francia a Aragón. El Monasterio actual se refundó a finales del siglo XI, dependiendo ya de la diócesis de Jaca.

Ramiro I se anexionó los condados de Sobrarbe y Ribagorza tras la muerte de su hermano Gonzalo e inició la conquista del valle del Cinca con la colaboración del conde de Urgell. Durante su gobierno estableció en Jaca una residencia regia con lo que inició la repoblación de la ciudad. Ramiro murió en 1064 durante el asedio de Graus. Le sucedió su hijo, Sancho Ramírez, ya definitivamente como rey de un territorio, Aragón, cuyas fronteras se dedicó a consolidar a costa de las taifas musulmanas. En el año 1076 moría sin descendencia el rey de Navarra, Sancho Garcés IV. Sancho Ramírez fue proclamado Rey de Navarra. Así pues, la dinastía que había nacido como vasalla de Navarra se quedaba con las dos coronas. No obstante, el rey sabía que debía terminar la consolidación del Reino de Aragón y para ello necesitaba una capital. En el año 1077 promulgó el Fuero de Jaca, otorgando a la población rango de ciudad y convirtiéndola en la capital del Reino y en sede episcopal. Sancho Ramírez continuo la expansión del Reino de Aragón hacia el valle del Ebro y murió en el sitio de Huesca. Le sucedió su hijo, Pedro I, quién completaría la conquista de Huesca en el año 1096, que pasaría a ser la nueva capital del Reino.

Las medidas tomadas por Sancho Ramírez supusieron la rápida repoblación de Jaca y a pesar de perder su condición de capital del Reino de Aragón continuo su desarrollo como importante ciudad-mercado. Tras la consolidación de los reinos cristianos en la península comenzaba la afluencia masiva de los peregrinos por el Camino de Santiago. Jaca representaba el final de la primera etapa según el Codex Calixtinus y este hecho marco el desarrollo de la ciudad.

El Camino de Santiago y el Nacimiento del Románico

Uno de los focos del nacimiento del románico fue, sin duda, el Camino de Santiago. En la Jacetania se construyeron algunos de los primeros edificios románicos como la propia Catedral de Jaca, las iglesias de Santa Cruz de la Serós y el Monasterio de San Juan de la Peña.  La planta de la Catedral de Jaca,  con tres ábsides que coronan sendas naves separadas con alternancia de soportes y que conducen a la cúpula del crucero, es la que rápidamente se difundió en León y Castilla. En la escultura románica, las influencias del Maestro de Jaca, el Maestro del Sarcófago de Doña Sancha y el Maestro de San Juan de la Peña llegaron a todos los reinos cristianos de la península. Un buen ejemplo de la influencia de la comarca en el arte románico es el taqueado o ajedrezado jaqués. un tipo de ornamentación utilizado en frisos y arquivoltas de puertas y ventanas, originario de los edificios románicos de la Jacetania y que se extendió después por todo el Camino de Santiago.

museo-diocesano-de-jacaEn el arte románico aragonés se creía que la pintura no había sido importante pero a lo largo de los años 60, gracias a la tenacidad de párroco de Navardún, Jesús Aurizenea, salieron a la luz una gran cantidad de pinturas murales en el Pirineo Aragones. Las pinturas fueron restauradas y constituyen la gran colección del Museo Diocesano de Jaca.

Las Guerras con Francia y la Ciudadela

La ciudad sufrió una gran crisis a finales de la Edad Media motivada fundamentalmente por las pestes y los incendios. En el siglo XVI el carácter fronterizo de la localidad en el largo conflicto con Francia fue el principal motivo de su resurrección económica. El Ayuntamiento de la ciudad, construido como un típico edificio plateresco aragonés, data de esta época. A finales del siglo XVI el rey Felipe II ordeno construir la fortaleza pentagonal según planos del  ingeniero italiano Tiburcio Spanochhi.  La fortaleza fue conocida primero como Castillo de San Pedro y actualmente como Ciudadela. La peste en el siglo XVII supuso nuevamente una gran crisis.  En la Guerra de Sucesión Jaca se puso del lado de los Borbones resistiendo el sitio al que fue sometida en 1707 por el Archiduque Carlos. Tras la guerra, Felipe V concedió honores a la ciudad y añadió la flor de lis a su escudo.

El Resurgir de la Cuidad en el siglo XX

En las primeras décadas del siglo XX la mejora de las comunicaciones con la construcción del ferrocarril de Canfranc y la carretera a Francia significó un nuevo gran impulso para Jaca. Los edificios modernistas son el mejor exponente del impulso económico que supusieron las primeras décadas del siglo. En diciembre de 1930 la ciudad fue protagonista de un pronunciamiento militar contra la dictadura del general Berenguer durante el reinado de Alfonso XIII conocido como la “Sublevación de Jaca”. Desde su Ayuntamiento se proclamo la II República. La sublevación fracaso y los cabecillas fueron fusilados pero los efectos del pronunciamiento se hicieron sentir cuatro meses después en la proclamación definitiva de la II República. Los ajusticiados fueron considerados “mártires de la República”.

A finales de los años 20 el Club de Montañeros de Aragón y el Club de Esquí de Tolosa impulsaron la creación de la Estación de Esquí de Candanchú, la más antigua de España. La estación tomó el nombre del castillo medieval de “Camp d´Aljub” o “Candalxú” situado un poco más al sur. La primera competición se celebro en 1930 y el primer remonte mecánico se inauguro en 1945. En 1975 la apertura de la Estación de Esquí de Astún dio el impulso definitivo a la cabecera del Valle del Río Aragón como una de los principales destinos de esquí en España. La vocación de Jaca por los deportes de invierno llevo en 1972 a la inauguración del primer Pabellón de Hielo, creándose también el Club de Hielo de Jaca. Luego vinieron las fracasadas candidaturas olímpicas, la construcción de un segundo Palacio de Hielo en 2007, probablemente el mejor dotado de todo el país, y el Centro de Alto Rendimiento para Deportes de Invierno en 2010. Jaca se ha convertido así en las últimas décadas en una de las capitales de los deportes de invierno.

Una lectura para el viaje:

“Volver a Canfranc“. Rosario Raro. Editorial Planeta 2015. 504 pags

La corta historia de la monumental Estación Internacional de Ferrocarril de Canfranc no ha impedido que fuera protagonista de grandes acontecimientos. Sin duda, el más importante fue el papel jugado durante la Segunda Guerra Mundial como escenario de una heroica historia de apoyo a la huida de perseguidos por el régimen nazi.

Durante los años del Gobierno de Vichy en la Estación Internacional ondeó junto a la bandera española la cruz gamada. El ejército alemán controlaba la salida de viajeros por la frontera. Sin embargo, con la ayuda del jefe de aduanas francés que trabajaba para la resistencia y de muchos ciudadanos anónimos del pueblo se consiguió que más de 1500 judíos pudieran burlar a los alemanes y entrar en España camino principalmente del puerto de Lisboa.

Rosario Raro recrea estos acontecimientos en su novela “Volver a Canfranc”. Una historia de intriga que tiene como telón de fondo la estación y las montañas del Pirineo Aragonés pero que, además, nos permite acercarnos  a personas de carne y hueso que se jugaron la vida por tratar de ayudar a los fugitivos que huían de la barbarie. El éxito de la novela ha llevado al desarrollo de visitas guiadas por los escenarios en que transcurre la obra. Recientemente una productora se ha hecho con los derechos para llevar la obra al cine.

Qué visitamos en este post

En el siguiente mapa interactivo podrás localizar con exactitud todos los lugares de los que se habla en el artículo. Podéis usarlo par llegar hasta ellos fácilmente.

Un paseo por Jaca 

El río Aragón es el origen de la depresión orográfica conocida como la Canal de Berdún. El valle discurre perpendicular a los Pirineos entre Jaca y Yesa e impresiona encontrártelo cuando se llega desde el sur de Aragón. Tras pasar los puertos el amplio valle contrasta con las altas cumbres del Pirineo. En el extremo aragonés de la canal se sitúa Jaca, justo cuando el río hace una curva de 90 grados saliendo del Valle de Canfranc, al pie de la Peña Oroel.  La ciudad, ubicada en un pequeño altozano, debe su desarrollo a su posición geográfica, bien comunicada con Navarra y Francia.

Jaca sorprende no sólo por la belleza del paisaje que le rodea o por su riqueza monumental sino porque siempre tiene un gran ambiente con muchas caras diferentes. En invierno los esquiadores llenan las calles abarrotando bares y restaurantes tras pasar el día en las estaciones cercanas. En primavera y otoño la naturaleza es la protagonista, los cambios de colores transforman radicalmente el paisaje e invitan a pasear por los alrededores. En verano las calles vuelven a llenarse con turistas y montañeros. El Festival Folklórico de los Pirineos, celebrado los años impares, marca el cenit del turismo en la primera semana de agosto.

Al llegar a Jaca uno se da de bruces con la Ciudadela, su monumento más emblemático. La fantástica conservación de la fortaleza la convierte, junto a las de Lieja y El Callao, en uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar de los siglos XVI y XVII. Curiosamente la fortaleza no participo en grandes conflictos y en la única batalla importante en la que fue protagonista, al final de la guerra de la Independencia, los franceses eran los defensores y los españoles los atacantes. La Ciudadela alberga en su interior el Museo de Miniaturas Militares, un paseo por la historia de las grandes batallas representado con ayuda de 23 dioramas realizados con soldados de plomo, desde Egipto hasta la Segunda Guerra Mundial. Vale la pena dar un paseo alrededor del foso y muros de la Ciudadela para darse cuenta de la magnífica obra de ingeniería que representa. La pequeña elevación sobre la que se asienta facilitaba las funciones defensivas de la fortaleza, el resto lo hacía el amplio foso y sus robustos muros. Desde detrás de la fortaleza el recorrido puede prolongarse por el Paseo de la Cantera, el mejor mirador sobre el valle del río Aragón. Un poco hacia el norte puede verse el Puente de San Miguel. El gran puente actual probablemente fue construido en el siglo XV y permitía la comunicación de Jaca con Navarra, siendo paso obligado para los peregrinos del Camino de Santiago.

El casco viejo de la ciudad se sitúa enfrente de la Ciudadela. La Catedral es uno de los templos más importantes del primer románico español. El exterior de la iglesia ha sufrido muchos cambios con el paso de los siglos y las partes originales románicas  prácticamente han quedado reducidas a uno de los ábsides y a las dos portadas. Sin embargo, en el ábside meridional se encuentran todos los elementos característicos del románico jaqués y tanto el crismón de la puerta principal como los capiteles de las dos portadas muestran la maestría de los escultores que trabajaron en su construcción. Al entrar en la iglesia lo primero que sorprende es su gran amplitud. Al estar el edificio rodeado en muchas de sus partes por otras construcciones es difícil sospechar sus verdaderas dimensiones. En el interior lo más interesante es la decoración escultórica de los capiteles y la bóveda del crucero, la primera construida elevada en el románico español.

El claustro y las otras dependencias de la catedral están ocupadas por el Museo Diocesano de Jaca, una de las más bellas colecciones de pintura mural románica en el mundo. El Museo fue inaugurado en 1970 con los fondos procedentes de los hallazgos de la década anterior en muchas iglesias del Primeo Aragonés. Recientemente ha sido renovado y hoy la visita es inexcusable para cualquiera que quiera conocer la ciudad. La joya de la colección es la sala Bagués que expone, en una sala con las mismas dimensiones que la iglesia original, el conjunto más grande de España de frescos románicos.

La calle del Obispo conduce a la Calle Mayor, la arteria principal de la ciudad, animada en todas las épocas del año. El Ayuntamiento, un típico edificio plateresco aragonés, fue construido en el siglo XVI. Justo al lado nace la calle de Ramón y Cajal que lleva a otro de los edificios más característicos del casco histórico, la Torre del Reloj. El palacio gótico, construido en el siglo XV, se conoce también popularmente como la cárcel porque tuvo este uso durante varios siglos. Alrededor de la contigua Plaza de la Cadena está una de las zonas de mayor ambiente.

De vuelta a la Calle Mayor y a la Carretera de Francia hay que fijarse en los abundantes edificios modernistas, fruto del impulso económico que tuvo la ciudad en el inicio del siglo XX. A estas alturas cualquiera habrá descubierto ya otra constante en la ciudad. Resulta difícil no haberse topado con algún militar. Y es que Jaca alberga varias instalaciones militares ligadas a Unidades de Montaña del ejército. Entre las unidades se incluye la Escuela Militar de Montaña y de Operaciones Especiales, otra de las razones que explican el ambiente de la ciudad en cualquier época del año.

Si se tiene tiempo conviene acercarse a visitar el Fuerte de Rapitán, una fortaleza construida en el siglo XIX sobre el monte que protege la ciudad por el norte. Desde allí las vistas de la ciudad y el valle, con la Peña Oroel como telón de fondo, son inolvidables.

Santa Cruz de la Serós y San Juan de la Peña 

Santa Cruz de la Serós es uno de esos lugares donde parece haberse detenido el tiempo. Un puñado de casas de piedra con ventanas de madera y las típicas chimeneas troncocónicas. Entre las casas dos joyas del románico: la iglesia de Santa María y la ermita de San Caprasio. El nombre del pueblo proviene del Monasterio fundado aquí por Ramiro I de Aragón en el año 1060 para las hijas de la alta nobleza y de las que sus hijas Urraca y Sancha fueron las primeras abadesas. De hecho, el apellido de la Serós proviene de Sorores, o Serores en aragonés,  denominación de las monjas benedictinas.

El traslado de las monjas a Jaca en el siglo XVI supuso el abandono del Monasterio. Sólo la enorme Iglesia de Santa María ha llegado hasta nuestros días como uno de los mejores ejemplos de románico aragonés del siglo XII. Vale la pena fijarse en las portadas, los capiteles y la impresionante torre. Muy cerca del antiguo Monasterio, la Iglesia de San Caprasio, construida probablemente en los siglos X ó XI, tiene los rasgos típicos del románico lombardo.

Una senda bien señalizada que nace en el pueblo y se interna en el bosque que rodea Santa Cruz conduce en poco más de hora y media al Monasterio de San Juan de la Peña. La otra opción es subir en coche aunque en este caso hay que subir hasta el Monasterio Nuevo y desde ahí bajar en un pequeño tren turístico hasta el Monasterio.

El Monasterio de San Juan de la Peña fue el más importante de Aragón durante toda la Edad Media. La fundación del Monasterio se atribuye al rey de Navarra Sancho el Mayor pero su impulsor definitivo fue el rey de Aragón Sancho Ramírez. El lugar siempre ha estado ligado a los mitos de la fundación del Reino; de aquí partieron las tropas para reconquistar las tierras de Jaca y Aínsa.  Fue el primer Panteón de los reyes de Aragón y entre sus muros se guardo durante siglos el Santo Grial que supuestamente San Lorenzo había traído hasta Huesca. La ubicación, en un abrigo de la Sierra de la Peña, le da un aspecto totalmente singular.

El claustro es la zona más impresionante del Monasterio. El espacio, protegido por la enorme peña, tiene una disposición singular. Los capiteles representan distintos pasajes bíblicos y conmueven por su gran realismo.

El Valle Alto del Río Aragón 

Los poco más de 30 kilómetros que separan el Puerto de Somport de Jaca constituyen la primera etapa del llamado Camino Francés en España.

La cabecera del valle, a ambos lados del Puerto de Somport, está ocupada por dos de las más famosas estaciones de esquí del Pirineo: Candanchú y Astún.  La estación más antigua de España tomo el nombre del castillo medieval de “Camp d´Aljub” o “Candalxú” situado un poco más al sur. La primera competición se celebro en 1930 y el primer remonte mecánico se inauguro en 1945. Astún fue inaugurada a finales de los años 70 convirtiendo el valle en uno de los más frecuentados por los esquiadores en el Pirineo.

El lugar más emblemático del estrecho valle es la Estación Internacional de Ferrocarril de Canfranc. El proyecto de unir por ferrocarril ambos lados del Pirineo fue gestándose desde mediados del siglo XIX. Sin embargo, la anhelada línea de ferrocarril no comenzó a funcionar hasta el 18 de julio de 1928. Ese día el Presidente de la República Francesa y el Rey de España inauguraron la enorme estación y realizaron el viaje inaugural. La estación y la línea de ferrocarril vivieron sus mejores años hasta el estallido de la Guerra Civil. En la II Guerra Mundial jugó un papel importante en la salida de huidos del régimen nazi. Tras la guerra, la estación y la línea de ferrocarril fueron languideciendo lentamente hasta que en 1970 la caída de un puente en el lado francés del Pirineo puso punto y final a los trenes internacionales. Hoy sólo llegan a Canfranc trenes de cercanías procedentes de Huesca pero existe un gran proyecto de rehabilitación que pretende dotar de contenido al gran edificio de la estación y volver a comunicar por tren ambos lados del Pirineo.

El valle, muy castigado por la edificación de numerosas urbanizaciones y por el ser el más utilizado para las comunicaciones entre Francia y España, esconde dos iglesias que son verdaderos tesoros del llamado románico lombardo. Santa María de Iguacel, edificado en el siglo XI, está situada en el fondo del hoy deshabitado valle de la Garcipollera. El lugar, de difícil acceso salvo en verano, es realmente mágico. La pequeña ermita se encuentra ubicada en una pradera, rodeada de un frondoso bosque. En el interior se conservan en su ábside frescos del siglo XV. La Ermita de San Adrián de Sásabe en Borau está rodeada de leyendas. Ubicada también en un lugar apartado, fue construido como Monasterio en el siglo X y llego a ser sede del obispado de Aragón antes de edificarse la Catedral de Jaca. Al parecer entre sus muros estuvo el Santo Grial antes de ser trasladado al Monasterio de San Juan de la Peña. Hoy sólo queda la iglesia de una sola nave que muestra la austera arquitectura del arte románico con un preciosa portada jaquesa.

Jaca es hoy un centro importante de deportes de invierno y un lugar de merecida reputación para el veraneo, así que la infraestructura turística que se ha desarrollado  abarca todo tipo de establecimientos. La oferta es amplia pero si buscáis un hotel con encanto mis recomendaciones serían:

Hotel Barosse: Estiras 4, 22712 Barós, Jaca. Tf: 974360582 (www.barosse.com). Barós es una pequeña aldea situada a poco más de 2 kilómetros al sur de Jaca, en las faldas de Peña Oroel. Basta esa pequeña distancia para sentirte en un lugar distinto, en medio de la naturaleza. El hotel, decorado con atención al más mínimo detalle, dispone sólo de 5 habitaciones, cada una con una personalidad diferente. Eso sí, no admiten niños. Habitación doble con desayuno desde 120 EUR en temporada alta.

Hostelería Santa Cruz: Ordana, 2, 22792 Santa Cruz de la Serós, Huesca. Tf: 974361975  (www.santacruzdelaseros.com). Un sencillo hotel que asegura tranquilidad y unas vistas espectaculares. Al asomarte a la ventana te das de bruces con el Monasterio y como telón de fondo el frondoso bosque de la Peña de Francia. Un lugar ideal para descubrir toda la Jacetania. Habitación doble con desayuno desde 65 EUR en temporada alta.

En el Valle del Río Aragón un buen punto de partida para las excursiones de montaña en verano y para esquiar en cualquiera de las dos estaciones es:

Hotel Santa Cristina: Carretera a Francia N-330a km 669, Canfranc Estación, Huesca. Tf: 974373300 (www.santacristina.es). La antigua Aduana del Cuerpo de Carabineros construida a finales del siglo XIX fue transformada en hotel en 1991. Su nombre proviene del cercano Monasterio homónimo que servía de refugio para los peregrinos del Camino de Santiago y del que sólo quedan ruinas. El hotel, recientemente restaurado, ofrece además de su magnífica ubicación, habitaciones muy confortables y un pequeño spa para relajarse tras un día en la montaña. Habitación doble con desayuno desde 85 EUR en temporada alta.

Uno de los mayores placeres de Jaca es hacer una ruta de tapas bien como aperitivo o bien para cenar.  Y hablando de tapas, el lugar más reconocido de Jaca es:

La Tasca de Ana: Ramiro I, 3, 22700 Jaca. Tf: 974 36 36 21 (www.latascadeana.com). Ambiente rústico para las mejores y más variadas tapas de la ciudad. Sólo hay un problema, el lugar es muy pequeño y está casi siempre abarrotado. En cualquier caso, uno no se puede ir de Jaca sin haber probado las tapas de esta Tasca.

Bar Restaurante La Campanilla: Calle Mayor Nº42-44, 22700 Jaca. Tf: 974361448. Una de las estrellas del tapeo jaqués son las espectaculares patatas gratinadas de La Campanilla. Todas las rutas de tapeo pasan este bar situado en la calle Mayor.

Bar Restaurante Equiza: Av. del Primer Viernes de Mayo, 3, 22700 Jaca. Tf: 974361895. Las gambas rebozadas o con besamel de este bar son otro de los clásicos de Jaca.

Si preferís una cena más tranquila, dos restaurantes muy recomendables son:

Restaurante Biarritz: Av. del Primer Viernes de Mayo, 12, 22700 Jaca. Tf: 974361632 (www.restaurantebiarritz.com). Uno de los clásicos de la ciudad. Situado enfrente de la Ciudadela y generalmente abarrotado. Especializado en carnes a la brasa. Sus menús, de entre 15 y 20 EUR, tienen una excelente relación calidad-precio.

Restaurante Cobarcho: Calle Ramiro I, 2, 22700 Jaca. Tf: 974363643 (www.restaurantecobarcho.com). Ambiente rústico en una recreación de una cueva pintada. Cocina típica aragonesa. Especializado en carnes y asados. El cordero está de chuparse los dedos. Menús entre 15 y 22 EUR con magnífica relación calidad-precio.

El Valle del Aragón ofrece preciosas excursiones de montaña. Uno de los paseos más sencillos es el de la cabecera del valle que, además, permite aprovecharse de los recursos de la Estación de Esquí de Astún para acortar la marcha de aproximación.

Ibones de Astún y de Ayous

La excursión comienza en la Estación de Esquí de Astún. Hay que coger el Telesilla las Truchas que nos ahorrará la hora de subida hasta el Ibón de Truchas, el primero de los lagos a recorrer y el lugar de nacimiento del río Aragón. La subida en el telesilla cuesta (sólo ida) 5 EUR.

Desde el Ibón de Truchas hay que seguir el sendero que sale a la izquierda y que lleva en poco menos de 20 minutos hasta el Ibón de Escalar, el otro de los grandes lagos del valle de Astún. El recorrido depara unas preciosas vistas del Puerto de Somport y de la cabecera del río Aragón.

El siguiente objetivo es el Collado de los Monjes. Hay que bordear por la derecha el Ibón de Escalar y seguir el sendero hasta el puerto que se alcanza en alrededor de 15 mn. El puerto, situado a 2.168 metros, marca la frontera con Francia y en el fondo se alza majestuosa la gran mole del Midi d’Ossau. Desde el Collado de los Monjes se puede ver el primero de los Lagos de Ayous, el pequeño Lac Castereau. Estamos ya en pleno Parque Nacional de los Pirineos.

Siguiendo el sendero, bien señalizado, alcanzaremos el Lac Bersau, a 2.080 metros, en alrededor de una hora desde el Collado de los Monjes. El gran lago es el lugar más espectacular de la excursión. Situado al pie del Midi d’Ossau, en un típico paisaje agreste de alta montaña, rodeado de verdes prados pero sin un sólo árbol en los alrededores. Las aguas cristalinas reflejan las grandes cumbres que rodean el más grande de los Lagos de Ayous. Este es el sitio ideal para reponer fuerzas y, si el día lo permite y sois sufrientemente atrevidos, refrescarse un poco en las gélidas aguas del lago.

Todavía quedaría llegar al también espectacular Lac Gentau, situado un poco más abajo, siguiendo el pequeño río que sale del Lac Bersau. Junto al Lac Gentau se alza el Refugio de Ayous, regentado por la Federación Francesa de Alta Montaña, al que podéis acudir si se os ha olvidado llevar la comida.

La vuelta se hace por el mismo camino hasta el Ibón de Escalar. Desde el Ibón de Escalar un camino desciende rápidamente a la Estación de Esquí de Astún sin necesidad de volver al Ibón de Truchas.

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