La visita a uno de los campos de concentración que protagonizaron el Holocausto permite abrir los ojos para descubrir hasta dónde puede llegar el salvajismo del hombre. Los recintos, las alambradas, las torretas de vigilancia, las casamatas, las horcas, las cámaras de gas y los hornos crematorios de este campo de concentración y exterminio, que fue el más vasto de los creados por el Tercer Reich, dan fe de las condiciones en que se perpetró el genocidio nazi. En Auschwitz fueron asesinadas más de un millón cien mil personas, la gran mayoría judíos.

El término Holocausto fue comenzado a utilizar por los historiadores judíos en los años cincuenta para referirse al genocidio nazi. Proviene de la palabra griega holokaustos (holo=todo, kasustos=quemado) un vocablo de uso bíblico que traducía una palabra hebrea referida a un sacrificio consumado por el fuego. En hebreo Shoa, שואה, significa catástrofe.

Auschwitz es en realidad el primer campo de concentración construido por los nazis de lo que llego a ser un gran complejo con varios campos. Auschwitz I se convirtió en el prototipo de los campos de concentración nazis y en el centro administrativo de todo el complejo. Auschwitz II-Birkenau, diseñado un par de años después, fue concebido ya como un campo de exterminio, un lugar perfectamente preparado para los asesinatos en masa. Auschwitz III-Buna-Monowitz y otros campos satélites, conocidos como campos de trabajo, fueron construidos para facilitar mano de obra esclava en las fábricas circundantes.

Cómo llegar:

La localidad de Oswiecin (el nombre polaco originario de Auschwitz) está a algo menos de 70 kilómetros al oeste de Cracovia. Lo mejor para ir hasta allí es alquilar un coche y aprovechar el viaje para ver las famosas Minas de Sal de Wieliczka. En el trayecto directo desde Cracovia se invierte alrededor de una hora y cuarto. Si se opta por ir primero a las minas (situadas a algo más de 15 minutos en coche al sureste de la ciudad) el recorrido es sólo un poco más largo. Podéis utilizar el mapa adjunto al post para no perderos en el trayecto hasta Auschwitz (las señales de tráfico sólo indican Oswiecin y una vez allí no hay muchos carteles indicativos que señalen la entrada del campo de concentración).

Si no queréis alquilar un coche podéis optar por el autobús (salen de la estación central de autobuses cada 20 mn y el viaje cuesta poco más de 3 EUR) o por el tren (salen de la estación central de trenes cada hora y el billete vale unos 6 EUR). El tren es bastante más rápido, en 30 minutos se llega a Oswiecin, pero a cambio la estación está un poco lejos de la entrada al campo de concentración y tendréis que andar alrededor de 20 minutos. Otra posibilidad es unirse a una excursión organizada que se ofrecen en todos los hoteles y agencias de viaje de Cracovia. Eso sí, esta última posibilidad es la más cara, entre 40 y 60 EUR por persona.

Un poco de historia:: La Solución Final y La Construcción de Auschwitz

La solución final es el nombre dado por los propios nazis a su plan para llevar a cabo el genocidio sistemático de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, no está clara la fecha exacta en que se tomo la decisión de aniquilar a los judíos. El genocidio es, en realidad, la culminación de la política nazi que había ido desarrollándose desde muchos años atrás.

Los orígenes del antisemitismo

La hostilidad hacia los judíos no era nueva en Europa. Empezó a gestarse durante los siglos IV y V dC, cuando el cristianismo había llegado a ser la religión oficial del Imperio Romano, pero alcanzó su apogeo en la Edad Media. Los reinos ibéricos medievales fueron un buen exponente de ese rechazo que se manifestó con frecuentes revueltas y acabo con la expulsión de los judíos en 1492. Sin embargo, el término antisemitismo no nace hasta finales del siglo XIX en Alemania en un intento de descalificar la raza semítica (los pueblos que hablaban lenguas semíticas como el hebreo, arameo o árabe) como inferior a la raza aria o indoeuropea. La distinción era importante porque frente a las corrientes de siglos anteriores, antijudías, los antisemitas rechazaban a los judíos aún cuando estos se convirtieran al cristianismo. Es decir, la hostilidad no era sólo contra un grupo religioso sino contra toda la raza. La eclosión de los nacionalismos coincide en el tiempo, no por casualidad, con el desarrollo del antisemitismo. Los judíos eran un pueblo apátrida, ajenos al concepto de nación y, por tanto, potenciales enemigos de los nacionalistas.

En Alemania el antisemitismo creció rápidamente, especialmente tras la derrota en la I Guerra Mundial y el posterior desastre económico. La idea de que los judíos eran responsables de la catástrofe militar y económica del país arraigo profundamente en la sociedad alemana. Hitler convirtió el antisemitismo en una parte esencial de sus principios políticos. Cuando publicó en 1925 Mi lucha (Mein Kampf), donde exponía las principales ideas del nacionalsocialismo, la creencia en una raza aria superior y la necesidad de expulsión de los judíos aparecían ya como ideas fundamentales para desarrollar su política.

Las Leyes Raciales de Nuremberg

Una vez que los nazis llegaron al poder en 1933 empezó a desarrollarse la legislación antisemita que culminó con la publicación de las Leyes Raciales de Nuremberg en 1935. En ellas se negaba la ciudadanía a los judíos alemanes, se les prohibían las relaciones con alemanes no judíos y se restringían sus derechos fundamentales. Los judíos no nacidos en Alemania (fundamentalmente de origen polaco) fueron obligados a abandonar el país.

La Noche de los Cristales Rotos, del 9 al 10 noviembre de 1938, supuso el punto de inflexión en las políticas antisemitas. Hasta entonces se había optado por medidas legislativas que facilitaran el éxodo masivo de los judíos. Esa noche, con el pretexto del asesinato de un diplomático alemán por un judío en Francia, el partido nazi organizó en todo el país linchamientos contra los ciudadanos judíos y sus propiedades. Se quemaron cientos de sinagogas, se destrozaron miles de negocios regentados por los judíos (los cristales destrozados de las tiendas en las calles dieron nombre a la brutal represión) y hubo decenas de miles de agresiones. Alrededor de un centenar de judíos fueron asesinados y más de 30.000 fueron deportados a los recién creados campos de concentración. Daba así comienzo una segunda fase en el desarrollo de la política antisemita de los nazis: la deportación y el asesinato masivo.

Los Campos de Concentración

Los nazis construyeron su primer campo de concentración en Dachau en 1933 para recluir fundamentalmente a prisioneros políticos. El diseño del campo corrió a cargo de Theodor Eicke y el modelo se aplicaría a todos los campos de concentración creados por el Tercer Reich. Los judíos detenidos en la Noche de los Cristales Rotos llegaron masivamente a este campo.

El termino campo de concentración fue acuñado para describir los campos construidos por el Reino Unido durante las Guerras de los Bóeres en Sudáfrica para recluir a la población civil. Los campos fueron denunciados por sus condiciones de insalubridad, el maltrato y el trabajo forzado. Desde entonces se define como campo de concentración a un centro de confinamiento donde se encierra a personas (población civil, no militares) por su pertenencia a un colectivo genérico y no por sus actos individuales sin juicio previo ni garantías judiciales.

En 1939 el Tercer Reich decidía la invasión de Polonia que marcaba el inicio de la II Guerra Mundial. La cuestión judía tomaba otra dimensión. En Alemania los judíos representaban escasamente el 1% de la población (en 1933 había poco más de medio millón de judíos para una población total de alrededor de 67 millones). Polonia, sin embargo, era el país con mayor población judía de Europa. En el momento de la invasión había alrededor de 3 millones de judíos lo que significaba aproximadamente un 10% de la población total de Polonia. La primera decisión que se tomo fue identificar y deportar a la población judía a lugares específicos de confinamiento conocidos como guetos.

La Solución Final. El Exterminio Sistemático de la Población Judía

En este contexto era necesario contar con nuevos campos de concentración en los territorios ocupados para deportar allí a la población judía. Había que alojar a la inmensa cantidad de presos que se acumulaban en los alrededores de las ciudades. Auschwitz fue el lugar elegido para crear el primero de estos campos en Polonia. La elección del emplazamiento no fue casual. La zona estaba muy industrializada y gozaba de buenas comunicaciones por ferrocarril. El lugar se situaba más o menos en el centro de los territorios que preveían ocupar los nazis, muy cerca de las mayores concentraciones de población judía de Europa. Eligieron unas instalaciones de un antiguo cuartel del ejército polaco y las acondicionaron en pocos meses. En la primavera de 1940 llegaron los primeros presos al campo. El comandante de la SS Rudolf Höss, que había dirigido hasta entonces el campo de Dachau, fue el designado para estar al mando de las instalaciones. Estaba claro que Auschwitz no iba a ser un campo de concentración más sino el más importante de toda Europa Oriental.

La invasión de la Unión Soviética en 1941 supuso ya el comienzo de operaciones sistemáticas contra comunidades enteras de judíos. Se empleaban equipos móviles, camiones de gas, para perpetrar asesinatos en masa. De todas formas, esta solución era considerada poco eficiente y psicológicamente costosa para los equipos de la SS encargados de llevar a cabo los asesinatos.

Auschwitz I enseguida se reveló como demasiado pequeño para la población reclusa que había que admitir. En 1941 se inició la construcción, a unos 3 km del primer campo, de Auschwitz II-Birkenau que debía tener una capacidad para más de 100.000 presos. El nuevo campo se doto de sistemas más sofisticados para la aniquilación rápida y masiva, las cámaras de gas. El objetivo principal del campo no era ya la reclusión de los prisioneros y su utilización como fuerza laboral sino su exterminio.

El 20 de enero de 1942 se convocó la Conferencia de Wannsee, en el distrito homónimo de Berlín, para exponer la decisión de exterminar a todos los judíos residentes en la los territorios bajo administración del Tercer Reich. El método decidido para realizarlo era la utilización de campos de exterminio con cámaras de gas. En la reunión se estableció la organización de las operaciones. La Conferencia supuso el inicio oficial de la última etapa en la escalada del antisemitismo, el exterminio sistemático de la población judía.

En la primavera de 1942 se había completado ya la construcción de las cuatro grandes cámaras de gas y crematorios en Auschwitz II-Birkenau y comenzaron a llegar los primeros contingentes de presos que eran conducidos directamente a las cámaras de gas. A partir de 1943 el campo funcionaba ya a pleno rendimiento. La mayoría del más de un millón de asesinatos perpetrados en Auschwitz tuvo lugar en las cámaras de gas de este campo.

A partir de 1942 se crearon numerosos campos satélites de Auschwitz destinados a servir principalmente como campos de trabajo forzado. El más famoso de estos fue Auschwitz III–Monowitz, asociado a la empresa IG Farben que producía combustibles líquidos y goma sintética. A estos campos eran enviados los presos en condiciones de trabajar y cuando ya no estaban en condiciones de seguir trabajando (la supervivencia media en el campo era de pocos meses) eran conducidos a las cámaras de gas de Auschwitz II – Birkenau.

En conjunto, más de tres millones de personas fueron asesinadas en los campos de concentración y exterminio de la Alemania nazi. Auschwitz fue, con mucho, el responsable del mayor número de esos asesinatos. Más de un millón cien mil personas murieron en el mayor símbolo del horror del genocidio judío.

Una lectura para el viaje:

“El hombre en busca de sentido“. Viktor E Frankl. Herder Editorial 2010. 190 pags

Viktor Frankl pasó la mayor parte de la II Guerra Mundial en los campos de concentración nazi, especialmente en Auschwitz. Aunque ya era un prestigioso psiquiatra cuando fue hecho prisionero por su condición de judío, fue en estos campos de concentración donde sentó las bases de la logoterapia. Las duras condiciones de los campos de concentración no sólo marcaron su vida sino todas sus teorías sobre la psicología del ser humano.

En la primera parte del libro Frankl describe algunas de sus experiencias en los campos de concentración. La fuerza del relato reside en ser el testimonio de uno de los pocos prisioneros que logro salvarse pero también en el tamiz creado por su visión de los acontecimientos como psicólogo. De ahí, que la segunda parte del libro, una breve explicación de la logoterapia, sea realmente una consecuencia de la descripción de sus traumáticas experiencias y, sobre todo, de la respuesta del hombre a esas experiencias.

Frankl, discípulo de Freud, observa que más importante que la “voluntad de deseo” descrita por el propio Freud y la “voluntad de poder” descrita por Adler, es la “voluntad de sentido”. El hombre tiende a dotar de un sentido a sus actos, a sus experiencias. Incluso en los momentos más difíciles, en las experiencias más traumáticas, se puede encontrar un sentido. La búsqueda de ese sentido es esencial para la existencia y, a veces, a esa búsqueda puede ayudar un psicoterapeuta. La propuesta de Frankl es profundamente humanista. A pesar de sus experiencias parte de una concepción sumamente optimista del hombre, de su capacidad de superación. Por eso, lo importante no es buscar el sentido de la vida en general sino el sentido de nuestra vida en cada momento.

Visita a Auschwitz-Birkenau

El 27 de enero de 1945 las tropas soviéticas entraron en Auschwitz y liberaron a los pocos presos que aún quedaban en el campo, la mayoría de los cuales estaba a las puertas de la muerte. El mundo empezaba a conocer uno de los mayores símbolos del horror. Tras el fin de la guerra, el parlamento polaco declaró que los restos que quedaban debían ser “preservados para siempre como un memorial al martirio de la nación polaca y otros pueblos”. El día de la liberación del campo quedo fijado como Día Internacional de la Memoria de las Víctimas del Holocausto.

La visita a los dos principales campos del complejo sólo puede hacerse por libre a primera hora de la mañana. El resto del tiempo son los guías del Museo Memorial de Auschwitz los encargados de dirigir el recorrido por los diferentes barracones.

En Auschwitz I se conserva prácticamente toda la infraestructura del campo (la mayoría de los campos de concentración fueron destruidos por las tropas alemanas en su retirada, en un intento de borrar las huellas de lo que había sucedido allí). La entrada está presidida por el cartel con la irónica frase “El trabajo os hará libres”. Una vez traspasada la impactante barrera de alambradas, la visita a los bloques de reclusión de presos permite hacerse una idea de las infernales condiciones de vida a las que fueron sometidos. La esperanza de vida era de unos pocos meses. .

La gran mayoría de los presos fueron judíos pero hubo también gitanos, homosexuales, disidentes políticos o simplemente personas calificadas como enemigos del régimen. La visita no es fácil porque la escalada en las muestras del horror es exponencial. Las literas de tres pisos que se muestran en los primeros bloques podrían parecer hasta cómodas si no fuera porque cada una de ellas servía para 6 a 8 presos. En las diferentes salas se muestran en vitrinas miles de botas, sombreros, gafas, cacharros, aparatos ortopédicos… Las distintas pertenencias que les eran arrebatadas a los presos eran cuidadosamente clasificadas y utilizadas para ser recicladas y abastecer al ejército alemán. La exposición del pelo acumulado tras rapar a las presas y que era utilizado para la confección de mantas resulta perversa. Pero el sadismo llega a su apogeo cuando se visita el bloque 10, dedicado eufemísticamente a la enfermería y donde hacía sus experimentos Josef Mengele, y al bloque 11, donde eran aplicadas las torturas a los presos y donde se probó por primera vez el asesinato con Zyclon B.

La opresiva atmósfera del campo es a estas alturas de la visita asfixiante. Cuando se comprenden las condiciones de vida, se entiende como se anulaban las voluntades, resultando fácil encontrar traidores y hacer de ellos sátrapas (la mayoría de los vigilantes en el campo eran conocidos como Kapos y reclutados entre los prisioneros) para crear un ambiente de terror. Y todavía queda por ver la cámara de gas, pequeña con respecto a las que se crearon en los años sucesivos, pero una de las pocas que no fueron destruidas en su huída por las SS.

La llegada de prisioneros a Auschwitz era constante y aunque el primer campo llego a albergar 20.000 presos, pronto se reveló insuficiente. Auschwitz II–Birkenau fue diseñado para recluir a 100.000 prisioneros y se doto de sistemas más sofisticados para la aniquilación rápida y masiva.

Los tres kilómetros y medio que separan Auschwitz y Birkenau se pueden recorrer en coche particular o en un autobús del complejo. Birkenau recibe a los visitantes con la imagen de las vías del tren de entrada al campo y los andenes en que eran seleccionados los presos entre aptos para el trabajo (una minoría) y el resto, que eran conducidos directamente a las cámaras de gas. A pleno rendimiento las cámaras de gas del complejo podían acabar con la vida de decenas de miles de personas por día. Los hornos crematorios no daban abasto para quemar los restos.

Los 250 barracones ocupaban una enorme extensión y aquí muchos de ellos fueron construidos en su mayor parte de madera haciendo tremendamente más duras las condiciones de supervivencia. Los restos de las cámaras de gas dinamitados antes de huir por las SS todavía permiten apreciar la dimensión de esas máquinas concebidas para asesinar al mayor número de personas posible. Al final del campo, entre dos de las cámaras de gas destruidas, se alza el Monumento a las Víctimas del Holocausto con un texto escrito sobre piedras en los 20 principales idiomas hablados por las víctimas entre los que se incluye el sefardí.

Resulta difícil terminar el recorrido por los campos de Auschwitz y Birkenau sin sentir un profundo malestar. ¿Para qué conocer este horror?. Las palabras del escritor italiano y judío sefardí Primo Levi, quien fue uno de los pocos supervivientes del campo, quizás pueden dar el sentido completo a nuestra visita: “En este lugar, donde nosotros los inocentes fuimos asesinados, se ha tocado fondo en cuanto a la barbarie. Visitante, observa los vestigios de este campo y medita: vengas del país que vengas, tú no eres un extraño. Haz que tu viaje no haya sido en vano, que no haya sido en vano nuestra muerte. Sirvan de advertencia, para ti y para tus hijos, las cenizas de Auschwitz: haz que del fruto horrendo del odio, cuyas huellas has podido ver aquí, no broten de nuevo semillas, ni mañana, ni nunca”.

La oferta hotelera en Oswiecin es muy escasa y, por otra parte, no hay mucho que ver allí aparte de los campos de concentración. Lo mejor es quedarse en Cracovia y organizar el viaje desde allí.

La mayoría de los apartamentos y hoteles de Cracovia se ubican en el barrio de Kazimierz. El ambiente del barrio y su cercanía a la ciudad vieja lo han convertido en el lugar ideal para quedarse. Se pueden encontrar apartamentos por menos de 50 EUR/día. Entre la gran oferta existente mi recomendación es:

Aparthotel Miodowa: ul. Miodowa 51, 31036 Kraków; Tf: +48 124467130 (www.aparthotelmiodowa.pl). Ubicado al final de la calle Miodowa, una de las centrales del barrio, muy cerca de un antiguo cementerio judío. Habitaciones funcionales, muy amplias y confortables, con una pequeña cocina. Alrededor de 70 EUR la habitación doble con desayuno en temporada alta.

Si se busca un hotel con encanto en el barrio una buena opción es:

Hotel Pugetow: Starowislna 15a, 31038 Kraków. Tf +48 124324950 (www.donimirski.com/en/hotel-pugetow-page-73678). Una pequeña casa decimonónica en una zona muy tranquila del barrio, a un paso del centro histórico. Decoración elegante con todas las equipaciones de un hotel de lujo. Alrededor de 125 EUR la habitación doble con desayuno en temporada alta.

Si preferís quedaros en la ciudad vieja, hay un aparthotel recientemente inaugurado situado a medio camino entre la plaza del mercado y el Colegius Maius que merece la pena:

Aparthotel Stare Miasto: Ul. Gołębia 2, 31007 Kraków. Tf: +48 124275794 (www.ahsm-krakow.com). Grandes habitaciones de ladrillo visto, con decoración moderna, una pequeña cocina y todo lujo de detalles. Alrededor de 100 EUR el apartamento para dos personas sin desayuno en temporada alta.

Oswiecin no tiene una infraestructura turística desarrollada a pesar de que los Campos de Concentración y Exterminio de Auschwitz reciben cada año dos millones de visitantes. Sin embargo, lo normal es que necesitemos hacer una comida antes o después de nuestra visita.

Un lugar muy socorrido por su proximidad al estar situado en el aparcamiento delante de la entrada de Auschwitz I es:

Art Deco: Leszczynskiej 12 Street, 32600, Oswiecim. Un lugar bastante frío, ubicado dentro de una nave comercial, que, sin embargo, prepara buenos platos de cocina rápida. Alrededor de 10 EUR una comida con plato principal, postre y bebida.

Si preferís retiraros un poco del lugar podéis optar por dos buenos restaurantes con muy buena relación calidad-precio que sirven especialidades de la cocina polaca o platos de la cocina italiana respectivamente:

Chata Na Zaborskiej: ul. Zaborska 40, Oswiecim 32600. Tf: +48 334000182 (www.chatanazaborskiej.pl). Un restaurante muy acogedor situado a escasos 3 kilómetros de la entrada a Auschwitz I. Ideal para probar las suculentas recetas de la cocina polaca. Alrededor de 15-20 EUR una comida con plato principal, postre y bebida.

Portobello Ristaurante: ul. Wladyslawa Jagielly 27, Oswiecim 32600. Tf: +48 880433005 (www.portobello-ristorante.pl). Una hermosa mansión con una fantástica terraza y una estupenda decoración. Alrededor de 15 EUR una comida con plato principal, postre y bebida.

El viaje desde Cracovia a los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau se puede combinar con la visita a las Minas de Sal de Wielizcka. Lo mejor es visitar las minas de sal por la mañana y después dirigirse hacia Oswiecin. La verdad es que después de conocer los campos de concentración no quedan muchas ganas de ir a ver otros sitios.

Minas de sal de Wielizcka

Las minas de sal más antiguas del mundo han sido explotadas sin interrupción desde el siglo XIII y el negocio generado por su actividad llego a suponer el 30% de los ingresos del reino en tiempos del rey Casimiro el Grande. Ubicadas 14 kilómetros al sureste de Cracovia, son uno de los grandes atractivos turísticos de la región. La actual red de galerías se extiende por más de 300 kilómetros llegando a una profundidad de 327 metros. Las minas han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad.

La ruta turística de visita a las minas comienza en el Pozo Danilowicza, descendiendo 800 peldaños para bajar a 135 metros de profundidad. Allí se inicia un recorrido de alrededor de tres kilómetros y medio a través de largos túneles, lagos subterráneos, imponentes construcciones de madera y 22 cámaras que contienen exposiciones y objetos relacionados con la producción de sal de la mina. La sala más impresionante es la denominada Capilla de Santa Kinga, un enorme espacio de 54 metros de largo, 18 metros de ancho y 12 metros de altura. La única iglesia subterránea de Europa está totalmente decorada con esculturas y bajorrelieves de sal entre los que destaca el altar, las enormes lámparas de candelabros y la escultura del Papa Juan Pablo II.

Mapa de Auschwitz-Birkenau

En el siguiente mapa interactivo podrás localizar la situación de los restos de los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau y la ruta desde Cracovia.

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